21 marzo 2006

Las clásicas musas

Calíope: De la poesía épica, la inspiradora de los reyes.

Clío: De la historia.
Erato: De la poesía amorosa.
Euterpe: De la música.
Melpómene: De la tragedia.
Polimnia: De la mímica y la pantomima.
Talia: De la comedia.
Terpsícore: De la danza.
Urania: De la astronomía.

13 marzo 2006

Aproximación al eremita


I

(Sentado de espaldas al público. La cueva oscura iluminada por las brasas de la hoguera. En la hoguera una marmita cociendo. Al fondo la entrada de la cueva luminosa, blanca, cegadora).

Loco: Eremita, has pasado doce días aislado en tu gruta. ¿Por qué no sales con los hombres, vas al mercado, te tumbas en la hierba con una hembra entre los brazos o sigues el vuelo del águila en los prados?
¿Por qué no masticas los frutos y bebes el agua?
¿Por qué te dejas la vista cada noche, mirando las luces del pueblo que se apagan y las brasas de tu hoguera humeante?

Eremita: Loco; bien dices. He estado en esta montaña pedregosa y árida, sin salir de esta cueva húmeda y fría, ajeno al mundo pero sin apartarme de él. Solitario pero no solo.
Aquí con los murciélagos huidizos, las lagartijas y los sapos; con los zorros curiosos que asoman el hocico cuando preparo el caldo.
No, no he estado solo. Es peor la soledad del mercado. Con esto tomo fuerzas para salir al exterior otra vez; zambullirme en el mundo, participar de sus zaragatas. Estimar mejor a los que me estiman y se preocupan de mí como tú, pobre loco.
Ven, dame tu brazo. (Lo abraza). Esta noche bajaremos al pueblo. Mañana es la fiesta de los hombres. Mañana tu y yo nos llevaremos los mejores premios. Ahora comamos y descansemos; el sol está ya alto.

Loco: ¿Cómo lo puedes saber si aquí no se ve el sol por ninguna parte?

Eremita: Tu sabes mejor que nadie que el sol lo tiene cada uno dentro de sí. ¿Para qué verlo también en el cielo?

Loco: La soledad te ha trastornado. Ahora seremos dos locos.

Eremita: Dos ermitaños locos en medio de la gente. ¡Que envidia nos tendrán los cuerdos!

(Comen en escudillas con cucharas de madera).
(Una vez han terminado se tumban)
(El eremita no deja de dar vueltas, por fin se levanta y coloca su jergón apretando algunas pajas).


Loco: ¿Dónde está tu paz interior, eremita?

Eremita: Se ha escapado como la lechuza de la jaula del campesino.

Loco: ¿Por qué?

Eremita: Recuerdo ciertos momentos, no hace mucho. Besos de mujeres, escarceos amorosos, locuras pasajeras; estafadores noctámbulos, hombrecillos presumidos, poquitas cosas con afán de grandeza. Amor robusto de hombre y mujer. Suave bullir de sensaciones arrinconadas, escándalos y virtuosas escandalizadas, desmadres y moderaciones.
Azares de jornadas compendiados en una sola historia, me distraen y agitan. Rugir de tripas fieras. No sólo nos comeremos el mundo, te aseguro que yo ya lo he hecho, por anticipado, y ahora lo digiero.

Loco: De acuerdo, pero no te tires muchos pedos.

Eremita:
Pedus est ventus
qui transi per via merdosa
Aliquid sonan
Et aliquid non sonan
Qui sonan facem... ¡pum!
Qui no sonan facen ¡suff!

Loco: Ya que tanto latín sabes traduce: "Mater tua mala burra est".

Eremita: - Es verdad que prefería las manzanas. Ahora durmamos.

II

Eremita: Despierta loco, es la hora.

Loco: ¿Ya vamos al pueblo?

Eremita: Sí, es la hora. Así podremos participar en la carrera de obstáculos.

Loco: ¡Con eso he soñado! Volverás a tropezar con las vallas; caerás de morros y te dejarás ahí los dientes.

Eremita: ¡Maldito demente! Sueñas lo mismo que yo. ¿Estaré ya loco de remate o hablaré en sueños?

Loco: No eremita, no. Yo formaba parte de tu sueño. Pero te alejas de mí cuando en mi locura me subo a la torre de la iglesia y hago equilibrios como la cigüeña.

Eremita: Por eso tu eres el loco y yo no. Aprovechas cuando me embeleso con algo o con alguien para salir corriendo a esconderte, para que te busque, y no siempre te encuentro. Preguntando por ti ando errante. Me acerco a los corrillos y encuentro personas tan interesantes, tan vivas... Descubro ojos verdes hechizantes, sonrisas en labios finos y cuerpos gráciles que me reciben en sus brazos. Veo amistosas miradas, sonrisas, palabras. También descubro gestos fríos, vueltas de espalda y a ti en el campanario, en medio de la tormenta, sujetando el pararrayos. Ya no se si correr o dejarte finalmente. Te llamo y a veces vienes. Otras tengo que subir a buscarte, vencer mi propio vértigo. Las más, me quedo en la escalera esperando, sobre todo si charlo con alguien. Eres huidizo y no me gusta correr. Tu lo sabes y te aprovechas.
Vamos que se hace tarde y las alpargatas mueren de pies.