24 julio 2009

Los Eagles en Madrid (III)

Largos se hicieron los quince o veinte minutos de descanso, aunque pensé que para la edad de los protagonistas tal vez eran pocos, alguno debía estar más cerca de la séptima decena que de la sexta.

No podía estar más equivocado. La segunda parte fue todo un derroche de energía y buen hacer.

Comenzaron románticos: Amparados por un silencio casi religioso ejecutaron el “No more walks in the wood” con perfección absoluta, siguieron el “Waiting in the wheels”, “No more cloudy days” y la balada de Timothy B. Schmit “Love will keep alive” que presentó atentamente diciendo que era un muestra de su amor hacia España.

“Take it to the limit” dio paso – a estas alturas puedo estar totalmente equivocado en el orden – a “Long road out Eden”, “Somebody”, “Walk away” y “One of these nights” para llegar al “momento Joe Walsh”.

Es verdad que si la banda tiene un espíritu jovial y divertido es el que da éste virtuoso de la guitarra pero a mí, francamente, es la parte que menos me llega. Su rock que, por las casi delirantes imágenes de la pantalla, podría acercarse a la psicodelia, con pinceladas que nos llevan a pensar en las costas soleadas de California y en jóvenes surferos, rompe de cierta forma el tono de la banda, pero a cambio le da una frescura diferente: es el momento de la diversión, de la juerga a la que complacido se apunta Glenn.

“Les presento la canción del siglo. Espero que les divierta tanto como nos entretiene a nosotros”, proclama en inglés Joe, luciendo una gorra con una cámara incorporada para presentar “Life’s been good”, a la que sigue una rotunda crítica a la prensa amarillo-rosada “Dirty laundry” y “Funk 49” con maravillosos solos de guitarra, de esos que ya no se escuchan.

Más adelante Glenn Frey presentó a los músicos que los acompañaban, empezando por el ya mencionado Stuart Smith, la sección de vientos, dispuestos sus cuatro integrantes en formación a la derecha del escenario y al fondo, la percusión y los teclados. Todos ellos magníficos.

Presentó a Joe Walsh mientras este corría por el escenario, como en un intento de esconderse, y luego a Timothy B. Schmit que, cuando los aplausos se lo permitieron, tomó la palabra para disculparse en español de tener que usar el inglés para presentar a un artista, un músico que toca la guitarra, el piano y no recuerdo cuantas cosas más, “the master”... Glenn Frey. Cuando el público le dejó, Glenn tuvo el honor de presentarnos a “un músico, creador de grandes canciones, a su amigo Don Henley”. El público se volcó en vítores y aclamaciones mientras saludaba.

Tuve la sensación, tal vez por la postura o la expresión de su cara, o tal vez porque el resto de la banda se mostraba más cercana, de un cierto distanciamiento, como un estar por encima de todos ustedes y tal vez de todo. En fin, son ideas raras que a veces me asaltan y que las más de las veces se explican con mi imaginación y algún malestar físico del protagonista.

Sensación que olvidé inmediatamente porque si el interés decreció algo fue para volver a aumentar hasta el máximo con los acordes de “Heartache tonight” y “Life in the fast line”.


Y todo lo bueno se acaba.

No sin antes hacer un bis: la emblemática “Take it easy” y “Desperado”, con la que Don Henley demostró cuan equivocado estaba con mi apreciación inicial, fueron el remate de un insuperable concierto de tres horas.
En mi memoria quedará el recuerdo de los movimientos de manos en perfecta sincronización mientras ejecutaban los acordes, los innumerables cambios de guitarra –en especial las de Joe Walsh – , la armonía de voces, el sonido inmejorable y la calidad de la puesta en escena, o los detalles – que quizás puedan parecer tontos – como el gesto de Timothy de volverse, cuando ya se iban, para lanzar las púas al público.

En fin, allí se congregó una muchedumbre de doce mil personas totalmente entregadas dispuestas a decirles: tocadme lo que queráis porque soy vuestra.

Posdata:
Sorprendente, por no decir lamentable, ha sido el tratamiento de la prensa al evento porque, aunque no soy asiduo a los telediarios, la única noticia existente en el día posterior fue la actuación de Madonna. Será porque además de cantar casi enseña el potorro en el escenario.
En la prensa digital he encontrado poco y repetido. Y lo más patético: o yo estuve en otro concierto o el profesional de algún medio debería dedicarse a otra cosa y sino contéstenme:

¿Alguien escuchó "Rocky mountain way"?

23 julio 2009

Los Eagles en Madrid (II)

Y allí estaban. Con los elegantes trajes negros que han marcado la promoción de su último disco “Long road out eden” Timothy B. Schmit al bajo, con su irrenunciable melena,


Don Henley y Glenn Frey con un corte de pelo casi militar – ¡quién los vio y quién los ve! –


y Joe Walsh que mantenía el pelo largo y un aspecto engañosamente formal.


La quinta guitarra, algo más separada en el extremo derecho, no la portaba Don Felder pero el desconocido tuvo una actuación soberbia. No fue hasta que presentaron al grupo que me enteré de su nombre: Stuart Smith.


Otra canción del último trabajo y una más para dar paso a un preludio de trompeta que avisaba del emblemático tema coreado por todo el palacio: “Hotel California”.


Mientras el público se deshacía entre vítores y aplausos no pude evitar preguntarme si Don Henley conseguiría llegar al final del espectáculo y las condiciones en las que estaría al día siguiente.

Noté –posiblemente fuera el único – que en ocasiones se le quebraba la voz con un punto de afonía, pero debió ser una saliva inoportuna porque el resto del concierto estuvo espléndido.

Si algo ha caracterizado siempre a los Eagles es tanto su maestría a la hora de tocar los instrumentos como la prodigiosa armonización de voces que les permite dejar al espectador maravillado con sus temas “a capella”.

No recuerdo en qué momento Glenn Frey hizo el esfuerzo, siempre de agradecer, de dirigirse en español para dar las gracias y decir que les hemos tratado muy bien y que somos muy simpáticos...


Me ha venido a la cabeza porque poco después – creo que tras otra canción – sonó el “I can’t tell you why” de Timothy B. Schmit que fue el que durante el concierto más y mejor se esforzó chapurreando en español frases amables y encantadoras. También me pareció tierno que Glenn Frey nos explicara que “Peacefully easy feeling” era country rock, antes de que Don Henley nos deleitara con “Witchy woman”.

Cierto que ya no recuerdo el orden de las canciones pero probablemente continuaron con sus “Ojos mentirosos”, otro clásico, “Los chicos del verano”, “In the city” en la que Joe Walsh se lució con lo que me pareció un nuevo arreglo del final, y después Don Henley, en inglés, nos dijo que tocarían una canción más antes de retirarse a descansar pero que luego volverían para tocar durante mucho, mucho tiempo... “The long run”.

Había pasado una hora sin darnos cuenta y la sensación era estupenda. Habían acreditado que todavía son una de las grandes bandas, unos profesionales excepcionales que consiguieron hacer sonar la mayoría de los temas en directo tan bien - sino mejor - como en las grabaciones, no en vano Glenn comentó que alguno de los temas los compusieron en el 72...

22 julio 2009

Los Eagles en Madrid.

Mucho tiempo hemos tenido que esperar para disfrutar de su presencia. Es la segunda vez que tocan en España. La primera lo hicieron en Barcelona en el 2006 y, parece ser, la calidad del sonido en aquella ocasión dejó mucho que desear.

Es emocionante vivir un momento único sabiendo que es la primera vez que vienen a tu ciudad y, muy probablemente, la última. El tiempo no perdona. Esta idea me asaltó inmediatamente mientras subía las gradas del Palacio de Deportes y observaba que la media de edad era incluso superior a la mía.

Llegué pronto, con la impericia del neófito, extrañado por la poca publicidad que se le ha dado al evento y preocupado por las condiciones físicas de estos veteranos en su penúltima etapa de esta gira europea - sino estoy mal informado hoy termina en Lisboa - ; en el último concierto de Jerry Lee al que asistí - ¡cuánto ha llovido desde entonces! – la mascarilla de oxígeno no fue suficiente y se lo tuvieron que llevar en ambulancia según informaron después. Pero ahora iba a ver en directo la banda que consiguió que ahorrara lo suficiente como para comprar mi primer disco y no había lugar para pensamientos funestos, que se desvanecieron al cruzarme con una pareja de abueletes cuyas camisetas lucían la fantástica carátula de ”One of this nights”.

Una amable señorita me acompañó hasta mi asiento, a la izquierda del escenario, desde donde se dominaba perfectamente y con una visibilidad mucho mejor de lo que la calidad de mi cámara ha reflejado. Además de la gran pantalla central, el escenario disponía de otra en cada lado, quedando la izquierda a una distancia ideal para disfrutar de los primeros planos que dos cámaras fijas, además de otras tantas móviles, nos ofrecían. La derecha quedaba parcialmente tapada por los focos que pendían sobre el escenario y el patio.

Reconozco que me sentí un tanto defraudado al ver que no había tanta gente como la que esperaba, pero la valla que separa al público del escenario ya tenía suficiente gente como para disponerse en, al menos, una docena de filas poco compactas; todo un bullicio que comía sándwichs y bebía cervezas de las que surtían no sólo los ambigús distribuidos por los pisos y en el patio, sino también unos jóvenes que me recordaron a barquilleros ultramodernos con sus banderolas terminadas en una lucecita. Era pronto. Tenía constancia de que se habían vendido muchos más asientos y no dudaba que se terminaría llenando.

La espera fue amena, la gente que poco a poco iba ocupando sus asientos, la música variada de fondo, los operarios dando los últimos retoques en un escenario apagado, la hora que se aproxima, la gente entrando en mayor cantidad, nuestra grada completa, un operario y luego otro, y otro más y otro par de ellos que trepan por una escala hasta subirse a la estructura que soporta los focos – allí pasaron todo el concierto –, las pruebas con la pantalla principal, un cable por aquí, otro por allá...


Puntualidad tal vez británica – nunca llevo reloj – , el aforo casi completo aunque con huecos en las gradas, sobre todo la derecha, y no muchas apreturas en el patio. Los acordes de “How long” abren la sesión...