No es la primera vez. De vez en cuando se repite en distintos aspectos de mi vida. Algunos dirán que es casualidad, mera estadística; otros pensarán en la confluencia de astros que nos marcan las pautas de nuestro acontecer o cualquier otra superchería. Lo cierto es que aun no he conseguido dejar de sorprenderme: en periodos de tiempo muy cortos me suceden una serie de hechos tan infrecuentes y poco probables que no puedo evitar contemplarlos con algo de incredulidad y admiración.
Esta semana he vivido uno de esos episodios.
De sobra es conocido que el éxito de una bitacora no sólo reside en que los contenidos sean interesantes para los lectores sino también en un trabajo de actualización que los mantenga atentos al mismo.
El objetivo de esta en la que te encuentras, amable lector, nunca fue ese. Surgió como respuesta a la demanda de tener reunidas las fragmentadas historias que colgaba durante días, a modo de diversión, en el foro. Más adelante descubrí su utilidad para enlazar las fotos que tenía y que permitían ilustrar algunos post. De ahí a colgar fotos relacionadas con los fogones fue un continuo. Nunca he pretendido ser un escritor o un cocinero pero es cierto que me satisface el realizar un plato que sea del agrado de mis comensales y disfruto durante su elaboración y con el resultado final. Escribir me resulta más complejo, doloroso en ocasiones, alejado de mis circunstancias actuales, donde únicamente busco un refugio en momentos de tedio o de pasión (perturbación o afecto desordenado del ánimo) para satisfacerlos con ripios, sátiras, o historias que sé como empiezan y raramente discurro como terminan hasta que llego al final. Con eso me basta. Si además algún lector pasa un rato entretenido mejor que mejor.
Como decía y habréis visto, en esta semana decidí remozar un poco la cara al blog añadiéndole alguna cosa que creo me puede ser de utilidad -ya veremos-. En el ínterin descubro las bitácoras de mis amigos a las que sin dudar me enlazo y desde aquí invito a todos a visitar. Merecen la pena porque son tan interesantes y tan distintas que enriqueceran vuestras vidas sin lugar a duda. Por otra parte, hoy mismo, he recibido el segundo comentario a un post en el blog: ¡Anonimo se interesa por la receta de las perrunillas! No te preocupes, en cuanto saque el rato la cuelgo, igual que la del pan: por fin conseguí lo que buscaba.
Por otro lado, y en honor de mi único seguidor, os dejo el inicio de otra historia en la que trabajé hasta los atentados de Bombay -resulta que uno de los protagonistas venía a estudiar a España a consecuencia de los atentados que sufrieron en aquella ciudad años atrás-. La verdad es que me dio un no sé qué, nunca he sido agorero pero fue mucha casualidad que se produjeran apenas una semana después de haberlos escrito, así que de momento duerme en un archivo.
Espero que os guste.
*****
Se me va la vista.
Primero hacia la derecha; luego hacia la izquierda.
Lo noto con los ojos cerrados. La oscuridad se desplaza lentamente de un lado para otro pero no gira.
Tampoco sube.
Ni baja.
La presión en la nuca avanza hasta la frente donde el hueso la retiene como una prensa que atenaza el cráneo apretándolo y deshaciéndose en una nieve de chispas estrelladas, que se depositan dolorosamente en el fondo de los ojos.
Noto la garganta seca y la lengua pastosa. Reconozco la ronquera de mi voz sin necesidad de decir media palabra. El fuego en la boca del estómago no me sorprende: es mi compañero, el recordatorio diario de que aun sigo vivo, el molesto inquilino que prefiero ignorar.
Las rodillas apenas me responden. Un dolor lacerante que parte de ellas me adormece los pies cuando intento moverme. Los brazos parecen estar mejor: sólo los nudillos quieren salir por las palmas de las manos como maíz inflado apunto de estallar. La columna parece íntegra, el dolor en la espalda y en el cuello es llevadero.
He tenido suerte, sigo vivo.
¡Es un milagro!
¡Sobrevivir a una caída así!
Aunque no sé si es una buena noticia: la teoría de Halley ha resultado ser cierta. Ahora debo estar en…
La Tierra hueca
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