No podía estar más equivocado. La segunda parte fue todo un derroche de energía y buen hacer.
Comenzaron románticos: Amparados por un silencio casi religioso ejecutaron el “No more walks in the wood” con perfección absoluta, siguieron el “Waiting in the wheels”, “No more cloudy days” y la balada de Timothy B. Schmit “Love will keep alive” que presentó atentamente diciendo que era un muestra de su amor hacia España.
“Take it to the limit” dio paso – a estas alturas puedo estar totalmente equivocado en el orden – a “Long road out Eden”, “Somebody”, “Walk away” y “One of these nights” para llegar al “momento Joe Walsh”.
Es verdad que si la banda tiene un espíritu jovial y divertido es el que da éste virtuoso de la guitarra pero a mí, francamente, es la parte que menos me llega. Su rock que, por las casi delirantes imágenes de la pantalla, podría acercarse a la psicodelia, con pinceladas que nos llevan a pensar en las costas soleadas de California y en jóvenes surferos, rompe de cierta forma el tono de la banda, pero a cambio le da una frescura diferente: es el momento de la diversión, de la juerga a la que complacido se apunta Glenn.
“Les presento la canción del siglo. Espero que les divierta tanto como nos entretiene a nosotros”, proclama en inglés Joe, luciendo una gorra con una cámara incorporada para presentar “Life’s been good”, a la que sigue una rotunda crítica a la prensa amarillo-rosada “Dirty laundry” y “Funk 49” con maravillosos solos de guitarra, de esos que ya no se escuchan.
Más adelante Glenn Frey presentó a los músicos que los acompañaban, empezando por el ya mencionado Stuart Smith, la sección de vientos, dispuestos sus cuatro integrantes en formación a la derecha del escenario y al fondo, la percusión y los teclados. Todos ellos magníficos.
Presentó a Joe Walsh mientras este corría por el escenario, como en un intento de esconderse, y luego a Timothy B. Schmit que, cuando los aplausos se lo permitieron, tomó la palabra para disculparse en español de tener que usar el inglés para presentar a un artista, un músico que toca la guitarra, el piano y no recuerdo cuantas cosas más, “the master”... Glenn Frey. Cuando el público le dejó, Glenn tuvo el honor de presentarnos a “un músico, creador de grandes canciones, a su amigo Don Henley”. El público se volcó en vítores y aclamaciones mientras saludaba.
Tuve la sensación, tal vez por la postura o la expresión de su cara, o tal vez porque el resto de la banda se mostraba más cercana, de un cierto distanciamiento, como un estar por encima de todos ustedes y tal vez de todo. En fin, son ideas raras que a veces me asaltan y que las más de las veces se explican con mi imaginación y algún malestar físico del protagonista.
Sensación que olvidé inmediatamente porque si el interés decreció algo fue para volver a aumentar hasta el máximo con los acordes de “Heartache tonight” y “Life in the fast line”.
No sin antes hacer un bis: la emblemática “Take it easy” y “Desperado”, con la que Don Henley demostró cuan equivocado estaba con mi apreciación inicial, fueron el remate de un insuperable concierto de tres horas.
En fin, allí se congregó una muchedumbre de doce mil personas totalmente entregadas dispuestas a decirles: tocadme lo que queráis porque soy vuestra.
Posdata:
¿Alguien escuchó "Rocky mountain way"?
