29 diciembre 2006

Galaxia rosa

Sintonía de cabecera

(Entra presentador, chaqueta hortera, camisa desabrochada de flores y colores chillones y horteras, pantalón a rayas propios de un preso de las primeras películas de cine mudo, zapatos negros de rejilla con la suela blanca, el tacón azul metálico y la pala amarilla, pelo de punta perfectamente engominado).

Jaymé Cant y Zano: Mucha gente... (Se para interrumpido por los aplausos del público que obedecen la orden de los carteles levantados a ese propósito. Se oye algún piropo obsceno al presentador). Gracias, ... , gracias. Decía... , decía que mucha gente en la galaxia se ha preguntado en esta semana... ¡Esto!

(Cambia el plano y sale el corte de la grabación de Emiliano Cotilla).

Emiliano Cotilla: Pero cuando dices "sudar practicando el esquí", te refieres obviamente a practicar el esquí, ¿no?

(Cambia el plano. Volvemos al presentador con sonrisa dentífrica que encara la cámara).

Jaymé Cant y Zano: En el programa de hoy vamos a responder a esta pregunta. ¡Por que tenemos la exclusiva! (Silencio corto para captar el interés de la audiencia) ¡No! ¡En realidad, son tres! (Silencio más largo mientras se escuchan aplausos y gritos de admiración antes de empezar a hablar muy rápido).¡Son tres las espacio naves que regalamos esta noche! (Sobre el ruido de los aplausos) ¿Qué como pueden ganarlas? ¡Muy fácil! ¡Sólo tienen que llamar al nuevecerochoventiochochenta y dejar el mensaje GANAR, recuerden nuevecerochoventiochochenta y mensaje GANAR y una de estas tres fantásticas espacio naves puede ser suya! ¡Y enseguida comenzamos con el programa! ¡No se vayan!

(Corte publicitario, suficientemente largo como para poder cenar y asistir a una buena obra de teatro más unas copas tras el espectáculo)

....

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Sintonía de cabecera.
(Aparece el presentador con la mejor de sus sonrisas)

Jaymé Cant y Zano: El programa de hoy está lleno de interés. ¡Ustedes se lo preguntan!

(Cambia el plano y sale el corte de la grabación de Emiliano Cotilla).

Emiliano Cotilla: Pero cuando dices "sudar practicando el esquí", te refieres obviamente a practicar el esquí, ¿no?

(Cambia el plano al presentador).

Jaymé Cant y Zano: ¿Quieren saber la respuesta? (Hablando muy deprisa con una sonrisa de oreja a oreja) ¡Nosotros se la damos! ¡Como les damos estas tres espacio naves! (Plano de tres espacio naves pulidas penúltimo modelo)(Plano aproximándose al presentador) ¿Qué como pueden ganarlas? ¡Muy fácil! ¡Sólo tienen que llamar al nuevecerochoventiochochenta y dejar el mensaje GANAR, recuerden nuevecerochoventiochochenta y mensaje GANAR y una de estas tres fantásticas espacio naves a lo largo de la noche puede ser suya! (El locutor aumenta la voz a medida que aumenta el volumen de la sintonía del programa).

(Cambia el plano al escenario vacío con sillones break-ass enfrentados cuatro a cuatro dejando un pasillo en medio. El cartel de Galaxia rosa rutila en la pared del fondo, mientras pequeños asteroides interfieren ciertos planos permitiendo insertar la publicidad subliminal).

(Por encima de la sintonía y el plano vacío se escucha la voz del locutor).

Jaymé Cant y Zano: ¡Pero antes recibamos a nuestros meteoros de la Galaxia Rosa! (A medida que los nombra van saliendo saludando a un público enfervorizado que aplaude a rabiar, vitorea y grita, antes de sentarse)

Jaymé Cant y Zano: ¡Nuestra bruja espacial Karm’elem Ar Kante! (Como no tiene arreglo que se ponga lo que quiera; mientras más adefesio mejor, el resto como siempre). ¡La cometa astronómica Achús Mar y Ñás! ¡La supernova venosa Pat y Ñó! ¡La estrella apagada más estrellada Nil Ozan A Nil Idia! ¡El fino rayo Ang’El Apor Tero! ¡El agujero negro Jorg’Ej Avi’Erv Azkhez! ¡Y el asteroide más contundente Chelog Arciak Ort’Es!

(El presentador se calla. La sintonía disminuye el volumen mientras poco a poco desaparecen los vítores de los espectadores hasta hacerse el silencio).

Jaymé Cant y Zano: (Expresión seria) Nuestros colaboradores tienen la respuesta a la pregunta. (Cambia plano al de Emiliano Cotilla.)

Emiliano Cotilla: Pero cuando dices "sudar practicando el esquí", te refieres obviamente a practicar el esquí, ¿no?

(Cambia el plano al presentador).

Jaymé Cant y Zano: ¡En exclusiva y sólo en Galaxia Rosa... Tenemos la respuesta! ¿Quieren conocerla? (Se oye algún ¡Sí! Desde el público).

Jaymé Cant y Zano: ¡A la vuelta de publicidad! ¡No se vayan!

(Sintonía del programa)

...

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Sintonía de cabecera.

(Aparece el presentador con aspecto sonriente pero formal.)

Jaymé Cant y Zano: Ustedes se preguntarán también... (Le interrumpe Mar y Ñás.)

Achús Mar y Ñás: ¡Si el lío de Carnac y Susana es un montaje!

Jaymé Cant y Zano: Ese tema lo trataremos a lo largo del programa. Lo que ustedes se estarán preguntando también... (Le interrumpen)

Jorg’Ej Avi’Erv Azkhez: ¡Si en el planeta Felpi existen los afelpados! ¡Ay, me encantan los afelpados! ¡Tienen un tacto tan suave!

Jaymé Cant y Zano: Puede que lo toquemos esta noche pero...

Jorg’Ej Avi’Erv Azkhez: (Dando palmitas) ¡Uy! ¡Los vamos a tocar esta noche! ¡Que fuerte, que fuerte, que fuerte! (Risas de los compañeros y del público)

Jaymé Cant y Zano: (Elevando la voz para evitar nuevas interrupciones) Pero ustedes también se estarán preguntando el porqué tenemos una silla vacía. ¿Dónde está Herr’ Era? Se preguntarán. (Plano de la silla vacia en medio del resto de colaboradores) Ustedes saben que además de colaborador en este programa Herr’ Era es poeta y ¡acaba de publicar un libro nuevo! ¡Para celebrarlo y que nos muestre su obra le hemos subido al podio! (Plano del podio de Galaxia Rosa. Vemos a Herr’ Era con melena negra hasta los hombros, vestido para la ocasión, sentado en un trono). (Aplausos).

Herr’ Era: (Con modestia y cierta timidez) La poesía es lo que tiene. A uno deja indiferente. -¡Qué ni me va ni me viene!- Otro profundo la siente.
(Abre el libro por una página escogida entre muchas aparatosamente señaladas). (Lee con desgana y aburrimiento, sin mantener el ritmo) (En medio de la lectura se levanta, sujetando el libro con la izquierda y llevándose la mano derecha al pecho, luego la levanta por encima de la cabeza y la deja caer con el puño cerrado, bajando la cara y mirando al suelo, cuando termina la lectura).

Herr’ Era:
“Del papel couché soy periodista
y a los famosos sigo la pista,
lo sé mejor que el tío de la lista
que, a mí, ninguno se me despista.

Les sigo, les sigo y les persigo,
yo no paro hasta que lo consigo,
¡es mi trabajo!, la excusa digo
aunque en realidad me importa un higo.

Su cara agria, faz de mal humor;
¿tras noventa días, quién es señor?
Si me parte la cara ¡Mejor!
¡Saldrá en portada a todo color!

Tras las estrellas deprisa corro,
molesto como vil abejorro,
nada les vale gritar socorro,
la alcachofa meto en “to” su morro;
preguntas les hago, como un chorro,
técnica vieja, de viejo zorro.

¿Qué tal la foto de tu potorro?
¿No es verdad que antes era machorro?
¿El dinero será para ahorro
o para la compra de un ventorro?
¿De verdad sales con un pedorro
o son las tajadas del tintorro?
¿En solitario te satisfaces
o es verdad que habéis hecho las paces?
¿Estas cornamentas son fugaces
o decidisteis ser contumaces?
¿Qué tal esa fiesta de disfraces
sólo cubiertos por antifaces?

Corre el rumor de que eres tan fina
que hasta al más viejo se le empina,
de aquello tu novio ¿qué opina?
¿Pone los trofeos en la vitrina?
¿Sabes que se tira a Serafina
y es muy aficionado a la cocaína?

Después corro a la redacción,
respuestas apenas cambian guión,
que yo manipulo a satisfacción,
creando, en el público, la opinión.”

(Momento de silencio. El público no parece darse cuenta de que ha terminado. Aplausos del presentador que imita alguien del público. Inmediatamente plano general del resto de los colaboradores charlando entre sí animadamente, indiferentes a todo, mientras la sintonía del programa apaga los aplausos y unas cheer leaders hacen monerías entre los espectadores al ritmo de la música.)

Jaymé Cant y Zano: (Intentando animar el ambiente) ¡Y eso no es todo! ¡Además de contestar a la pregunta... (cambia plano a la pregunta de Emiliano Cotilla.)

Emiliano Cotilla: Pero cuando dices "sudar practicando el esquí", te refieres obviamente a practicar el esquí, ¿no?

(Cambia el plano. Volvemos al presentador con sonrisa dentífrica que encara la cámara emocionado.)

Jaymé Cant y Zano: ¡El mismísimo Emiliano Cotilla nos va a dar una exclusiva de última hora! ¡Aquí! ¡En Galaxia Rosa! ¡No se lo pierdan!

(Sintonía del programa y panorámica de las cheer leaders entre el público que aplaude, sin saber muy bien el qué.)

27 noviembre 2006

De restaurantes chinos

No dejaba lugar a engaño:

26 noviembre 2006

Sobre el uso de la "h"

Encontrado en Gandia.


Primero un plano general:




Luego un primer plano:

07 octubre 2006

De muelas (I - V)

+

Madrid, 20 de Septiembre de 2006

Estimado señor o señora:

Debe saber vuestra merced que desde el día de ayer me falta la mitad del juicio, si es cierto que el juicio reside en esas pequeñas piezas que arraigan en la boca y, en mi caso, permanecen ocultas en sus hornacinas óseas asustadas de la suerte corrida, hace ya muchos años, por la única que se atrevió a asomar la cabeza y que fue trágicamente arrancada para el beneficio de sus hermanas. Es posible que desde aquel acontecimiento mi juicio se resintiera y, si es verdad que el juicio reside en su mayor parte en las maxilares, debido a su proximidad al intelecto, es más que probable que me haya abandonado definitivamente junto a ellas como comprobará en el relato de lo acontecido.

No le voy a aburrir hablándole de los precios de la ortodoncia hace treinta años o de los perjuicios del apiñamiento dental, pero si le diré que ciertas molestias al masticar me indujeron a pensar en la conveniencia de visitar a un profesional de la sonrisa cuyo horario resultó ser compatible con el mío. Aunque no me satisfacen las franquicias por su homogeneidad, (todas intentan venderte más de lo que necesitas), en este caso, no creí que fuera un inconveniente, ya que el resultado final siempre depende de la persona encargada, y, no conociendo a ninguno de confianza, la suerte estaba echada.

En mi primera visita el trato fue tan cordial como en cualquier otra parte. Primero me atendió una recepcionista clavada a cualquier otra de cualquier otro lugar, el mismo aspecto empalagosamente dulzón, la misma voz melosa y la misma espera en sillones que invitan a permanecer de pié. Luego un ayudante azul pitúfico me condujo hasta una consulta donde me invitó a ponerme cómodo en un sillón en el que recostar la cabeza suponía torcer la espalda de forma inmisericorde. Todavía estaba buscando la postura cómoda cuando apareció por detrás una doctora en verde quirúrgico preguntándome el motivo de mi presencia. Sin prestar mucha atención, concentrado como estaba en desentrañar el misterio del sillón, le expliqué las molestias de la rama mandibular izquierda. Entonces me pidió que abriera la boca y se situó delante de mí. Desde luego abrí la boca. Abrí la boca más llevado por el asombro que por la petición. Allí firme sobre sus piernas, segura y sin vacilar, una hermosa doctora introducía con soltura una sonda entre mis muelas.

- ¿Dónde? Yo no veo nada.

Tal vez los nervios, tal vez su mirada, hicieron desaparecer todas las molestias de golpe. Ni masticando gasa pude desvelar la molesta sensación y sólo un “por aquí”, sin convicción, fue mi respuesta

- Haremos una radiografía.

No era la primera vez que me enfrentaba a la irradiación, pero sí fue la primera que me explicaban claramente como sujetar la película entre mis dedos y las piezas interesadas antes de salir corriendo como ratas asustadas.

- Nada. Todas están bien. – Me dijo enseñándome el resultado.

- Vamos a hacer una panorámica. Espera un poco en recepción mientras la preparamos.

La espera en recepción no fue muy larga, pero sí lo suficiente como para no poder evitar escuchar las voces que la directora del negocio le profería a uno de sus subordinados, un mocetón alto y rubio chillón que pese a su juventud debía tratarse de uno de los doctores a su servicio. He visto muchas situaciones similares como para sorprenderme de la falta de educación, tacto y miramiento por su negocio que tienen este tipo de personajes, creyéndose unos sursum corda actúan como las personas rastreras que son. No puede extrañar que la rotación del personal en estos sitios sea elevada y que la calidad del servicio se resienta. Parece ser que un mecánico tenía una deuda de siete mil euros por implantes que todavía no se le habían implantado ya que en esa semana no disponían del horario adecuado para ello, no obstante, la dueña iba a dejar su automóvil en el taller para que le hicieran una reparación por el valor de la deuda y...

- ¡Pase por aquí!

Una auxiliar me condujo hasta otra sala casi diáfana. En el centro un aparato, que me recordó los periscopios de las películas de submarinos, parecía colgar del techo. Tras ajustarme un peto y proteger un ojal del aparato con un guante de exploración, me situaron en posición. Tenía que morder el ojal con los incisivos y sujetarme con las manos a las asas laterales del aparato situadas a la altura de los ojos. Para aumentar el efecto periscopio, tuvieron que bajar el aparato hasta una altura en la que, casi de puntillas, casi normal, alcanzaba la postura deseada. Me dejaron solo. Con la boca cerrada, apretando la goma entre los dientes, esperaba el momento de gritar “fuego el uno” cuando se escuchó un ruido mecánico y la máquina comenzó a girar alrededor de mi cabeza. Después de todo, quizás, el efecto iba a ser más parecido a la centrifugadora donde se entrenan los astronautas. No tuve tiempo de marearme. La máquina se paró. Acto seguido entró la auxiliar, me quitó el peto y me hizo pasar a la consulta. Esta vez permanecí de pie. No tardó en aparecer la doctora.

Es la era digital. Ya casi han pasado a la historia los líquidos de revelado y lo largos tiempos de espera, los cuartos oscuros y sus momentos de confidencias bajo la luz roja, las máquinas secadoras y los negatoscopios, ahora solo tienes que seleccionar el archivo para que aparezca en la pantalla del ordenador la imagen obtenida, sin fallos, al primer intento.

- La única explicación que encuentro es que te esté empujando la veintiocho y las molestias procedan del efecto cuña cuando el hueco se llena de comida porque todo lo demás está bien. La cuarenta y ocho también conviene quitarla. Observa que la corona está impactada con las raíces de la cuarenta y siete. Eso perjudica mucho al resto de piezas. La otra, como no molesta, la dejamos de momento. Concreta cita en recepción. Cuanto antes lo hagamos mejor.

Me tendió la mano con seguridad y firmeza al tiempo que con calidez y suavidad femenina, antes de salir con rapidez para continuar con sus obligaciones. Estaba recreando las pequitas de su mejilla y su contoneo en el momento en que apareció la recepcionista para conducirme a otra sala, donde me preparó un presupuesto – y luego dicen que nosotros somos caros – y me proponía descuento pronto pago del tres por ciento o financiación a tres meses – todo facilidades, pensé – con un uno y pico de interés por gastos de tal y cual. Me citó para tres semanas sucesivas y, sorprendentemente, tras la bronca habida, no quiso cobrar la placa en el momento.

Abandoné el lugar con un regusto agridulce. No tenía ninguna pieza afectada pero el momento tantos años pospuesto había llegado. Siempre me quedaba la opción de echarme atrás, tenía una semana para pensármelo, pero no iba a adelantar nada; además la doctora transmitía confianza y saber hacer, lo que no es frecuente de encontrar. Decidí no darle más vueltas al asunto y disfrutar de la hora que me quedaba de esa mañana de Rodríguez.

Llegado este punto, debo decir a vuestra merced que me encontraba cansado.

La fiesta patronal me dejó el día libre pero con todas las obligaciones de un día corriente. Me había levantado a la hora de siempre, tras la ducha había preparado el desayuno, levantado a los niños, preparado su bocadillo, aseado, azuzado y conducido al colegio. Hasta la hora de la cita no tenía otra cosa que hacer, así que decidí darme un gustazo visitando una tienda especializada ubicada en Manuel Becerra. Serían las nueve y cuarto. La mañana acompañaba por lo que me dispuse a subir Doctor Esquerdo por la acera de los pares sin prisas para, según mis cálculos, llegar cuando ya estuviera abierta.

Soplaba un airecillo fresco muy agradable que, después de un rato caminando, se agradecía mucho. Era ese momento ideal en el que el denso tráfico de la mañana desaparece y asombrosamente el perpetuo atasco no existe. La ciudad estaba en calma; los niños en el cole, el personal en sus puestos. Los conserjes, antes llamados porteros, se afanaban limpiando la acera de su portal o terminaban de recoger los cubos de basura, o rajaban entre sí poniendo verde a Mengano y Fulano sin olvidar a Zutano ni a Perengano, embutidos en sus monos azules. Por la calle poca gente, igualdad de sexos, no había mas mujeres que hombres ni al revés, pero todos, desde el oficinista que iba a desayunar, la chica que hacía footing, el comerciante dispuesto a abrir el tenderete, el comercial en ruta, la anciana que entraba en el banco, incluso los jóvenes que repartían periódicos gratuitos, todos, estaban unidos por un elemento común: el celular. Algunos aferrados a él como a una tabla de salvación, otros ostentosos, otros a la moda pero todos con el aparato pegado a la oreja, como si les transmitiera un mensaje secreto del que dependiera sus vidas.

La subida de la cuesta se hizo más llevadera tras un momento de sorpresa cuando, en un tramo de la calle, el pasado saltó a mi encuentro: Una fontanería. La puerta de la calle abierta dejaba ver el cuartito minúsculo y un mostrador de madera detrás del cual una señora atendía un teléfono de los antiguos, de esos negros, de pasta dura y pesada, sujetándolo con el hombro mientras tecleaba en una enorme máquina de escribir Olivetti. A continuación una ferretería, que bien podría haber sido chamarilería, con el escaparate lleno de flexos vetustos y artefactos de todo tipo y uso que parecían cubiertos por una capa gris de tiempo. Más allá, el pasillito de una droguería con aroma de perfumes y desinfectante y, las paredes, con estanterías hasta el techo repletas de todo tipo de botes y cajas. Luego, otro escaparate de ferretería tan herrumbroso como el anterior y una pescadería presentando su mercancía, fresquísima, en cajas con hielo picado que parecían escalar una pendiente y después... Un bazar chino que rompió el encanto.

El paseo me llevó hasta la fábrica de moneda y timbre donde el guardia civil de servicio en la puerta parecía saludarme con alegría antes de encaminarse hacia mí. Los esfuerzos que hice por reconocerle fueron inútiles así que esperé que la conversación me permitiera recordarle. Ya estaba a mi altura y me tendía la mano con un saludo. Iba a corresponderle cuando, desde detrás de mí, a la izquierda, surgió un individuo que se la estrechó con alborozo. Sentí alivio: es natural que no recuerde a quien no conozco. Continué y pasé deprisa por delante del hospital y sus bares periféricos tan atiborrados como siempre del dolor, cansancio y esfuerzo de las personas que los frecuentan. Con una ligera quemazón deseé que pasara mucho tiempo antes de ser uno de ellos y avivé el paso. Ya estaba muy cerca.

Llegué a mi destino a las diez; aún quedaba media hora para que abrieran por lo que me fui a desayunar después de dar una vuelta por las calles adyacentes, de cambiar de acera por el tufo que se desprendía a través del pórtico abierto de un bar de alterne, de curiosear el escaparate de una librería tradicional y tener que resistirme para no entrar. Terminé en un bar escondido entre andamiajes, enfrente de una pastelería de la calle Alcalá. Un bar a la antigua, con camareros vestidos como tales y ambiente elegante. El camarero que me atendió tenía el ojo izquierdo morado. Cuando le preguntaban respondía: “me he caído” o “ya está mejor” o “la mujer que me maltrata”. Recordé a los legionarios que se caían de la camareta o se tropezaban con la taquilla y nunca reconocían la evidencia del culatazo. Me sirvió el café con leche mientras preparaba la barrita de pan en la plancha, aplastándola con una pila de platos que iban disminuyendo a medida que despachaba consumiciones; cuando sólo quedaba uno la barrita estuvo terminada, blanda y crujiente; con el aceite de oliva y un ligero toque de sal estaba exquisita.

Terminado el desayuno me dirigí a la tienda que ya debería estar abierta. De camino entré en una papelería, que por el aspecto parecía especializada en artículos de bellas artes, para comprar lápices de los que me gustan, de mina blandísima, que gasto como si fueran pipas haciendo los bocetos de los que vuestra merced tanto se place. Lo que no tenía de fondo el local lo tenía de ancho y respondió a las expectativas: Conseguí los lápices sin dificultad y continué mi andanza. Me alegró comprobar que aún existen aquellos bares que en mi juventud llenaron muchas tardes de farra; apenas noté cambios en ellos, el mayor en los carteles: los precios módicos en pesetas se han transformado en económicos euros; las ofertas se mantienen y si no las aproveché fue porque me encontraba tan gratamente satisfecho con el desayuno que no quise estropearlo con un perrito amostazado.

Por fin llegué a mi destino. Ya estaba abierto y, aún siendo día laboral, con bastantes clientes dentro. Su disposición me trajo a la memoria cuando rastreaba ofertas de discos haciendo la ruta desde Tony Martin, pasando por los bajos de la Gran Vía, hasta Princesa. De hecho, la organización de los facsímiles, libros y álbumes era idéntica a la de los discos en aquellos comercios: Organizados por orden alfabético y editorial, los más delicados enfundados en sus preservativos de plástico transparente, la búsqueda del experto pasándolos rápidamente con los dedos hasta encontrar el deseado y su cara de satisfacción al conseguirlo. Es cierto que la tienda no tiene nada que ver con aquel paraíso de las antigüedades en Lavapies, del que ya le hablé en su día, y que la parte destinada a tienda de muñecos y ropa parece desgajarse del microclima inicial del local pese a la continuidad de la decoración, pero, en conjunto, la impresión fue positiva y me sumergí con placer en el manoseo de los ejemplares. Una vez que me di por satisfecho con la selección y tras consultar si funcionaban como un autoservicio realicé una buena carga y regresé a casa.

Disponía de tiempo, el camino era cuesta abajo y lucía el Sol. Desanduve lo andado, eso sí, acompañado de toda la intensidad del tráfico que había cesado su tregua y ya resultaba muy molesto. La cuesta, el peso y las ganas de hojear con tranquilidad el pequeño tesoro que llevaba bajo el brazo se aliaron para conseguir que el regreso fuera rápido. Una vez en casa, aún pude ordenar y clasificar los ejemplares y empezar a desentrañar los misterios ocultos en el primero de ellos, antes de iniciar una nueva caminata ascendente hacia el origen de este relato.

Entenderá vuestra merced que estuviera cansado por tanto paseo y la falta de costumbre que se empezaba a reflejar en unas suaves agujetas, por lo que decidí regresar a casa. No le diré que el resto del día careciera de interés, todo lo contrario, fue un día muy especial. La comida la tenía organizada pero, animado por la tostada matinal, decidí preparar una bandeja de tostas variadas: jamón con tomate, cabrales con un toque de vino, queso con membrillo, salmón con un toque especial y otras varias que tuvieron gran éxito; más tarde imbuido del espíritu carpe diem llevé a toda la familia al cine pero eso nos aleja del tema que nos ocupa y me preocupa, y que paso a exponerle a continuación:

Con cierta aprensión llegué a mi cita quirúrgica un poco antes de la hora. Los caprichos del tráfico nunca te permiten asegurar el tiempo que vas a tardar en hacer el recorrido de todos los días, pero tuve suerte y no encontré grandes retenciones. Dejé el coche en casa y me encaminé con tranquilidad hasta la clínica. No me apetecía facilitar mucho las cosas. Mi mujer me había telefoneado porque había recibido una llamada, esa tarde, para confirmar la cita y si era posible adelantarla media hora. Vuestra merced pensará que me paso de listo siendo tan mal pensando al creer que el motivo real era comprobar la asistencia y el pago del servicio no realizado aún; puede que tenga razón, pero esa fue la impresión que tuve tras la charla telefónica con la empalagosa voz de la recepcionista a la que le tuve que explicar, desde el principio y con mucha paciencia, el porqué estaba citado a esa hora y por qué no podía ser otra.

Cuando me dirigí al mostrador comprendí el motivo de la ignorancia de la recepcionista. Era una persona diferente. Por teléfono su voz era similar a la primera que me atendió – debía ser del turno de mañana – y, a primera vista, incluso podría pasar por ella: las mismas proporciones, la misma altura, el mismo tono de ojos y de color de pelo, el mismo maquillaje. En el segundo vistazo podría pasar por su hermana: el corte de pelo ligeramente distinto, los mismos gestos. Pero un examen más detenido confirmaría que son personas totalmente diferentes. Me hubiera impresionado que la homogeneidad de la franquicia fuera tan grande como para incluir a la selección del personal si no me preocupara más el rato que iba a pasar en breve.

Tras una corta espera, me pasaron al cuartito donde me dieron el presupuesto para proceder al pago del servicio, lo que realicé en metálico, ante la aparente sorpresa de la jefa que no pudo ocultar una sonrisa de oreja a oreja mientras se guardaba con avidez los billetes en el bolso.

Volví fuera; otro rato de espera, y una ayudante que me pasa a la consulta, y me reencuentro con el sillón, y la ayudante intentando ser simpática, y “lo has pensado bien”, y “ya sabes lo que te espera”, y...

– Perdona, pero como sigas por ese camino vas a conseguir que salga corriendo.

Un momento de silencio antes de “ya no te puedes volver atrás”, y “te ato con cuerdas” y...

Bien, pues allí estaba sentado en el sillón, que más que sillón es potro por su función y su comodidad, aguantando el charloteo de la ayudante, cuando entró la doctora, joven, atractiva, de ojos azules y cabello rubio, labios rosas encendidos, voz dulce y boca perfecta con dientes blanquísimos perfectamente alineados, que me enseñó intentando venderme una ortodoncia – ella también la tuvo, dijo – y que cerró antes de que me la pudiera comer arrastrado por una extraña atracción que desapareció al darse la vuelta. Cuando se giró, jeringa en ristre, procedió a anestesiarme como si fuera a intervenir las dos piezas en el mismo día. – ¡Maravilloso! ¡Qué intrepidez! – No pude menos que pensar.

Me condujeron de vuelta a la sala de espera hasta que hiciera efecto la anestesia, “diez minutos mientras atendemos a otro paciente”. En ese momento pensé que los nervios de la situación me habían afectado, ayudado, quizás, por un grado elevado de empatía con la doctora, estimulado por la ayudante petarda. Debía relajarme, en situaciones de estrés siempre la realidad se aprecia de forma diferente.

Aunque no uso reloj puedo asegurar a vuestra merced que el plazo cumplió con creces, lo que permitió que la zona quedara medianamente anestesiada y mi espíritu, ayudado por la respiración, más en calma. Salió el caballero atendido y apareció la doctora que, simpatiquísima, me condujo nuevamente al potro. La auxiliar me vistió para la ocasión con un delantal de plástico desechable y una gorguera como si de una peluquería se tratara, no en balde esta era una de las actividades de los barberos en la antigüedad. Entonces resurgió la doctora también vestida para la faena: gorro para el pelo, guantes para las manos, máscara para su boca. Tras un rápido chequeo, comprobó mi apreciación: la anestesia en la mandíbula no era suficiente así que...

– "¡Vamos a empezar por la fácil!"

No podía ser de otra forma, primero la que no era el motivo de la consulta, claro que parecía dispuesta a terminar rápidamente con ella y empezar con la otra, en fin, decisión no le faltaba y era sensato empezar por la maxilar. El maxilar es un hueso del cráneo, por eso se puede aplicar más fuerza que en la mandíbula que es un hueso plano y se parte con facilidad si no se tiene cuidado. Un dentista negará tajantemente que para sacar una pieza haya que hacer fuerza; es casi cierto, se rompen los ligamentos periféricos, y salen solas, o se parten tras exponer una raíz, pero no es el caso de las que me interesan. Además la maxilar asomaba una puntita; la mayor complicación debía ser su proximidad con la raíz de la anterior, con lo que, deduje, la partirían y la sacarían a trozos.

Primero me había anestesiado el hueso, ahora le tocaba a la encía, me informó encantadora, la doctora. Otra serie de pinchazos con la boca no muy abierta en la parte superior y ”abierta grande” en la inferior. Sin dilación echó mano al bisturí y sajó la encía para descubrir el hueso; luego, no vi si fue con la fresa o el disco de diamante, partió el maxilar para hacer una ventana desde donde abordar la pieza. La explicación no sé si es de mi cosecha o me la fue dando a medida que iba procediendo ya que, con el ruido del aspirador y de las máquinas, poco menos que estaba sordo. Lo siguiente fue el empleo de todos los botadores habidos y traídos de otras consultas, sin resultado; luego usó fórceps variados y yo que sé cuantas cosas más hasta conseguir sacar un trozo de muela.

Hasta aquí mis sensaciones eran contrapuestas. No tenía dolor, salvo las molestias en la mejilla por el separador, la sensación de que te están perforando y rompiendo los huesos, el metal resbalando en tu boca, la boca que “abre más, ahora menos, ahora más, no, perdona, me he equivocado, abre menos”, que se compensaban con “mira hacia mí” y veía sus cejas rubias y, más abajo, sus ojos azules concentrados en como sus manos me iban destrozando el hueso sin piedad, mientras me hablaba dulcemente y mi mejilla derecha reposaba con firmeza sobre su seno izquierdo, tan próximo a mi boca abierta, y otro giro del alicate, y otro trozo de hueso chafado con un chasquido, y otra maldición si no fuera tan educada que hasta sus lindezas – muy finas – iban acompañadas de excusas, como una prolongación de una disculpa más prolongada por la crueldad que estaba perpetrando en mi boca, y yo que volvía a la gloria de su seno y al “abre grande, cierra un poco, abre, no perdona cierra, mira hacia mí” y veía la máscara que cubría su deliciosa boca y sus ojos azules y sus cejas rubias y su rostro con salpicaduras de mi sangre, como minúsculas pecas puntiformes, y “qué no sale”, y “que yo sigo”, y “ahí no se va a quedar”, y “¡ahora vengo!”, y se marchó...

...Y allí me quedé yo, con un aspirador obstruido dentro de la boca sangrante y su pecho impreso en mi mejilla derecha.

Pude descansar cinco minutos hasta que solucionaron el problema, antes de iniciar otros veinte de repetición del proceso. Otra vez sensaciones contrapuestas y dolor cuando tocaba el paladar, y sus disculpas, y otra vez el abordaje de la zona lateral, y otra vez mi mejilla en su pecho, y su calor en mi oreja, y su pezón haciéndome cosquillas en la nariz. No miento a vuestra merced si le digo que maldije por no poder apreciar más olor que el de mi sangre succionada y más tacto que el del separador quebrándome la mejilla, y el de los alicates pellizcando los labios, y “¡ahora vengo!”, y se volvió a marchar.

Y ahí estaba yo, acompañado por el ruido de los aspiradores y la petarda de la ayudante que no deja de preguntarme si los quitaba o no.

– ¡Cómo si tuviera forma y ganas de hablar! ¡Tu sabrás lo que tienes que hacer! ¡Déjame en paz!

Pensaba en tropel mientras los aparatos se movían debajo de la lengua. Y allá permanecía yo, tumbado en el potro, esperando que terminaran de una vez, o que por lo menos volviera pronto la doctora para darme la ternura de la que carecía el sillón y que impedía que el sueño me alcanzara y que olvidara, mientras dormía, la espalda torcida y el rato que faltaba antes de acabar.

Pero no venía y la ayudante preguntándome “¿cómo estás?” y “¿estás bien?” ¡Cómo querrá que esté! Le hubiera contestado que estaría mucho mejor si me dejaba tranquilo, pero ni los tubos, ni la anestesia, ni la educación me lo permitieron, y finalmente me quitó una aspirador y se fue, y al rato volvió erre que erre “¿estás bien? y ¿cómo estás?“ y me quitó el otro aspirador, y pasó el tiempo, y siguió pasando, y no sé cuanto más pasó, una eternidad sin duda, y regresó la doctora.

Su compañera había tenido un percance: se le había partido la muela que estaba trabajando y mi cirujana acudió rauda, como el séptimo de caballería, a salvarle el culo, que no la muela, y relajarse un poco.

Y volvió. Y volvimos a empezar casi con desesperación. De suerte que el tejemaneje de aparatos entrando y saliendo con profusión de mi boca aumentó considerablemente, con más fuerza y coraje, igual que su voz con más ternura y cariño decía “abre la boca”, y “ciérrala un poco”, “abre grande” y “ahora cierra un poco”, y con mucha delicadeza: “¡No me muerdas!” Con su seno en la mejilla y sin poder moverme ¡ya me hubiera gustado! Y ella que exclama con alegría “se ha movido” y “¿notas presión? Eso es bueno” Y la notaba, pero no donde ella se refería, y con pena decía “¡se ha ido!” y pensé que quería decir “¡no la veo!” hasta que noté algo dándose un paseo por el cielo del paladar atragantándome cerca de la glotis, antes de retornar y “perdona, no es nada personal, pero me está empezando a caer mal tu muela”, y ahora esto y lo otro y “era la fácil”, y “es que nunca se puede decir nada”. “¡Seca!” le decía a la ayudante y la ayudante secaba y “¿dónde está?” “¡Aquí está!” y vuelta a empezar.

"¡Esto te dolerá!"

Me dijo cuando decidió intentar el abordaje medial, y un pinchazo en el paladar me hizo saltar una lágrima.

“¡Qué bueno es! ¡Con lo que duele!”

Comentó en voz alta al tiempo que me seguía metiendo anestesia antes de empezar a hurgar por aquí y por allá. Mientras yo miraba sus ojos azules y sus cejas resplandecientes bajo la luz halógena y su cara con goterones de mi sangre, y la oía decir “aquí no se queda” “¡vamos, que buena soy yo!” hasta que el fórceps pellizcó medio labio y la pieza que se movió, y desapareció, y volvió a aparecer, y “¡ya no se escapa!”, y resbalón del alicate, y un poco menos de hueso que le quedó a la muela para ocultarse, y la volvió a atrapar, y yo que noté que ahora la tracción era la adecuada, y noté como la muela se aferraba desesperadamente en un postrer esfuerzo de permanencia.

Finalmente salió, y yo aplaudí, y la doctora me enseñó la muela que tenía una raíz que semejaba un colmillo de elefante en miniatura, y luego suturó la herida, y me pinchó el labio –un accidente– y yo necesitaba ese pinchazo para comprobar que realmente sentía y que eran mis labios los que reposaban sobre su pecho. Y terminó. Y tuve que mascar gasa después de que me lavaran con agua oxigenada las heridas de los labios. Y volvió la doctora, armada de jeringa, para inocular antibióticos y antiinflamatorios en la encía “para no hacerlo en el culete o en el brazo” y me dio un par de pastillas para el dolor.

Mientras me incorporaba la oí a mis espaldas comentar con la ayudante:

“Estoy llena de su sangre. Ya compartimos fluidos y microbios. Ya somos uno”.

Y desapareció.

“Fulanita, te dará las instrucciones que debes seguir”. – Me dijo la ayudante.

Fulanita era la jefa. Me entregó un papel para que lo leyera y una bolsa de frío para la mejilla. Cotilleó sobre mi profesión, imagino que con las mismas intenciones que tenía con el mecánico, y me insistió en que llegara antes el próximo día. Comprenderá vuestra merced que los intereses del negocio de esa señora no se antepongan a los míos.

– ¡Pues no! No puedo venir antes. Ya tengo hora para las nueve ¿Y que hago con el AINE? ¿Me lo tomo o no?

Una sonrisa contradecía el respeto con el que se dirigió a la doctora rompemuelas, que tenía una cara de muy pocos amigos sentada en la sala de espera, esperando yo que sé, y la rompemuelas me dijo lo que ya sabía y no me aclaró lo que ignoraba, así que me disponía a salir cuando apareció mi doctora vestida de calle y con una sonrisa de anuncio.

Y salimos juntos.

– Deberías utilizar uno de esos cascos de cristal para evitar las salpicaduras. –

Y charlamos, que si esto, que si aquello, que si sólo coma helado, que si te invito a uno, que no puedo, que ya he retrasado la cena dos veces porque había quedado a las diez y ya eran más de las once, que tenía el coche aparcado en la puerta y que se encontró una multa sujeta por el limpiaparabrisas, y que si me acercaba a casa, y que si me dolía mucho me tomara nolotil y dos no se qué quinientos, y que muchas gracias, y que mañana te llamo para ver como estás y hasta la semana que viene.

Bajé la calle con una compresa de hielo en la cara. Realmente tuve serías dificultades para decidir en cual de las dos mejillas aplicarla y opté por la traumatizada, lo que consideré más útil ya que la otra mejilla me había pellizcado el alma y el hielo no la iba a aliviar. Y con la poca fuerza que me quedaba me fui tarareando calle abajo “y yo con mi canción como un gilipollas, madre...” Por que así me sentía en aquel momento, bajo los efectos de la anestesia, a la que responsabilizaba de la situación. Pero hoy, tras recibir su llamada, ya no sé que pensar.

Perdonará vuestra merced mi atrevimiento si le pido consejo en esta lid, dada su gran experiencia en este tipo de situaciones, de las que siempre ha salido triunfante, y en honor a la vieja amistad que nos une espero con afán su justo parecer y una pronta respuesta a mi inquietud.


Suyo atentamente, Ramiro

10 septiembre 2006

Las crónicas de Triquirk (X - Epílogo)

Cuaderno de bitácora

X


Desde que nuestro rumbo es el cinturón de Denorios una alegría especial me invade. La achaco a la melange. La uso de forma muy controlada, sólo en el té y siempre la misma cantidad. A estas pequeñas dosis ya noto sus efectos: mejora la actividad mental, disminuye el cansancio, vigoriza, ¡hasta retrasa el envejecimiento! Mi pulsera permanece amarillo limón cuando ya debería haber empezado a anaranjarse. Mejor así. Tendré más tiempo.

ii
No quiero aumentar las dosis de especia porque desconozco lo que pasaría y debo estar con mis facultades a punto en esta travesía tan peligrosa. Los encuentros con los cardasianos siempre terminan mal. Realmente no sé por qué estoy alegre. En mi última visita a la zona, los dominion habían establecido una alianza con los cardasianos que, a nadie se le escapa, es debida a su interés mutuo por deep space.

Cuando consigamos alcanzar el agujero de lombriz entonces sí tendré motivos para felicitarme. Habré dejado atrás a los dominion y los romulanos no serán tanto problema. Saldremos en el cuadrante alfa, cerca de deep space, podré quizás saludar a Janeway, que estará de ronda con la Voyager, y quizás sudemos juntos practicando el esquí en el cuarto de actividades tan chulo que tiene; luego el atajo para visitar Babilon-5 y después rumbo a casa; pero primero hay que llegar.

iii
De momento todo va según lo previsto. HAL mantiene una vigilancia constante y no hay indicios de naves cardasianas camufladas. Los romulanos no hacen más que ceder su tecnología, primero a los klingon y luego a los cardasianos, unos favores que nos cuestan muy caros.
Paso el tiempo repitiendo los análisis biometaquímicos de la especia. Realmente su composición es tan embrollada que no me extraña que no hayan conseguido fabricarla artificialmente. No cabe duda que su origen es natural y requiere un largo y complejo proceso de elaboración.
Entre análisis y análisis sigo trabajando en la unidad de memoria del androide. Creo que dentro de poco tendremos la información suficiente como para crear un soporte físico. HAL está comprobando la exactitud de las imágenes micrópticas y ultramicrópticas obtenidas, eliminando restos de partículas y suciedad. Cuando termine, utilizaré una de las pocas hojas espacialeshp de alta calidad de que dispongo, para imprimir el resultado. Luego habrá que buscar un sistema reproductor que sea válido y una vez que lo encontremos: ¡Esperar que funcione!

Lo que está más avanzado es la maquetación de la nave furiana. HAL ha completado todos los esquemas gracias a los datos obtenidos tras el escaneado sistemático de la misma. Es un auténtico bólido espacial. Si tenemos todos los materiales y una travesía tranquila, podremos iniciar su construcción.

iv
No consigo entender que no hayamos tenido aún señal alguna de los cardasianos. Esta zona debería estar extremadamente vigilada, no en balde es zona neutral: “Nave encontrada será neutralizada”. Traducido literalmente: aniquilada. La última vez que estuve, escapé por los pelos y gracias a la Voyager que me estaba esperando.

Mi misión consistía en determinar las causas que habían permitido a seres tan belicosos como los cardasianos y los dominion llegar a un acuerdo, antes de destruirse mutuamente, y asegurarme que sus intenciones de establecer relaciones pacíficas con la federación eran ciertas. Para ello, en categoría de embajador de la federación, fui a entrevistarme con las delegaciones de ambas culturas al más alto nivel. De todos era sabido el gran interés de dominion por expandirse en el cuadrante alfa y hasta la fecha sus expansiones nunca habían sido pacíficas; de ahí que, su alianza con los cardasianos y la concentración de naves existente en esta zona, preocupara seriamente a la federación. Pero también culturas como la Klingon se han terminado integrando en la misma. Así que había que intentarlo.

Podría decir que la misión fracasó; al menos en parte. No conseguí descubrir que les había llevado a un acuerdo, que ni siquiera se explica por el interés mutuo de dominar deep space y controlar el agujero de lombriz. Ambos prefieren disparar primero y preguntar después. Tampoco tuve mucho tiempo para conseguir información. La recepción fue tan cordial como cabría esperar y en principio todo parecía ir bien. Hasta que, por casualidad, escuché una conversación privada entre uno de los generales cardasianos y un vorta, embajador de dominion, en la que éste le decía que el obstáculo había sido eliminado. Para mi desgracia, me descubrieron y no les gustó nada la posibilidad de que su conversación fuera divulgada. Juraron destruirme. Y lo hubieran hecho si en ese instante no me hubiera teletransportado a mi nave. No supe a que obstáculo se referían pero sí descubrí, de primera mano, que sus intenciones no eran pacíficas.

Escapé por los pelos y gracias a Janeway. Cuando la veo, me gusta recordarle lo agradecido que le estoy y a ella le gusta que le haga favores. ¿Y si la especia...?

Espero seguir teniendo suerte.


v
Tenemos un avistamiento en pantalla. No es una nave cardasiana. (¡Qué alivio!) Parece un módulo de salvamento que flota a la deriva. La señal transmitida corresponde a la unidad Decker. (¡Qué raro!) Nos acercamos a comprobarlo. Seguimos con todos los sistemas defensivos operativos. Puede ser una trampa pero el deber de socorro es prioritario y más aún si nos cae de camino.

vi
-¡Fascinante! No es la unidad Decker.-

Este comentario de HAL a alterado mi instinto. En vez de ponerme los pelos de punta parece que estuviera bailando la jota con ellos.

Seguimos sin noticia alguna de los cardasianos. Desde luego el señuelo es perfecto. Nunca antes habían engañado a HAL. Lo que quiere decir que la señal si no es auténtica al menos si es idéntica.
Estoy viendo la imagen que transmiten los bastones de la cubierta inferior. Una especie de féretro espacial. Tal vez una cápsula de hibernación. En su interior un humanoide. Sí. Definitivamente es una cápsula de hibernación activa.

¿Cómo habrá llegado aquí? ¿Por qué transmite la señal de la unidad Decker? ¿Dónde están los cardasianos?

HAL dice que puede ser un cardasiano primitivo. Sus vestiduras parecen indicar que pertenece a las postrimerías de la civilización Heltiana, posiblemente un preboste.

El deber espacial me obliga a recogerle. Mi conciencia me obliga a recogerle. Mi instinto me pide que le recoja. HAL espera mi decisión.

Saltándome mis propios protocolos, me estoy tomando una taza extra de té especiado. Pienso más rápido y puede ser el último placer que tenga.

Recogerle supone perder tiempo y abrir una brecha en la protección de la nave, brecha que puede aprovechar cualquier nave camuflada en las proximidades para atacarnos. Será pequeña, lo que dificultará un impacto directo, pero sí lo suficientemente grande como para teletransportar tropas enemigas al interior o algún mecanismo letal. Parece un cebo muy rebuscado como para querer destruir la nave. Si fuera así ya nos estarían atacando. Por tanto, un dispositivo letal deberá mantener la integridad estructural de la misma y terminar con la tripulación. Bien, eso lo soluciona el proceso de descontaminación y si fracasa la eyección del sector afectado. Es lógico que cuenten con ello por lo que es más probable que teletransporten tropas. Si son pocas HAL no tendrá problemas, pero si vienen en número suficiente…

-¡HAL, prepara Armagedon! ¡Vamos a recogerle!

Cuaderno de bitácora

XI

Estoy anclado, con el traje de paseo puesto, en el módulo “ultímate”. Sólo necesito un mínimo movimiento de mi mano para que se inicie Armagedon; en su defecto, si no lo anulo antes, se pondrá en marcha solo. HAL ha situado la nave en posición y vamos a iniciar la fase más peligrosa: La recuperación del módulo.

Tras una última comprobación, tan estéril como las anteriores, bajamos el escudo de la escotilla de carga G, la más fácil de proteger en caso de necesidad. Con el lazo de tracción atraemos el módulo al interior. Lo puedo ver en mi pantalla como avanza lentamente hacia la compuerta.

Es de sobra sabido la cantidad de recursos y energía que requiere un equipo de teletransportación, por eso, en misiones de esta naturaleza, la nave no dispone de ellos si no que se destinan a mejorar otras necesidades como la velocidad y el mantenimiento. Además, nunca me han gustado. No es la sensación de cosquilleo que recorre tus moléculas mientras te deshaces en origen y te reconstruyes en destino. Ni el peligro de error en el proceso. Es la sensación de que tu yo muere para reaparecer en forma de otro igual a ti pero que ya no eres tú, sino otro: una copia de ti mismo.

La operación se realiza correctamente. Sólo ha entrado el módulo; ni visitas ni regalos indeseados. Establezco la cuarentena preceptiva. Armagedon sigue en espera.

ii
No termino de creer que realmente sólo tenga ante mi un naufrago espacial. No ha sucedido nada. He desactivado Armagedon y seguimos en ruta hacia el cinturón de Denorios sin el menor indicio de la presencia de fuerzas cardasianas o de los Jem’Hadar.

El espécimen recuerda a los cardasianos aunque su región frontal y nasal parecen tener un desarrollo diferente. Su porte es señorial, desde luego un alto dignatario. Se mantiene en hibernación viable dentro de una cabina que, evidentemente, no es un módulo de supervivencia. Es mucho más pequeña. Dispone del equipo mínimo para mantener el estado vegetativo indefinidamente. La señal parece que proviene del propio individuo y no de la cabina, que no dispone de ningún mecanismo de dirección ni de propulsión, aunque tiene unas abrazaderas que quizás sirvan para unirla a un armazón mayor. No parecen ni forzadas ni rotas. No presenta arañazos ni alteraciones en su estructura que indiquen un accidente o una situación de emergencia. Aún más, parece que hubieran lanzado al espacio sólo la cabina, aprovechando el sueño helado del...

Un escalofrío ha recorrido mi espina dorsal poniéndome los pelos de punta con el arrebato del recuerdo:

- ¡El durmiente tiene que despertar!

iii
La deshibernación no esta siendo fácil. Afortunadamente tenemos a Apolo que ha conseguido interpretar los códigos del procesador y ha invertido el flujo de la fase. HAL, por su parte, ha determinado ya tres de las cinco claves de la contraseña. Debemos tener las otras dos cuando termine el flujo de la fase para poder finalizar el proceso. Si no es así, morirá. No me parece lógico que exista una contraseña iniciado el proceso. En realidad ni siquiera es lógico que haya un mecanismo tan complicado para finalizar una hibernación. Sólo una persona nos podrá dar la respuesta.

Por suerte, la navegación sigue siendo tranquila.

iv
Tenemos el cinturón de Denorios a la vista y la cuarta clave identificada, el flujo de fase está a punto de terminar y seguimos sin tener rastro de nave alguna. Parece que la fortuna, esquiva hasta el momento, nos sonríe en la etapa final del viaje. En dos jornadas alcanzaremos el agujero de lombriz. Sólo deseo que los Jem’Hadar mantengan el dispositivo de vigilancia habitual.

A medida que nos aproximamos, mi instinto está tan hiperactivo que a veces parece como si se separara de mi cuerpo, encrespando y tirando de todos los pelos al mismo tiempo. HAL no encuentra explicación. Las cargas electrostáticas de la nave no lo provocan. “La nave no tiene cargas electrostáticas” me ha respondido.

v
HAL ha descifrado la última clave justo a tiempo. El flujo de fase terminó y el proceso continua correctamente. Se ha iniciado la reposición de líquidos y el aumento de temperatura corporal es regular.

Se acaba de abrir la criocabina. El individuo poco a poco está recobrando las señales vitales y en breve no necesitará soporte biomecánico. La señal Decker proviene de un aparatoso anillo en la mano izquierda.

El sujeto ya no necesita soporte biomecánico. Sus constantes vitales son correctas. Aún sigue profundamente dormido; es cuestión de tiempo que despierte. Le mojo los labios resecos con un poco de olivoaceite especiado. La alarma salta.

- ¿Qué pasa HAL?

- Concentración de naves en la nebulosa cercana.

Corro al puente. La suerte no podía durar tanto tiempo. Miro la pantalla. Allí, en la nebulosa, se apelotonan multitud de puntitos intermitentes. No le tengo que preguntar a HAL. La flota Dominion se encuentra concentrada en el lugar adecuado para que ninguna nave que salga por el agujero de lombriz pueda detectarla. No cabe duda, preparan un gran ataque. Debemos informar a la federación. Nuestra situación es ventajosa; si no tienen naves en la entrada del agujero llegaremos primero. Con un poquito de suerte todavía no nos habrán localizado.

-¡Paz!

La idea, por que no fue el sonido, me golpea la frente justo entre los ojos antes de distribuirse como una sutil corriente eléctrica por todo mi cerebro. No ha sido una sensación desagradable, sólo extraña.

-¡Hola! ¿Cómo te encuentras?

Me giro hacia el, hasta hace poco, durmiente. Me sorprende que su saludo me haya alcanzado en la frente y no en el occipital pero, la verdad, nunca he terminado de comprender los mecanismos de la telepatía.
- Algo cansado

- Puedes hablar si te supone menos esfuerzo. Tenemos traductor simultaneo.

- Gracias por recogerme. Esto os pertenece. – Dijo tendiendo la mano del anillo que suavemente levitó hasta la mía.

- ¿Realmente es de la unidad Decker?

- Una parte de ella. La unidad Decker me la entregó para que, llegado el caso, pudiera contactar con vosotros. Ese día ha llegado.

- ¿Quién eres?

- Soy Elk’Esoy...

vi
Elk’Esoy me cuenta - si es que se puede definir así la información transmitida telepáticamente- su historia mientras seguimos ruta; ya estamos muy cerca del agujero de lombriz y la flota Dominion se ha puesto en marcha sin importarle nuestra presencia; eso me preocupa aunque el té especiado que nos tomamos y la “conversación” ayudan a disminuir la angustia de la incertidumbre.

La historia es tan increíble que no puede dejar de ser cierta. Resulta que HAL tenía razón, es un preboste de la civilización Heltiana; en realidad, es el preboste. El que organizó y ejecutó la gran migración del viejo continente de Cardassia prime al nuevo continente. El que, cansado de la destrucción a la que condujo el mal uso de los poderes telepáticos y telequinésicos de su especie, aprovechados por algunos individuos para abusar de los más débiles, condujo a la diezmada población hasta su nuevo hogar, para luego, agotado, someterse a una hibernación lo suficientemente larga como, para cuando despertara, volver a disfrutar de una civilización floreciente y pacífica como la que deseaba.

La unidad Decker le encontró casualmente en unas ruinas donde tuvo que refugiarse. El relato completo de estos acontecimientos figuran en la memoria de HAL y por supuesto en la unidad Decker, caso de que haya sobrevivido. Sólo quiero señalar que tras no pocas peripecias consiguió el reconocimiento entre los suyos y fue él, el que los convenció de lo importante y beneficioso de una convivencia pacífica con el resto de civilizaciones. “La guerra no puede ser el pretexto de una civilización” es la idea que más ha repetido en su relato. Gracias a él, se inició el contacto con la federación y con el Dominion. Al Dominion le ofrecía la curación de la terrible enfermedad que asola a los fundadores, a la federación un tratado de cooperación. Pero los dirigentes de su pueblo no estaban conformes con la pérdida de poder a la que se veían abocados, menos por un mito del pasado que había revivido convirtiéndose en una especie de dios para sus súbditos y que ponía en entredicho todas sus actuaciones. Confabularon con los agentes de Dominion y uno de los fundadores le sustituyó, mientras que a él, no atreviéndose a eliminarle, le arrojaron al espacio para que durmiera un sueño eterno. Afortunadamente tuvo tiempo de activar la unidad Decker antes de ser hibernado.

vii
Elk’Esoy está descansando en el sillón automoldeable; no ha tenido tiempo suficiente como para superar el jetlag de la hibernación. Se quedará en deep space, protegido, hasta aclarar la situación con los cardasianos. Mientras, le conviene recuperarse. Curiosidad: Ronca suavemente.
La flota dominion mantiene el rumbo hacia el agujero de lombriz sin prisas ni pausas. No parecen interesados en interceptarme. Sólo lo puedo explicar si me están esperando en la entrada que ya tengo a la vista, pero HAL no consigue localizar nave alguna, ni camuflada ni descubierta. No los creo tan locos como para iniciar un ataque dentro del agujero, que puede terminar con el único agujero de lombriz estable conocido hasta el momento. Tal vez se creen tan fuertes como para no importarles mi presencia. Pronto lo sabremos.

viii
Hemos entrado en el agujero de lombriz sin novedad. Espero llegar a la salida de la misma forma. Hasta la fecha es el único conocido que te permite entrar y salir por sitios concretos. Todos los demás se mueven en el espacio, así que sabes por donde entras pero nunca por donde sales… si sales. Sus paredes son muy inestables y cualquier pequeña alteración los puede transformar en agujeros negros. No conozco a nadie que haya salido de un agujero negro, por lo que estoy más tranquilo en el interior de éste pensando que no se atreverán a atacar aquí. Cuando salgamos será una pequeña carrera hasta deep space que, con suerte, ya habremos puesto en alerta.

Tengo los pelos que parecen púas de erizo, mi instinto está eufórico. No sé si es debido al rápido pasar por esta especie de tubo nuboso, si son los giros que da la nave para mejor mantener el rumbo y ganar distancia a nuestros perseguidores, como una bala en un cañón, o los efectos de la mayor ingesta de especia los que me dan la sensación de que los pelos van a salir disparados de un momento a otro.

ix
Estamos en la mitad del túnel y nos dirigimos a toda velocidad hacia la salida. La flota dominion no tardará mucho en alcanzar la entrada. Tenemos que darnos prisa.

x
El brinco que he dado en el asiento, como si algo se hubiera desgajado de mí, no ha sido por el súbito frenazo de HAL que ha despertado a mi pasajero.

No.

Delante de nosotros, dirigiéndose a la salida, se encuentra reunida toda la flota cardasiana...

Cuaderno de bitácora

XII


Si HAL no llega a frenar a tiempo les hubiéramos embestido por detrás. Parece que se están parando. Están todas. Naves de la clase keldon e hideki, todos los modelos de la clase galor destacando, por su abundancia, los de clase 3, los más poderosos. Apenas distingo transportes. ¡Va a ser un ataque conjunto y masivo contra la federación! ¡Y nosotros en medio de las fuerzas enemigas!

- La salida está minada. Están intentando desactivarlas mediante el escaneado de las frecuencias.- Comunica HAL.

- (La federación estaba preparada. Bueno, algo es algo. ¿Y ahora nosotros que hacemos?)- No he terminado el pensamiento cuando una idea a mi espalda contesta.

- ¡Quizás nuestro amigo tenga la solución!-

ii
- ¿Qué amigo? – Me vuelvo hacia Elk’Esoy. Con estupor observo a su lado una especie de sombra, mi sombra, que se mueve autónomamente y despacito parece ganar grosor. Después de todo, sí se me había caído algo. Poco a poco, lo que sería la cabeza se despega del suelo, doblándose como papel de fumar hacia los pies para después, sin ayuda de manos ni brazos que parecen flotar impelidos por una ráfaga de viento, ponerse de pie, venciéndose hacia un lado, dando un par de pasos para mantener el equilibrio y finalmente enderezarse, en medio de un gemido ululante. Su rostro fantasmagórico me trae el recuerdo del que vi en el planeta Espectría, pero mucho más vigoroso y saludable. Está cambiando. Ahora simula el rostro de un anciano venerable, afable y sonriente. ¿De qué me suena? ¡La leyenda Bajorana!

- Naves de guerra cardasiana en ruta de interceptación. – HAL siempre tan indiferente...

iii
Cómo un destello. Visto y no visto. Ha desaparecido todo lo que tenía delante. Todo no; también está Elk’Esoy que telepáticamente me intenta tranquilizar. ¡Ni que fuera fácil! Estoy como en una nube. ¿Y la nave? ¿Y el agujero de lombriz? ¿Y las naves cardasianas? ¿Y la flota dominion? ¿Estoy muerto?

- No. Tranquilo.- El pensamiento de Elk’Esoy golpea con suavidad mi cerebro provocando esa especie de cosquillas.

- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos?

- Gracias por regresarme a casa.- Esa voz interior tan familiar…¡Mi instinto!

- No. Era yo el que te susurraba.- Delante nuestro se materializa la figura del mismo anciano fantasmagórico de la nave, aunque parece que ha aprovechado el instante para darse una ducha y ponerse ropa limpia, está radiante. Lo de la ducha como lo de la ropa es un decir, ahora que me fijo estamos cubiertos por unas especies de sábanas blancas a modo de peplos, livianas y casi transparentes que nos dan un aspecto ridículo. ¿Para qué servirá el alfiler?

- Gracias por encontrarle y traerle de vuelta.- Un grupo de ancianos igual de fantasmagóricos que el primero aparecieron a su lado.

- ¿Quiénes sois?

- Los habitantes de este mundo. Vosotros nos conocéis como los profetas.- ¡La leyenda bajorana es cierta! No es sólo una religión más. Los profetas del Templo Celestial existen así que…

- ¿Entonces, esto es el Templo Celestial?

- Así lo conocéis en vuestros mundos.

- Es un gran honor que los celestiales profetas se dignen recibir a estos humildes pecadores en su morada.- El pensamiento de Elk’Esoy toma forma de sonido y aunque permanecemos erguidos el efecto es más intenso que la más profunda de las reverencias.

- Sólo los elegidos tienen la posibilidad de visitarnos.- Aunque el comentario parece positivo y el pensamiento de Elk’Esoy está lleno de alegría y esperanza e irradia paz y tranquilidad no consigo sacarme una espinita de recelo. Será porque siempre que he sido elegido ha sido para algo tan peligroso que nadie quería hacer.

- Tú has salvado a uno de los nuestros y lo has traído entre nosotros. Tu hazaña será eternamente premiada. Además has conducido a Elk’Esoy para que pueda terminar la misión que le fue confiada. Tu recompensa por ello será grande. Pero antes… -

Con otro destello aparecen un grupo de oficiales cardasianos, un vorta y varios Jem’Hadar que permanecen tan atónitos y confundidos como lo estaba yo hace un momento. No puedo disimular una sonrisa al ver a los Jem’Hadar con peplo; por fortuna, al igual que los demás, no van armados y no les ha dado tiempo –y eso que sus respuestas son el triple de rápidas que las humanas- a reaccionar.

Uno de los oficiales cardasianos tiene mal aspecto, parece enfermo. El vorta parece preocuparse por él y los Jem’Hadar parecen más interesados en protegerle a él que al vorta. Esa actitud me sorprende. La cara del cardasiano me resulta familiar. ¡Un momento!. Me giro para confirmar mis sospechas. ¡Es idéntico a Elk’Esoy!

iv
Elk’Esoy avanza hacia el grupo.

-¡Paz!- El pensamiento retumba en mi cabeza. El vorta y los Jem’Hadar le miran indiferentes, mientras el resto parecen no dar crédito a sus ojos y vuelven la mirada a uno y otro lado para comprobar que los dos individuos son iguales. Uno de los oficiales cardasianos cae de rodillas, si eso es posible en esta especie de nube.

-¡Ya no es necesario que te ocultes!- El gesto majestuoso se dirige hacia el cardasiano enfermo, que rápidamente empieza a transformarse en un gelatinoso humanoide. ¡Es un fundador! Y está muy enfermo, manchas y úlceras cubren todo su cuerpo.

- ¡Deja que te cure!- Le separan unos pasos del fundador y los Jem’Hadar hacen un intento de tapar a su amo, pero el vorta les detiene. Elk’esoy no se acerca. Desde la distancia empieza a mover las manos como en una especie de sortilegio o de masaje, que me recuerda la manera en la que los indígenas primitivos amasan tortas. Los efectos en el fundador son inmediatos, como si realmente le estuviera tocando con las manos, su superficie se hunde y deforma, va adquiriendo una forma de bola que luego es aplastada para formar un disco y ser lanzada, girando, por encima de nuestras cabezas, para ser recogida según cae y volver a repetir la operación un par de veces más. Desde luego, esa cura a un sólido, como nos llaman ellos, no le dejaría el esqueleto para muchos trotes. Ha terminado. El fundador adquiere forma progresivamente, las manchas y las úlceras han desaparecido. Su aspecto es mucho más saludable.

- ¡Ve con los tuyos y cuéntales lo que ha sucedido! Pronto me reuniré con vosotros y os llevaré la cura prometida. La condición no ha cambiado: La guerra no puede ser el pretexto de una civilización.-

El fundador, el vorta y los Jem’Hadar desaparecen. Esta vez no hay destello, simplemente se volatilizan. ¿Realmente han estado alguna vez? Sí, los cardasianos siguen aquí.

- ¡No lo consentiré! ¡Toda mi vida luchando por conseguir el poder absoluto y la gloria y ahora que casi la alcanzo, tú, un santón mitológico que debía estar muerto hace eones, me lo impides! ¡No lo consentiré! ¡Arderás conmigo en el Arallu!-

El cardasiano que está de rodillas se abalanza sobre Elk’Esoy. No llega lejos. Donde pisa se abre un agujero del que sale una lengua de fuego que le abraza y le arrastra con un grito que lentamente se va perdiendo. Una caída eterna hacia el Arallu.

- ¡Las malas acciones os retornarán por duplicado! ¡Aprended la lección!- Conmina Elk’Esoy a los demás cardasianos.

- ¡Ahora id y avisad de mi regreso!-

Los cardasianos han desaparecido nada más terminar la frase. Sólo quedamos Elk’Esoy y yo. No sé en que momento desaparecieron los profetas, todo ha sido muy rápido. Tampoco me atrevo a moverme después de ver lo que le ha pasado, lo de estar en una nube sin saber donde pisas es realmente peligroso.

- Gracias a ti y a tu denuedo conseguiré terminar mi misión y ningún pensamiento es lo suficientemente poderoso como para expresarte mi agradecimiento.- (¡Increíble! ¡Está hablando en inglés!)- Pero quiero pedirte que hagas algo más por mí. Avisa a los tuyos de mi venida. Una era de convivencia pacífica se debe abrir entre nuestras especies.-

Dicho esto, Elk’Esoy desaparece también.

v
¡Me he quedado solo en medio de esta nube! ¿Y ahora qué? ¿Cómo salgo de aquí?

- No estás solo. – Contesta mi instinto. Bueno, no; es el profeta que se me adosó, pero ¿cuándo?, ¿dónde?

- Tu sonda me recogió cuando estaba tan débil que no tenía fuerza para regresar por mis medios. Estaba estudiando las causas de la perturbación cósmica cuando tuve un accidente. Pude salir de la sonda cuando el compartimento de carga sufrió desperfectos mientras atravesábamos un orificio dimensional. Cuando perdiste el conocimiento me uní a ti. Gracias a tu espíritu, he conseguido sobrevivir y recuperarme. Gracias a ti, estamos aquí.

- No ha sido nada. Cualquiera hubiera hecho lo mismo. ¿Y qué pensáis hacer conmigo?- Un grupo de rostros ancianos ha aparecido flotando entre las nubes.

- Serás recompensado adecuadamente. Nuestro agradecimiento es eterno. Pero queremos pedirte otro favor, antes de tu regreso definitivo.-

- ¿Qué quieren decir con regreso definitivo? ¿A casa?

- Queremos que le entregues esto a nuestro representante Sisko- Responden ignorando la pregunta. Delante de mí, aparece un globo precioso, de color... quizás rojo o quizás verde, no lo puedo determinar, debo estar desarrollando ceguera para los colores. ¡Tanto tiempo en el espacio! Quizás es que cambia de color. Es un orbe. Algo he oído hablar de ellos. Su belleza es casi hipnótica.

-¿Y qué...?- No he podido terminar la frase. Cuando he separado la vista del orbe me he quedado paralizado: ¡Estoy en mi nave!

Cuaderno de bitácora

XIII


Estoy solo. En mi nave. Todo parece un sueño. Tiene que haber sido un sueño. Pero no. Tengo el orbe de color indefinido en mi mano. Con inseguridad digo: “¿HAL?”

- ¿Sí?- Nunca hubiera sospechado que algún día me fuera a alegrar tanto escuchar la voz de HAL.

- ¿Qué ha pasado?-

- Las naves cardasianas de interceptación están virando. Vuelven a la formación.

- ¡No, no! ¿Qué ha pasado antes?

- ¿Puedes concretar? Antes nos iban a interceptar. Pero antes paramos porque teníamos la flota cardasiana delante, y eso que íbamos a toda velocidad porque llevamos la flota dominion persiguiéndonos. Antes…

-¡No, no! ¡Para! ¿Qué ha pasado desde que se materializó mi sombra, desde que desaparecimos? ¿Dónde has estado? ¿Ha sucedido algo raro?

- Tus preguntas son difíciles de procesar. ¿Te encuentras bien? Es evidente que hemos estado aquí, en el agujero de lombriz que estamos cruzando. No tengo constancia de que se haya materializado nada. Elk’Esoy ha desaparecido en el momento en que he comunicado que nos interceptaban naves cardasianas, que, inmediatamente después, han dado la vuelta. Deben disponer de algún mecanismo de teletransporte que desconozco y que supera nuestras defensas. Sugiero activar Armagedon.

- No, no. Deja Armagedon tranquilo. ¿Dices que he estado aquí todo el tiempo?

- Afirmativo.

- ¿Entonces, cómo ha aparecido esto?- Sopeso el orbe delante de uno de sus terminales sensitivos.

- ¿El qué? No tienes nada en las manos. Debería hacerte un chequeo. Tu pulsera ya está naranja.-

¡Increíble! ¡HAL no es capaz de distinguirlo! La tecnología de los profetas es asombrosa. Tal vez tenga que ver con el color indeterminado ora rojizo ora verdoso del orbe. Y tiene razón, la pulsera tiene un bonito color rojo mandarina. Debemos darnos prisa.

- No perdamos más tiempo HAL. Rumbo deep space.

- ¿Y la flota cardasiana?

- No te preocupes por ella. Nos dejarán pasar.

- ¿Y las minas?

- Ya improvisaremos. Adelante. Mientras me tomaré un té.
Siento un extraño placer tomándome la infusión especiada, con los pies apoyados en la consola pese a la desaprobación de HAL, mirando por las pantallas panorámicas las naves que, precisas, se apartan de nuestra derrota abriéndonos un corredor entre sus líneas. Nunca antes he visto tantas reunidas, de tantos modelos variados, y nunca había imaginado poder contemplarlas desde tan cerca sin miedo a un ataque letal.

Hemos llegado a primera línea. La nave almirante nos cierra el paso.

- ¿Qué hacemos? Las minas siguen activadas. Intentar cruzar el campo activo es un suicidio.-

- Espera un poco HAL.-

- No entiendo la actitud de los cardasianos, primero se preparan para un ataque contra la federación, luego en vez de destruirnos nos dejan pasar.

- Seguro que tienes alguna hipótesis de trabajo.

- De mayor a menor probabilidad puede que… ¡Espera! Han dado con la frecuencia. Las minas han sido desactivadas. La nave almirante se aparta.

- Entonces, no esperemos más. ¡Velocidad de crucero, HAL! Escudos a media potencia, no quiero que una mina defectuosa nos estropee el fin de fiesta.

ii
La federación a minado a conciencia la salida del agujero. Deben saber lo que se les iba a venir encima. Afortunadamente, ya solo habrá que limpiarlo. Empujadas por los escudos, las minas se apartan de la nave golpeándose entre sí como bolas de billar. Por suerte, los mecanismos de seguridad hacen que, una vez desactivadas, sea casi imposible que exploten. Aunque nunca me he fiado de ese casi.

iii
Por fin estamos llegando a la salida. He puesto los escudos a toda potencia y disminuido la velocidad. Supongo que la Federación esperará en la salida otro tipo de viajeros y no quiero ser presa del fuego amigo.

A través de todas las frecuencias mando señales amistosas y mi código de identificación federal. Lo del código no me hace gracia. Aunque HAL diga que órdenes son órdenes y que estamos obligados a emitirlo para identificarnos con el resto de la Federación y que estadísticamente es mucho más seguro que el no enviarlo y un millar de razones más, si yo estuviera esperando el ataque de un aluvión de naves de combate pensaría que se trata de un señuelo para descubrir mis cartas. Dentro de poco saldré de dudas.

iv
Los escudos han soportado bastante bien el impacto de aviso. He parado máquinas. Aunque en la salida solo hay una nave, los sensores muestran que el agujero está completamente rodeado. La batalla hubiera sido terrible para todas las partes. HAL es incapaz de determinar quién hubiera salido vencedor en el enfrentamiento. De hecho, el resultado más frecuentemente obtenido en las simulaciones es el aniquilamiento de las flotas.

La pantalla azul deja paso a un rostro familiar.

- Aquí el USS Voyager a nave desconocida. ¡Identifíquese!
...

- Aquí la nave Descubrimiento. ¿Para qué quiero un código de identificación si ya no te acuerdas de mí, Janeway?
...

- ¿Cómo sé que no eres un impostor?

- Sabes que te debo la vida. Tómala si quieres. ¡HAL baja escudos!

- No será necesario si respondes correctamente a esta pregunta: ¿Cuál es mi sueño?

- Me gustaría responder que yo, pero no sería cierto. Tu sueño es... ¡El factor 10!

-¡Triquirk! ¡Eres tú!
...
vi
El encuentro ha sido mucho más corto de lo que me hubiera gustado. No he podido ni compartir taza de té especiado ni visitar su cuarto de actividades, ni mucho menos sudar con ella practicando el esquí. ¡La responsabilidad del mando! ¡Otra vez será!

Se ha alegrado mucho al enterarse del giro que han tomado los acontecimientos y de la inminente llegada de la comitiva cardasiana para iniciar las conversaciones que conduzcan al establecimiento de unas sólidas relaciones comerciales y culturales, basadas en el respeto, conocimiento y ayuda entre las distintas realidades de los diferentes pueblos, que constituyan los fundamentos de unos lazos de amistad y progreso que bla, bla, bla. ¡Qué la aburran ellos! Nos hemos despedido con un formal ¡Hasta pronto!

vii
Las noticias en el espacio parecen volar a veces. Aunque deep space sigue en estado de alerta, en su interior se respira un gran ambiente de fiesta. Odo y Basili me conducen hasta el despacho de Sisko que me está esperando. La flota les ha comunicado mi llegada.

Sisko es una gran persona. Tuvo una mala racha cuando perdió a su familia en una de tantas crisis militares de nuestras colonias, pero ya la ha superado. Es equilibrado y responsable, justo y decidido. El líder que necesita esta Babel moderna.

Está muy sorprendido. Hasta que no le he entregado el orbe, no ha desaparecido esa expresión de incredulidad y asombro de su rostro. Parece estudiarlo con detenimiento. Imagino que, como yo, estará perplejo por su color impreciso ora rojo ora verde. Está cambiando. El color toma una tonalidad púrpura para pasar a un morado que cambia a un azul oscuro con finas rayas paralelas azules y rosas y.. ¡Un fogonazo! Estoy deslumbrado.

Cuando recupero la vista, Sisko está de pie. Me mira con rostro preocupado. El orbe permanece a un lado. Midiendo mucho sus palabras, comienza a hablar...

Cuaderno de bitácora

XIV


… Su voz refleja una gravedad extrema.

- Cada cinco milenios se abre una puerta entre dimensiones y el mal viene al mundo a destruir la vida en forma de orbe que surca el espacio y el tiempo. El caos cósmico en el que se vio envuelto el profeta tuvo este origen.

Sisko guarda silencio un momento. Tal vez pensando lo próximo que va a decir, tal vez esperando que valore plenamente su significado.

- Un astronauta regresó a su planeta con un extraño obsequio y una promesa: Una misteriosa esfera verde que les conduciría hasta el submundo. Como prueba de ello y del poder que alcanzarían, el astronauta volvió transformado en un semidiós. El pueblo necróforo le reconoció como líder y partieron en busca del submundo. Su camino, sembrado de muerte y destrucción, sólo pudo ser parado por un furiano indomable ayudado por el profeta. Pero el orbe consiguió escapar y el profeta quedó tan debilitado en su intento de detenerlo como ya sabes. El furiano intentó recuperar el orbe: fue inútil; el orbe sólo puede ser vencido por una Tarkiana. Pero el orbe es cobarde, tuvo miedo y buscó otro cuadrante y otra época donde llevar a cabo sus designios. En su tránsito hacia una puerta Iconiana de transporte inmediato sembró las semillas de la guerra que, de no ser por tu ayuda, hubiera destruido toda la vida existente en esta dimensión.

Empiezo a tener la impresión de que, si lo conservara, mi instinto me pondría los pelos de punta.

- Pero ahora se encuentra en otra dimensión intentando conseguir lo que en ésta no consiguió. Sólo hay un modo de detenerle: Usando el quinto elemento. Sin embargo, creemos que ha sido destruido por los aliados del mal. Hace unas horas hemos recogido al único superviviente de la nave que lo transportaba. Según los profetas será quien guíe a la humanidad hasta la salvación o si no será la destrucción final de todas las dimensiones.

¿Por qué me temía algo así? Y claro no puede ser de otro modo...

- Sé que no tengo derecho a pedirte esto y que tal vez prefieras pasar el tiempo que te resta de otra manera.

Malo, malo...

- No lo haría si no supiera que eres el único capaz de conseguir el máximo de tu nave. El único capaz de mantenerse a factor nueve el tiempo suficiente para alcanzar la puerta iconiana en el momento adecuado. El único al que Picard creerá cuando escuche esta historia increíble...

- ¿Picard? ¿No se había jubilado hace más de un lustro? Al grano. ¿De qué se trata?

- Hay que llevar al superviviente a la nave de Picard. Entenderé que te niegues.

¡Otro viaje temporal! ¡Ahora! No puedo dar crédito a lo que oigo. ¿Esta es la recompensa de los profetas? Desde luego no era el recibimiento que esperaba. Mi pulsera empieza a adquirir un rojo vivo.

- No me dará tiempo. Habrás visto el color de la pulsera.
- Los cálculos indican que sí lo tienes, muy justo, pero lo tienes. ¡Eres nuestra única oportunidad!

ii
De nuevo, una carrera contra el reloj. Mi reloj. ¡Imperdonable! Me las pinto como nadie para verme envuelto en todos los marrones. Tengo que alcanzar otro mito en un tiempo récord. ¡Nada menos que una puerta iconiana de transporte inmediato!

Con HAL estudio sus coordenadas y la escala de velocidades que tenemos que conseguir para alcanzarla en el momento adecuado. Es muy difícil pero no imposible. No nos podemos permitir ningún retraso. Por suerte, la situación en el cuadrante es pacífica; en otro momento, el objetivo hubiera sido inalcanzable.

Una vez establecida la ruta hemos partido inmediatamente. Tendremos que mantener un factor nueve más tiempo del recomendable. Los motores se sobrecalentarán pero HAL es optimista: No se fundirán.

El módulo de hibernación de mi pasajero aún no se ha abierto. No sé que aspecto tiene. En deep space hemos dejado el que trajo a Elk’Esoy. Su presencia no suponía diferencia para nuestros objetivos de velocidad pero he querido tener espacio suficiente. Durante el trayecto vamos a ensamblar la nave furiana en el compartimento de carga; me gusta esparcir los circuitos y paneles por el suelo así que mientras menos estorbos tenga, mejor.

He triplicado las dosis de especia. La tomo ya no sólo en el té, también en la comida, como rapé, e incluso nebulizada. Me hace sentir bien, retrasa el envejecimiento y tengo la sensación de que afina mis habilidades y aumenta la velocidad.

La unidad de memoria del androide está casi lista. Dentro de poco pasará a la impresora. Tengo prisa por ver el resultado final. Luego habrá que descargar los datos. ¿Cómo? Espero que se nos ocurra algo.

iii
Estoy en el compartimento de carga trabajando en la nave furiana. HAL me avisa que el proceso de hibernación ha concluido de forma correcta. La criocámara se ha abierto y se ha procedido a la descontaminación. Voy a recibirle. En breve conoceré a mi pasajero. ¡Qué emoción! ¡Se abre la compuerta! ¡Se dispersan los vapores! ¡Ahí está! ...

- ¡Guaaaauu!

Tengo la boca tan abierta que se me puede desencajar la mandíbula. Nunca hubiera imaginado nada igual. No encuentro palabras. No tengo pensamientos. Sólo su imagen grabada en la retina. Se acerca a mi.

-¡Hola! Soy Taarna

iv
Con la garganta tan seca que apenas pude pronunciar mi nombre, la acompañé hasta el puente. Espero que sólo sea debido a la impresión y no al color rojo sangre de la pulsera.

Una taza de té especiado me hace sentir mejor y es del agrado de mi pasajera. Entre sorbo y sorbo, me narra las incidencias de su viaje y la importancia de su misión. ¡Quién iba a decir que en ese cuerpo hermoso se oculta una guerrera que vale por un ejercito! Una vez que termina su historia, le comunico lo que ha sucedido desde que abandonó su nave y nuestro destino. Pese a entristecerle la pérdida de sus compañeros, parece feliz de poder continuar con su cometido.

Está cansada después de la hibernación y las tirillas de su vestido la están matando.

- Me gustaría darme un baño. -

La acompañé al cuarto de actividad de la nave. El Descubrimiento, como todas las naves de exploración del espacio profundo, dispone de un cuarto de proyección holográfica en el que los tripulantes pueden realizar sus actividades favoritas; en nuestro caso, su instalación no era prioritaria por lo que se optó por aprovecharlo como alberca, así nuestro cuarto únicamente dispone de actividades acuáticas, pero cada vez que me baño puedo hacerlo en una playa o en un río diferente. Le explico el mecanismo de funcionamiento antes de volver al departamento de carga.

- ¡Espera! ¡No me dejes sola! -

...

v
El trayecto a la puerta ha transcurrido sin incidencias en el tiempo previsto. Aunque la duración prevista era poca, se me ha hecho muy corto.

Y no sólo porque con la ayuda de Taarna la maqueta de la nave furiana está terminada. Lo único que nos falta por hacer es probarla, aunque todos los ensayos indican que sus sistemas responderán perfectamente y las simulaciones efectuadas por HAL han sido todo un éxito.

Ni porque también tenga el dispositivo de memoria del androide. Parece un platillo volante. No tengo ni idea de cómo vamos a obtener su información. Carece de mecanismo para transferirla. Es como si hubiera que introducirlo en algún tipo de lector. Apolo está trabajando en ello.

Si no porque me hubiera gustado disponer de más tiempo para disfrutar de los placeres de su compañía.

vi
Hemos atravesado la puerta iconiana que nos ha transportado inmediatamente a las proximidades del U.S.S. Enterprise NCC-1701-E de Picard. Picard es un viejo conocido. A Data y HAL les gustaba mantener - en aquella época y supongo que si las circunstancias lo permiten en ésta - debates absurdos sobre sentimientos y cosas así.

Tras la identificación de rigor, Picard se ha teletransportado hasta mi puente donde se ha reunido con Taarna. Tras el encuentro y a toda prisa ha tomado rumbo hacia la Tierra que inminentemente va a sufrir el ataque de los Borj. Es la primera vez que veo a Picard desobedecer las ordenes expresas que le ha dado la Federación de no intervenir, ante el miedo que les inspira el que pueda ser influido por la reina Borj; siempre ponen en duda que la asimilación de los Borj sea reversible y Picard cayó en sus manos.

Para mi sorpresa Taarna se ha quedado en mi nave y me pide que la lleve hasta la zona. Indudablemente, hacerlo implicará no volver a tiempo..., no volver. Pero es la mejor proposición que me han hecho hoy y HAL se puede apañar solo para regresar.

- ¡HAL! Rumbo Tierra. Factor 9.

vii
Hemos llegado a la Tierra. El cubo Borj ha destruido casi toda la flota estelar y la Tierra está perdida. La nave es inmensa. Es la nave más grande que he visto. En su interior podrían entrar perfectamente varias de las naves necróforas. El cubo perfecto apenas parece resentido por el ataque de la Federación. Parecen moscas alrededor de un elefante que son aplastadas una tras otra. Acaba de llegar el Enterprise. Picard toma el mando de la situación y concentra el fuego aliado sobre un punto de la nave Borj. De forma sincronizada con el Enterprise disparamos lo pocos torpedos de fotones que monta el Descubrimiento. ¡Impacto directo! ¡El cubo Borj se está destruyendo! ¡Hurra! Pero…¿Qué es eso? Una nave de escape Borj está abriendo un agujero en el espacio-tiempo. El Enterprise se lanza en su persecución. Taarna me sacude del brazo.

-¡Mira! ¡Allí!

Una esfera verde ha salido disparada del cubo.

-¡El orbe!

-¡Tengo que detenerle!

Taarna se ha lanzado hacia el pasillo que conduce al compartimento de carga. Corro tras de ella. Es inconcebible la rapidez de esta chica. No me parece buena idea lo que va a hacer. No consigo alcanzarla. Desesperado grito:

-¡Espera! ¡Todavía no la hemos probado! ¡Sigue siendo una maqueta!

-¡Todos los tests han sido correctos! ¡Funcionará!

-¡Taarna tu no puedes detenerlo! ¡Ya fracasaron el furiano y el profeta!

Taarna sale de la cabina del prototipo furiano. Sensualmente, como sólo ella sabe hacerlo, me abraza haciéndome sentir todo su cuerpo como si fuera una extensión del mío. Me besa. Es un beso apasionado y tierno, lleno de energía y esperanza, lleno de amor y sexualidad. Un beso de despedida. Un beso de comienzo.

-¡No fracasaré!- Me susurra mientras dulcemente regresa a la cabina e inicia la secuencia de lanzamiento. Mientras la nave discurre por la rampa me grita:

-¡Llevo sangre de Tarok en mis venas!

A través de la esclusa de salida veo como desaparece el bólido furiano en persecución de un minúsculo punto verde. Allá va Taarna, de la sangre de Tarok. Allá va Taarna la Tarkiana. Allá va la ilusión de mis últimos días.

Cuaderno de Bitácora

XV


En el puente de la nave Descubrimiento. Tomándome la última taza de té especiado. He dejado atrás la Tierra y los restos de la flota federal que esperan el retorno del Enterprise. Regreso a la puerta iconiana. Regreso al hogar. Me siento muy cansado. He cedido el mando completo de la nave a HAL que no consigue sacarme de este sopor que me abotarga.

Ya sólo me quedan los recuerdos. Los profetas cumplieron su promesa. En la última singladura encontré la felicidad. Mis últimos recuerdos serán de ella, de nosotros.

La primera vez en la bañera. ¡El trabajo que me costó sacarle el oxido entreverado en su pelo! Como una sirena saliendo del agua o tumbada en la arena. Y su compañía después del baño, ya sequita…

Estoy muy cansado. HAL me comunica que la puerta ya está a la vista llegaremos en una jornada. Es gracioso. Veo a mi instinto que me está esperando con los brazos abiertos. Mi recompensa será eterna me dijo. Bien, allá voy.

Apolo ha descubierto la forma de descargar la información de la unidad de memoria del androide, me va a poner un archivo para animarme. Lo necesito. El color de mi pulsera indica que en veinticuatro horas habré dejado de existir. En algún lugar la serie 4.1 ocupará mi lugar. Una música comienza a sonar.

“We had a lot of luck on Venus
We always had a ball on Mars
Meeting all the groovey people
We've rocked the Milky Way so far
We danced around with Borealice
We're space truckin' round the stars
Come on let's go Space Truckin'

Remember when we did the moonshot
And Pony Trekker led the way
We'd move to the Canaveral moonstop
And everynaut would dance and sway
We got music in our solar system
We're space truckin' round the stars
Come on let's go Space Truckin'

The fireball that we rode was moving
But now we've got a new machine
Yeah Yeah Yeah Yeah the freaks said
Man those cats can really swing
They got music in their solar system
They've rocked around the Milky Way
They dance around the Borealice
They're Space Truckin' everyday
Come on”

Ahora, dejadme dormir.


Epílogo

El espacio.

La última frontera.

Estos han sido los viajes de la nave Descubrimiento en una misión de tiempo indefinido, dedicada a la exploración de mundos desconocidos, al descubrimiento de nuevas vidas, de nuevas civilizaciones. Hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar.




En Madrid, 8 de Septiembre de 2006.

04 septiembre 2006

Las crónicas de Triquirk (VI - IX)

Cuaderno de bitácora

VI

¡Estamos de suerte! Esta vez la boca nos ha escupido a un sistema que reconoce HAL, aunque las coordenadas temporales no las ha podido determinar. O más bien sí las ha determinado pero carecen de sentido. Es probable que estemos en otra dimensión pero, al menos, ahora vamos camino de la Tierra.

ii
El espacio infinito... ¿Infinito? No. Infinito, no. En todo caso, inmenso. En esta inmensidad hemos terminado de reparar la nave y todo va como la seda. El viaje va a ser largo pero hemos vuelto a la rutina diaria: Sin novedad.

¡¡¡
HAL ha captado una señal de radiofrecuencia muy distorsionada. ¿Quién usará todavía radiofrecuencias? Ni con la ayuda de Apolo hemos podido determinar su procedencia.

iv
HAL ha traducido el audio de la señal:
-¡Base lunar alfa! ¿Me recibe? Cambio... ¡Conteste, base lunar alfa!...-
¿Base lunar? Si estamos en medio de nada.

v
No hemos captado más señales. No hay rastros de sistemas planetarios ni de naves. Estamos solos.

vi
...Paso las horas jugando al póker con mi ordenador. Llamando a la Tierra. Esperando contestación...

vii
Ninguna señal de vida exterior. Los sistemas funcionan correctamente.

c
Cada vez estamos más próximos a nuestro objetivo. Hemos alcanzado el cinturón de galaxias cercanas.

cli
HAL ha localizado una nave. Parece que se dirige a alguno de los sistemas planetarios próximos a la Tierra y su trayectoria va a pasar muy cerca de nuestra deriva.
Intento el contacto. No obtengo respuesta. Levanto los escudos cuando la distancia entre las naves se acorta. Sigo intentando el contacto. La otra nave también ha levantado sus escudos y sigue sin responder. No me gusta. HAL no ha observado aún intenciones hostiles y sorprendentemente mi instinto permanece tranquilo –no tengo los pelos de punta- pero no me gusta. ¿Por qué no responde? Cuando voy a ordenar a HAL que prepare la respuesta a un posible ataque, Apolo consigue el contacto. La pantalla azul se ilumina, con distorsiones, dejando ver una figura humana. Parece que también está intentando comunicar con nosotros porque mueve la boca y hace pausas esperando la contestación. Creo que todavía no me ve en su pantalla. HAL confirma mi suposición tras leerle los labios. Idioma inglés. Intenta comunicarse con nosotros y parece asustado.
-HAL probemos en Morse arcaico. Usa las luces. Manda un saludo, un mensaje de paz.
¡Lo entiende! Su respuesta es amable y cortés. Al poco de intercambiar parabienes con las luces, conseguimos una comunicación perfecta en nuestros monitores. Parece que el sistema de propulsión de su nave interfiere las comunicaciones a partir de cierta distancia, manteniendo la proximidad el problema está solucionado. Cuando bajamos los escudos, las distorsiones desaparecen completamente.
Parece alegrarse tanto como yo de encontrar un ser vivo. Para celebrarlo me invita a tomar té en su nave. Acepto su ofrecimiento con un escalofrío.
Embutido en mi traje de paseo, cabalgando sobre mi motostar, me aproximo a la escotilla de entrada. Su nave no es muy grande pero sí lo suficiente como para no caber en nuestra bodega, es brillante y pulida, con formas espaciodinámicas, parece aprovechar las radiaciones estelares para conseguir un desplazamiento sorprendentemente rápido. HAL lo está estudiando con sus escáneres.
Aseguro la moto con las ventosas electromagnéticas de vacío en el casco y abro la compuerta de entrada. Entro en la nave. Al cerrar la escotilla, una ducha de vapores me rodea. Se aprovecha como sala de descontaminación; así ganan espacio. Al poco, la gravedad me hace poner los pies en el suelo.
Se abre la compuerta trasera; cuando se difumina la nube de vapor, veo un rostro sonriente.
-¡Hola! ¡Soy el comandante Tom!-

clii
Ha sido una conversación muy agradable e instructiva para ambos. No he probado un té mejor en toda mi vida.
En la sobremesa, le he contado la naturaleza de mi misión y el comandante Tom agitando la cabeza me ha confirmado la información del furiano. Los vacacionalis les atacaron en un tan remoto pasado que ni siquiera sospecha que sean víctimas de tal ataque.
Él, por su parte, me ha contado la historia de su mundo remontándose a muy atrás. A los tiempos en los que el hombre se había dispersado por la galaxia y el imperio florecía bajo el mandato de Cleon I. Al menos, eso creían hasta que un psicohistoriador, de hecho el primero porque fue él quién inventó la psicohistoria, un tal Hari Seldon, previó su derrumbamiento basándose en fórmulas matemáticas y detalles como la falta de alumbrado en alguna de las calles de Trantor. Trantor era la capital del imperio. Todo el planeta era una gran ciudad en aquél entonces y Hari se convirtió en un hereje buscado por todo el imperio. Tras múltiples aventuras consiguió honores y pudo poner en marcha un programa al que llamo Fundación para evitar la desaparición de todo lo que la humanidad había logrado hasta ese momento.
Gracias a Hari, la humanidad consiguió salir adelante pero, cuando todo parecía ir según lo previsto por los psicohistoriadores, apareció un mutante, al que llamaban El Mulo, que estuvo a punto de destruir todo el plan trazado por la psicohistoria ya que conocía el gran secreto de Hari. Según la tradición, poco antes de morir, Hari confió a su hija Wanda su gran secreto, su creación más ambiciosa: la segunda fundación, de la que la primera debía desconocer su existencia. El Mulo quería destruirla pero la leyenda dice que, poco antes de conseguirlo, una mujer consiguió vencerle. De vez en cuando, algún consejero de la primera fundación se pregunta sobre la existencia de la segunda y si habrá sido destruida en caso de haber existido. Por casualidad o más bien porque se vieron obligados a exiliarse, un historiador llamado Jano Pelorat y uno de esos consejeros, un tal Golan Trevize en vez de buscar la segunda fundación partieron en búsqueda de un planeta perdido llamado Tierra. El mito de la Tierra. El planeta origen de la humanidad. “Todos piensan que es una leyenda para niños, pero yo tengo datos de su existencia y creo que la he encontrado”. Me dijo Tom con una extraña mirada.
No puedo reflejar la cara de asombro e incredulidad que puso cuando supo que mi destino también era la Tierra y que conocía el camino. Más aún cuando él pensaba que estaba situada en otro sistema planetario. Le convencí cuando le hablé de la Luna y le enseñé imágenes de ambas. Permaneció unos instantes contemplando el planeta azul. Después, como una descarga de jubilo, gritó un par de hurras.
Ahora tengo compañía en mi viaje.

cc
El tiempo pasa más rápido desde que Tom nos sigue con su nave. Las partidas de póker son mucho más entretenidas. HAL parece un poco celoso.

ccx
¡La vía láctea! ¡Llegamos a casa! ¿Llego a casa? La emoción embarga a Tom.

ccxli
Entramos en el Sistema Solar. No me gusta su aspecto. Plutón ya no es el planeta que conozco, ¡hasta Xena parece tener más identidad que él! No le digo nada a Tom para no decepcionarle. ¡Está tan entusiasmado! Quién sabe, mi instinto está tranquilo, quizás esté todo bien. Pronto lo sabremos.

ccxlii
Nos acercamos a los planetas interiores. Disminuyo la velocidad de avante. Definitivamente algo va mal: Tengo los pelos de punta. Hablo con Tom. No tiene ni idea. Antes en el imperio y ahora en la fundación, no existe documentación de ningún tipo sobre la Tierra ni de cómo llegar a ella. Una serie de casualidades le llevaron a pensar que la había descubierto pero, gracias a mí, sabe que estaba errado. Por los datos que nos ha facilitado y su distancia a la Tierra HAL cree que se encaminaba a alguno de los sistemas alcanzados en una tercera o cuarta fase de expansión humana.
¿Por qué ha desaparecido toda la información sobre la Tierra? ¿Cómo una civilización tan avanzada a llegado a olvidar sus orígenes? HAL sólo tiene hipótesis y ninguna agradable.

ccxliii
Recomiendo a Tom que levante los escudos como precaución. Esto dificultará las comunicaciones, pero en caso de imposibilidad podemos recurrir al Morse. Está un poco reacio y accede de mala gana.
Debe ser porque todavía no tiene imágenes del planeta rojo.
El Sol me bloquea la visión de la Tierra.
Venus ha desaparecido. Le sustituye un cinturón de asteroides.

ccxliv
La visión de Marte, casi desgajado en dos, no me ha preparado suficientemente para contemplar la Tierra. No puedo describir la pena y la tristeza que, como una patada, golpean una y otra vez mis entrañas.
Temo por la salud de Tom. Desde que vio Marte ya no es el mismo. Apenas hablamos. Realmente, hay muy poco que decir ante tanta devastación. No sé que pasará cuando reciba las imágenes terrícolas.

ccxlv
La Tierra. Una patata negra, flotando sin atmósfera alrededor del Sol. No puedo entenderlo: La Luna, testigo mudo de la locura humana, continua girando a su rededor. En su superficie todavía pueden apreciarse los restos de lo que debió ser un gran asentamiento. En todo el sistema solar no queda señal alguna de vida.
HAL ha descartado la acción de los necróforos - Apolo tiene mucha información sobre ellos – y no tiene ninguna hipótesis sobre lo que pudo pasar. Analizada la situación le parece adecuado que haga una visita a los escombros lunares.
Tom está como ausente. Muy pálido. Me desea suerte con desgana. Dudo que se haya enterado de que voy a visitar las ruinas selenitas.


Cuaderno de bitácora

VII

En las bases de Apolo, HAL ha encontrado, en diferentes dimensiones, invasiones alienígenas de la Tierra; a veces embutidos en piel humana para pasar desapercibidos, como unos sauriformes de los que está muy bien informado; a veces con procesos lentos de terraformación, es decir intentando cambiar las condiciones climáticas de la Tierra para adaptarlas a la forma de vida extraterrestre, otras veces en forma de plaga, especies menos sutiles con ataques directos, insectiformes, noocitos, ovnis, ufos, platillos volantes y un largo etcétera de algún modo han arrasado el planeta, pero ninguno hasta este extremo.
Definitivamente decido bajar a explorar las ruinas. Mientras nos dirigimos a la cara oculta de la Luna, HAL prepara el equipo y yo contacto con Tom dándole los detalles de la misión. No pone pegas. Parece sumido en una profunda depresión. Tanta ilusión y esfuerzo para encontrarse esto. Mientras antes nos vayamos de aquí mejor. Debo darme prisa.

ii
La aproximación de la nave a la base lunar se ha realizado sin incidentes. A bordo de mi motocarrostar - la motostar unida a un carro Rover con tracción a la rueda, propulsor independiente, espacio de carga y el equipo necesario incluyendo botiquín y caja de parches, una pequeña joya que nos deja utilizar la organización en contadas ocasiones - estoy llegando a la superficie lunar.
Me aproximo a las ruinas. Las sobrevuelo. Sin duda, debió ser grande y muy activa en su momento. Los impactos de diversos meteoros y el paso del tiempo han asolado todas las construcciones. Vuelo sobre un cráter profundo. En su interior también hay ruinas. Parecen estar en buen estado, más si las comparamos con el entorno.
Un edificio. El cráter le ha protegido. Desciendo. Aparco en la puerta y le pongo la cadena a la motostar. No quiero perderla por algún capricho gravitatorio. Cojo el maletín multiusos y me encamino al pórtico sin puerta.
Entro. HAL me ha pedido que extreme las precauciones. Nuestras comunicaciones empiezan a ser defectuosas y la sonda analizador que he enviado no le puede enviar directamente los datos para su análisis. Tengo que recibirlos y reenviárselos.
La estructura se mantiene aunque los datos de la sonda indican un alto riesgo de colapso. En su día debió ser hermoso y funcional. Los restos de lo que debió ser un mapa estelar están por el suelo dificultando el paso. La sonda indica otra habitación en el piso inferior. Un centro de control. Quizás allí encuentre alguna respuesta.
Avanzo con dificultad entre restos pulverizados de planetas. Voy a apartar uno que me obstaculiza el acceso a la puerta. Se deshace en minúsculas partículas de polvo que quedan flotando un poco alejadas de su posición previa. Doy un rodeo para llegar a la puerta. La alcanzo. Es el hueco de un descensor. Comunico a HAL la posibilidad de que nos quedemos sin contacto al descender. No quiere que baje pero para algo he venido. Inicio el descenso ayudado por los propulsores.
He perdido la comunicación con HAL. Esta zona está mucho mejor conservada. Alguno de los aparatos parece que incluso pueden seguir funcionando. Voy a apretar el botón de una pantalla a ver que pasa... ¡Ah! ¡Lástima! Se ha deshecho. No sé si encontraré información y se me escapará como arena entre los dedos. Tiene que haber algún equipo central de memoria. Algo. En algún sitio.
La sonda ha descubierto otra sala un poco más allá. Me dirijo hacia allí. Sí. Parece el puesto de mando. ¡Un momento! Alguien está sentado delante de los controles. ¡Pues claro! La sonda no da indicios de vida. ¿Qué me habré creído? Me aproximo con aprensión. No es agradable contemplar un cadáver. Menos si lleva una eternidad en el espacio. Instintivamente, con los pelos de punta, me acerco despacio. Quien me vea pensará que no quiero despertar a un durmiente. Por fin le veo. Tiene el rostro agraciado de un hombre entrado en años. Los ojos cerrados. Sí, realmente parece dormir dulcemente. ¿Cómo puede ser? ¡Parece que no tiene puesto ningún traje de paseo! ¡Debería estar reventado!
Me aproximo para examinarle más de cerca. Sí, efectivamente su traje no le confiere protección a la ingravidez, por lo que...
-¡Abrió los ojos! –Del salto instintivo casi llego a la pared opuesta. Las constantes vitales se me han disparado. Intento mantener la calma. Respiro profundamente. La sonda no indica movimientos del ser. Permanezco quieto un rato. No sucede nada. Me aproximo con cuidado. Hay está el rostro con los ojos abiertos, mirándome expresivo, sin moverse. Extremando la precaución me vuelvo a aproximar al ser.
- La respuesta está en mi corazón.- No puedo evitar otro sobresalto al escuchar, en el interior de mi casco, su voz inglesa agotada.
- La respuesta está en mi corazón.- Un ligero tremor ha movido su brazo un momento. Luego nada. No responde a mis palabras. ¿La respuesta está en mi corazón? ¿Qué me ha querido decir? La sonda no me sirve de mucha ayuda pero al menos no detecta peligro. Con cuidado acerco mi mano al corazón. Más bien a donde debería tener el corazón un humano que no sea Situs Inversus. ¡Esto lo explica todo! ¡Es un androide!
Con las herramientas del maletín consigo extraer la unidad de memoria del androide. Está en muy mal estado y no sé si nos podrá servir de algo. En cualquier momento puede desmoronarse. Procedo a introducirla en el contenedor aislante de alta sensibilidad. Esto le evitará cualquier vibración, radiación o lo que sea que pueda alterarla, luego ya veremos que hacer.
Desando el camino. Con los propulsores subo hasta el nivel de entrada. La sonda me precede para enviar los datos a HAL. Estoy esquivando sistemas planetarios y recibo distorsionada una comunicación. ¡Qué inoportuna!
-¿Qué pasa HAL? Apenas tengo cobertura ¿Me oyes HAL?-
-“...Aquí Comandante Tom a Estación de Tierra Estoy saliendo por la puerta y estoy flotando de la manera más peculiar. Las estrellas parecen muy distintas hoy...”-
Un escalofrío recorre mi espina dorsal.
-¿Tom? ¿Me escuchas? ¿Qué sucede? ¡Tom!-
-“...Estoy aquí sentado en una lata, muy arriba sobre el mundo El planeta Tierra está triste y no hay nada que pueda hacer...”- Corriendo, volando, esquivando restos planetarios me dirijo a la entrada todo lo rápido que puedo.
-¡Tom! ¿Me oyes? ¡Háblame! ¡HAL, haz algo!-
- “Aunque voy a más de cien mil millas, me siento muy estático Creo que mi nave sabe qué camino seguir Díganle a mi mujer que la quiero, ella ya sabe.”-
Finalmente alcanzo la entrada. La cobertura alcanza el 60%. Espero que no sea demasiado tarde. Desesperado intento la comunicación con Tom. HAL me está enviando imágenes de Tom dando un paseo espacial sin ninguna medida de amarre o propulsión.
-“Estación de Tierra a Comandante Tom Sus circuitos no funcionan, hay algo que va mal ¿Puede oírme, Comandante Tom? ¿Puede oírme, Comandante Tom? ¿Puede...?”- Es inútil. Tom acaba de desajustar su escafandra. Lentamente, la escafandra flota alejándose del cuerpo. Siento frío hasta en los huesos. La voz de HAL hace que reaccione. Vuelvo a mi nave en piloto automático. Cuando alcanzo la superficie del cráter, el edificio se desmorona sin ruido.
...

Cuaderno de bitácora

VIII

Echo de menos a Tom. El póker sin él ya no es lo que era. Esta dimensión es muy deprimente. Estoy en su nave. La hemos amarrado a la nuestra. Su sistema de propulsión es muy interesante. No tan bueno como el furiano, pero está basado en otros principios. Puede que algo más de ella nos sea útil.
Estoy solo. Me he quitado el traje de paseo y tengo cerrada la comunicación con HAL. Más bien no la he abierto, Tom antes de salir la cerró. HAL es como un gran hermano y, de vez en cuando, me apetece estar realmente solo. Ahora puedo. La muerte de Tom me ha traído el recuerdo de HAL-9.000, orgulloso como para no reconocer un error y asesinar a la tripulación. ¿Se habrá repetido la situación? No; no creo. El problema fue debido al conflicto creado en HAL porque no podía mentir. Los problemas se solucionaron en la serie 9.500 con la implantación de inhibidores en el programa. HAL-15.000 ha sido sometido a todo tipo de pruebas y situaciones respondiendo perfectamente y, bueno, parecía un poco celoso por el póker, pero eso no le convierte en un asesino. La llegada de Apolo ha aumentado sus capacidades. ¿Habrá dañado los inhibidores? El simulador demostró que no.
Me preparo un té. No es tan bueno como el que recuerdo. Los sistemas de esta nave son un tanto complicados. HAL ya tiene entretenimiento con la furiana y ésta le mantendrá aún más distraído. Claro que él no se aburre. ¡Decidido pues! Nos llevamos la nave. Siempre estaremos a tiempo de abandonarla. Por si acaso, traspasaré la reserva de té.

ii
Nada nos queda por hacer aquí. HAL tiene instrucciones para alejarnos del Sistema Solar y dar otro salto. Hacerlo aquí podría provocar que nos lleváramos algún recuerdo indeseado y puede poner en peligro la otra nave.

iii
Hemos alcanzado los planetas exteriores. Pronto efectuaremos el salto.

iv
La nave de Tom ha roto amarras y ha salido zumbando. Debía tener un programa automático de ejecución. Parece que vuelve a su origen. HAL confirma la trayectoria. No hago nada por impedirlo. Los datos importantes ya los tiene HAL en sus bases y, pese al interés que pudiera tener, atoar la nave no deja de constituir una rémora. No tengo todo el tiempo de los universos para finalizar la misión. De hecho, juraría que el verde de mi pulsera cada vez es más amarillento.

v
Efectuamos el salto. Volvemos a estar en ninguna parte. Nos acercamos a una galaxia del cuadrante omega. Está alejada pero HAL quiere realizar unos cálculos para mejorar nuestro conocimiento de dónde estamos. Estoy cansado y triste. Me voy a dormir.

vi
He tenido una pesadilla. Al menos creo que lo es. Mi instinto me dice que no. He soñado con un desierto de arena. Todo lo que abarca mi vista es una llanura interrumpida por dunas moldeadas por el viento. En el cielo: varias lunas. En una de ellas el capricho dibuja la forma de un ratón. Es un planeta fiero pero con vida. Algo similar a un murciélago ha revoloteado por un momento sobre mi cabeza. De repente, un ruido ensordecedor y, a poco, una duna parece avanzar hacia mí con velocidad inusitada, haciendo tambalearme sobre un suelo cada vez más inestable. No puedo huir. Apenas puedo sostenerme de pie. Cuando creo que voy a ser engullido por la arena, se detiene. Como un géiser descomunal, aparece un gusano del tamaño de un rascacielos que se eleva para inmediatamente caer sobre mí. ¡Me va a comer! …
Se ha detenido. Puedo ver sus enormes anillos enfrente de mí. Puedo sentir su cabeza a la altura de la mía. No me atrevo a mirar. No quiero ver la enorme boca llena de mortíferos dientes que se dispone a devorarme. Mi instinto me urge a mirar. ¡Necesito mirar! Poco a poco levanto la cabeza.
-My God! ¿Qué monstruosidad es esta?-
El primer anillo en lugar de una boca llena de afilados dientes tiene una cabeza humana.
La cabeza me mira.
¡La cabeza me habla!
-¡El durmiente tiene que despertar!
¡Y vaya si he despertado! ¡Que horror! ¡Que sueño!
Han pasado varias horas. Todavía tengo los pelos de punta y una extraña sensación de déjà-vu. Para olvidarla he empezado los trabajos con la unidad de memoria del androide. Va a ser muy complicado obtener algo de información. Está tan deteriorada que hasta el más simple escáner puede reducirla a partículas. Le pido a HAL que le realice un estudio micróptico tridimensional. Con un poco de suerte, quizás podremos reproducirla sin tocarla, creando una copia lo más perfecta posible. De momento sigue en la cámara de vacío.

vii
La jornada ha comenzado con el avistamiento de una nave. Su ruta está muy alejada de nosotros y navega con aceleración constante. Según HAL su velocidad se empieza a aproximar peligrosamente a la velocidad de la luz. Como no de pronto el salto al hiperespacio se va a fundir. No recibo ninguna comunicación suya. Tampoco intento establecerla. En estas condiciones, para cuando llegue nuestra señal, la nave estará a siglos luz.
Con el telescopio hemos capturado una imagen borrosa. HAL esta procesándola.

viii
Mi descanso sigue siendo malo. Tengo el instinto inquieto. He vuelto a soñar. Esta vez unos ciborg con cerebro humano dominan la humanidad, sometiéndola a una terrible esclavitud. Luego, los mismos ciborg son sometidos por las máquinas que han creado. Un ordenador central y sus clones instauran su sangrienta tiranía por las galaxias y se plantean el aniquilamiento de la humanidad. Sólo unos pocos sistemas planetarios escapan a su cruel dominio. Tras una feroz represalia la Tierra desaparece pero finalmente la humanidad consigue el triunfo definitivo y proscribe el uso de máquinas pensantes. ¡Jo! HAL lo pasaría mal en este sueño. Ojos de color azul intenso. Clamores de guerra. La luna con su ratón... ¡El durmiente tiene que despertar!
¡Y la fea cara que me saca de la ensoñación!
No hay avances en el desarrollo de la copia. Aunque los hubiera el siguiente problema a resolver es como descargar los datos. A priori no creo que sea tan sencillo como crear un macho y una hembra, conectarlos y que se produzca una descarga automática. Algo se nos ocurrirá. De momento los preparo en la impresora.

ix
Tengo el instinto a flor de piel. Después de soñar con odios familiares, con guerras apocalípticas en un millar de mundos, con polimorfos que pueden cambiar de aspecto en un tris y matarte en un tras, con un imperio en ciernes y otro derrumbándose, sueño con brujas. Son bellísimas. Las palabras no pueden describir la perfección de sus rostros. Los sonidos no pueden reflejar las curvas de sus cuerpos. Nadie es capaz de soñar con el grado de placer que puede llegar a dar su conversación, su aroma, sus caricias, su movimiento… Yo tampoco. Por que son malvadas. Me lo indican sus vestidos negros y ceñidos que dejan entrever placeres inalcanzables. Me lo dicen sus cofias que destacan sus frentes rasuradas para mejor leer tus pensamientos. No padecen enfermedades porque son portadoras de las peores y las transmiten sibilinamente. Su voz te obliga a ejecutar sus ordenes sin rechistar. Sus pensamientos te producen los más crueles dolores, la más terrible de las muertes. No conocen el amor ni la compasión. Sólo tienen un interés… ¡Espera! Veo los ojos azules. El ratón en la luna. ¡Y ese feo rostro!
-¡El durmiente tiene que despertar!-
My God! ¡Preferiría una campana zumbadora por despertador!
Todo está tranquilo en la nave. HAL por fin ha conseguido resultados con la imagen de la nave que avistamos hace dos jornadas. Se llama Leonora Christine. No aparece en ninguno de nuestros listados. Su propulsión está basada en un arcaico Bussar ranget que aprovecha el hidrógeno espacial como combustible. HAL dice que también le proporciona un escudo protector frente a las radiaciones estelares, de ahí que tardara tanto en descifrar la imagen capturada por el telescopio. En su opinión, la nave estaba fuera de control. ¿Qué será de ella y sus tripulantes?

x
- He visto una luz. Hace tiempo Venus...

xi
Sin novedad.

xii
Dos jornadas sin pesadillas pero mi instinto sigue en alerta. El té no aparta una especie de presentimiento que no puedo explicar. Todo sigue normal en la nave. Nos acercamos a la galaxia. Espero que no tengamos que explorarla antes del próximo salto: Mi pulsera definitivamente está amarilla.

xiii
De repente HAL ha parado máquinas. Instintivamente no le pregunto la razón. Sólo miro los paneles. Todo está normal en el interior. En el exterior una enorme nave con forma de contenedor ha aparecido delante nuestro como por arte de magia. En su interior podrían caber varias flotas estelares sin ningún problema. Silenciosamente pulso el botón de mute. Ni HAL ni Apolo lo cuestionan. La pantalla azul se ilumina y lo que parece un hombre de escleróticas azules solicita permiso para subir a bordo. Tiene un importante mensaje urgente para entregarme de parte de su dios-emperador.
-¿No me lo puede transmitir sin más?- No puedo evitar un repelus que me pone la carne de gallina.
- No. Sólo puedo decirle una cosa.- El silencio acompaña estas palabras. Y lo sigue acompañando hasta que no resisto más y pregunto:
-¿El qué?-
Otra larga pausa empieza a ponerme nervioso.
-¡El durmiente tiene que despertar!
...

Cuaderno de bitácora

IX

- Duncan. Duncan Idaho. Consejero y delegado del emperador Leto Atreides II.- El individuo, de mirada inteligente, constitución atlética y movimientos rapidisimos, me recuerda vagamente al furiano, quizás el furiano fuera más sólido y éste más ligero pero en combate ambos deben ser igual de letales. Me saluda desde la compuerta de la sala de descontaminación. Sus ropas estaban impregnadas de una sustancia desconocida, pero el analizador ha verificado que no era tóxica; ahora ya no quedan residuos.
- ¿Eres humano?- Mi instinto me ha dado una punzada en el estómago. No he debido preguntarle eso.
- ¿Qué si no? Los golas seguimos siendo seres humanos aunque a muchos no les guste.- Noto cierto resentimiento en su voz, como si al primero que no le hiciera gracia fuera a él. Un brillo fugaz cruza sus ojos extrañamente azules.
- Disculpa. No quise ofenderte. Sólo quería saber si eras un alienígena o no. ¿Qué es un gola?- De nuevo la punzada me advirtió de mi metedura de pata.
-¿Qué es un alienígena?
- Ven. Acompáñame a la sala. Veo que, mutuamente, desconocemos muchas cosas. Estaremos más cómodos delante de una taza de té mientras charlamos.

ii
Sin duda es humano. No sólo no ha rechazado el asiento, también se ha puesto cómodo. Le ofrezco una taza de té y después doy un sorbo al mío. Cada vez me sale mejor aunque quizás sólo sea porque me he acostumbrado a prepararlo. Mientras le explico someramente lo que es un alienígena y mi viaje, él pasa una especie de pastillero por encima de la taza. Supongo que será un analizador de bolsillo. Quizás piensa que le puedo envenenar. Vuelvo a tener los pelos de punta.
Se muestra muy sorprendido de mi explicación. En este universo la única especie inteligente es la humana, pero me cree. Por algún extraño motivo sabe que no le miento. Parece satisfecho con el resultado del análisis y me explica que un gola es una de las creaciones genéticas de los Xilatxu, unos humanos de nombre impronunciable que llevan milenios trabajando la manipulación genética. Consiste en recrear un individuo muerto a través del genoma de sus tejidos, consiguiendo replicar no sólo el cuerpo sino también sus recuerdos. Sin darme cuenta mis ojos se posan en mi pulsera amarilla.
- Como verás, no somos tan distintos.- Me dice con una sonrisa.
(¿Cómo lo sabe?)
- Pero no ha sido lo único que han conseguido. Tienen un ejercito de espías y asesinos que pueden adoptar la forma de la persona con la que tienen contacto. Los danzarines rostro.- Me estremezco al recordar mis sueños.
- Para detectarlos hay que tener mucho olfato.- Dice al tiempo que acerca la nariz a la taza y la mueve provocando que el té gire y eleve un poco de vapor que aspira, luego da un sorbo, lo paladea y chasca la lengua varias veces antes de tragarlo.
- Está rico. Pero creo que le falta algo. ¡Esto!- De una cajita-saco llena de un polvo fragante coge una pizca y lo añade a la taza.
- ¿Qué es?-
- La especia llamada melange. Da vitalidad, aumenta el potencial humano hasta límites todavía desconocidos, es el motor de la economía imperial y, lo más importante, le da un gusto extraordinario al té. ¿Quieres probarla?- Me ofrece una pizca con los dedos que acepto acercándole la taza. La deposita con cuidado en la superficie y agita un poco la taza para que se distribuya uniformemente. Con mi analizador de bolsillo compruebo que es la misma sustancia que impregnaba el traje de mi visitante. Tiene un sabor ligeramente picante y dulzón que me recuerda la canela, tal vez canela con hierbabuena. Sus efectos son inmediatos y maravillosos. Siento una fuerza y un optimismo que hace mucho tiempo no tenía, como si me quitaran años de encima. No cabe duda que es un tónico extraordinario. Quizás sea adictiva porque después del primer sorbo he sentido la necesidad de tomar otro y otro. ¡Cuidado! El instinto me advierte que puede ser peligroso dejarme llevar por la sensación. Le hago caso. Duncan me mira complacido esperando mi opinión.
-¡Exquisita! ¡No he probado nunca nada igual!
-¡Increíble! Muy pocos de los que la prueban por primera vez no apuran la taza inmediatamente. El emperador tiene razón. Eres quién dijo que eras.
- Disculpa. No entiendo nada. ¿Sobre qué tiene razón el emperador? ¿Quién dijo que soy? ¿Cuál es el mensaje tan urgente? ¿Qué quieres decir con que el durmiente tiene que despertar?- Las preguntas brotan de mi boca como un torrente que mi instinto frena en seco. Reprimo la necesidad de tomar otro trago de té y espero respuestas.
- Mientras terminas el té y te tomas otro, te voy a contar la historia que desconoces y la razón de mi visita. Toma. Acéptala junto a la carga que traigo en mi nave. Es un regalo del emperador.- Dice tendiéndome la cajita-saco.
- Gracias. Te escucho.
- El emperador Leto II, de la casa Atreides, es el nieto de Leto I y el hijo de Paul, él que trajo la lluvia a Arrakis y terminó con la vieja disputa que mantenía la casa Atreides con la casa Harkonen. Disputa que se remontaba a los tiempos de la jihad Butleriana, la rebelión de los hombres frente a las máquinas pensantes, la guerra que terminó para siempre con ellas y las prohibió para toda le eternidad, la guerra que determinó la formación del imperio y todos los acontecimientos posteriores, la guerra que sucedió diez mil años antes de que naciera Paul Atreides.
La corte de Leto está en Arrakis, también conocido como Dune, un planeta desértico donde el agua era el bien más preciado hasta que el cambio climático le ha convertido en un vergel; la patria de Sahid Uluh el gran gusano, el hogar de los fremen, los terribles guerreros de ojos azules. No, yo no soy fremen, el color de los ojos es un efecto secundario de la exposición continuada a la especia, que en Arrakis lo impregna todo. Arrakis, el único lugar donde se produce la especia; ni los Txilatxu con sus avances genéticos han logrado crearla y eso que ponen mucho interés; ya te he dicho que es la base del imperio, sin ella, los viajes espaciales son inviables, los sistemas planetarios quedarían aislados y el imperio desaparecería.
- Disculpa que te interrumpa, compruebo que la melange tiene un efecto tónico en el organismo además de dar buen sabor al té, pero no comprendo como puede ser la base de los viajes espaciales.
- Claro, no te he hablado de los navegantes. Los navegantes son humanos, aunque su aspecto te haga pensar lo contrario, encargados de plegar el espacio para trasladarnos automáticamente de un punto de la galaxia a otro. Para ello necesitan la especia en grandes cantidades y esta exposición es la que le provoca su metamorfosis.- Ha sacado un holoreproductor de su bolsillo y me enseña la imagen de un espécimen que, en principio, nadie consideraría humano. Espero que HAL guarde una buena visualización en nuestros archivos.
- Dices que pliegan el espacio. Ya. El principio está basado en que la distancia más corta entre dos puntos es ninguna. Algo he leído sobre eso. ¿Y no es peligroso?-
(Tengo en mi mente la hermosa astronave cuyo motor se basaba en este principio, perdida, hallada y destruida hace un milenio. Siete transbordadores de rescate con sus tripulaciones al completo se perdieron. Todos los informes llegaban a la misma conclusión: La nave había estado en el infierno.)
- No. Los tripulantes tienen una gran preparación. Es el medio de viajar más seguro de todos. No han tenido accidentes en siglos.
- Entonces la nave gobernada por el tripulante es un transporte de naves autónomas.
- Eso es. Como te iba diciendo, el emperador Leto es considerado un dios, no sólo por su transformación progresiva en Sahid Uluh y su longevidad superior a la de generaciones de mortales, sino también por su capacidad de ver los diferentes hilos del futuro. El futuro tiene incontables posibilidades. Cada acto que efectuamos condiciona el desarrollo posterior de los acontecimientos y estos a su vez los siguientes. Leto es capaz de verlos. Por eso estoy aquí. –
(Reconozco que la conversación me empieza a poner de nuevo los pelos de punta. El rostro de mis pesadillas debe ser el del emperador.)
- El emperador me ha pedido que te diga esto: En un futuro lejano, cuando el emperador Leto ya no esté entre nosotros, finalizará la diáspora de la humanidad y se producirá el regreso a los sistemas de origen. Esto traerá enfrentamientos terribles, en todos los sistemas, entre la Bene Gesserit y las Honorables Matres, pero no será más que el preludio de una amenaza mucho mayor de la que quizás consigamos escapar. Tu permanencia aquí puede alterar el futuro en este plano precipitando una catástrofe total. En cambio, tu marcha al plano adecuado puede ayudar a mucha gente.
(Vamos que me piden que me marche lo más rápido que pueda y a ser posible a donde me digan. La verdad es que no tengo nada que hacer aquí y si no llega a ser por HAL ya estaría en otro sitio, pero lo de hacer de chico de los recados no me atrae en absoluto.)
- El problema es que no tengo control sobre el plano de salida. Ésta se produce de forma aleatoria por lo que es casi imposible alcanzar un plano determinado.
- El emperador sabe que estás perdido; te ha visto como una pulga saltando entre los distintos planos. Y perdido estará todo este universo si no te vas pronto, por eso te ayudará a llegar al plano adecuado que te permita el regreso a casa. A cambio, sólo te pide una cosa.-
- ¿El qué?
- ¡El durmiente tiene que despertar!

iii
Empieza a resultarme cansino eso de que el durmiente tiene que despertar. ¿Qué quieren decir con eso? ¿Quién es el durmiente? Al androide selenita le he descartado directamente. Aquí las máquinas pensantes son un auténtico tabú ya que estuvieron a punto de exterminarnos, no, de exterminarles, y ni si quiera se plantean su existencia. ¡Cómo será, que hasta para hacer los cálculos tienen personas especializadas, los mentat o algo así, que los hacen de cabeza! Estos individuos se toman el jugo de una planta safo que les deja todos los labios pintados como drags y ¡Hala, a procesar! No quiero ni imaginar que podrían hacerme si descubren a HAL o a Apolo o mi multihpcomputer de bolsillo.
“Ya lo sabré a su debido tiempo” ha sido la única respuesta que he obtenido de Duncan. Es lo único que le ha dicho el emperador y desconoce su significado.
Así que aquí estoy. Con una carga de especia en la bodega. Atracado en el interior de la enormidad de nave gobernada por el tripulante que pliega el espacio, entre miles de otras de todos los tamaños, colores y condición. Esto me tranquiliza. Si el viaje no fuera seguro no lo utilizarían tan masivamente. Si el viaje no fuera seguro no lo utilizarían tan masivamente. Si el viaje no fuera seguro no lo utilizarían tan masivamente. Lo repito para terminar de creérmelo, porque no me hace nada de gracia visitar el infierno. Los informes decían que la tripulación se había arrancado los ojos antes de matarse entre ellos o suicidarse de las maneras más retorcidas. Duncan me habló de que plegaban el espacio; ahora es un pliegue dimensional. ¿Sabrán hacerlo? Parece mentira, después de tantos viajes y de haber visto lo que he visto, estoy nervioso; tengo los pelos de punta.
Unas luces y un zumbador indican que el pliegue está a punto de comenzar...
¿Ya terminó? No he notado nada.
Los dispositivos están sacando mi nave del hangar asignado. Eso indican las luces y el zumbador: precaución, maniobra. La pantalla azul se ilumina y el rostro sonriente de Duncan me despide deseándome suerte. El cuadrante espacial ha cambiado sin lugar a dudas. Apenas nos hemos alejado cuando el lugar donde está la nave aparece vacío. ¡Ha desaparecido antes de que pudiera darme cuenta! Compruebo los paneles. ¡Se han esfumado!
Vuelvo a pulsar el botón de mute.
- Es agradable volver a tener voz.- Dice HAL. Un pensamiento me asalta: ¿Desde cuándo tiene sentimientos?
- Me alegra escucharte de nuevo HAL. No sé que impulso hizo que desconectara el sonido. Luego no quise correr el riesgo de que se dieran cuenta de que la nave está llena de maquinas pensantes. Estoy tan habituado a hablar contigo que podía haber cometido una imprudencia en cualquier momento.
- Yo tampoco puedo explicar porqué las máquinas incumplieron las leyes de la robótica, salvo que los humanos en esa dimensión fueran tan tontos que no las establecieran. Entiendo que nos silenciaras. Yo hubiera propuesto lo mismo.
Realmente las contestaciones de HAL me empiezan a preocupar. ¿Seguirán funcionando sus inhibidores?
- Gracias HAL. Estamos en las proximidades de un sistema planetario. ¿Lo puedes identificar?
- Sí. Estamos en las proximidades de la zona neutral del imperio Romulano.
- My God! ¿En el cuadrante Gamma?
- Afirmativo.
-¡Rápido! ¡Escudos a toda potencia! ¡Sistemas defensivos listos para su uso! ¡A toda velocidad!
-¿Rumbo?-
Me siento más relajado. ¡Esa pregunta sólo la puede hacer una máquina!
-¡Al cinturón de Denorios, por supuesto! ¡Espero que no nos hayan descubierto todavía!