17 diciembre 2007

Como decía ayer...

Aquí dejo otra perla, brillante ejemplo de vida comunitaria.


16 diciembre 2007

La realidad supera con creces la ficción

Y no es una frase hecha sino algo que puedo comprobar un día sí y otro también.

La televisión ha dejado de llamar mi atención hace mucho tiempo y no sólo por la desaparición del "Boristófeles" y sus perlas del tipo "En todas partes cuecen babas", o por los telediarios, como el de Tele 5 donde el locutor reíteraba que a un señor le habían extirpado un "bultoma" de no sé cuantos kilos.

El triunfo de los programas rosas en los que se habla de las intimidades de personajes de relumbrón, seguido del de las series que muchos consideran subrealistas, de las que no voy a opinar sobre su calidad o buen gusto, han terminado de alejarme casi definitivamente de la pequeña pantalla.

La razón es sencilla: Para qué voy a ver una serie de trifulcas entre vecinos si en mi comunidad también hay reuniones mucho más "jugosas" e increíbles.

Debo reconocer que lamento profundamente no haber tenido una cámara oculta o, al menos, una grabadora para dar fe de los acontecimientos que, si no fuera por los testigos presentes, quedan muy lejos de ser creíbles para una persona sensata.

La primera vez piensas que es un suceso aislado, puntual, pero cuando se repiten en el tiempo empiezan a ser preocupantes. No sé si tendré tiempo para contaros un par de reuniones, pero como si lo hago podría parecer un relato ficticio, os voy a dejar hoy un parrafo del acta de una Junta y si puedo, ya mañana, la foto del cartel pegado, entre otros sitios, en el ascensor.


Sí. Están leyendo bien. Se encadenó a una silla.

¿Quieren saber cómo acabo la historia?

28 noviembre 2007

Revival: Mirando altillos

Las sorpresas que nos podemos encontrar al liberar la puerta de un altillo, atascada en un tiempo inmemorial, suelen ser bastante desagradables. En el mejor de los casos, uno encuentra polvo a toneladas, restos rancios y de olor desagradable y, a lo peor, una biodiversidad digna de un estudio del National Geographic.

En el caso actual no sólo no sucedió así, sino que aparecieron ciertos restos prehistóricos dignos del reconocimiento de alguna de nuestras especialistas en el tema.

Aquí dejo las imágenes para su análisis.

El primer hallazgo fue casi, casi, casi como el descenso a la sima de los huesos:



¡Qué decir de los resultados de la excavación!


03 noviembre 2007

Desesperación

Pinos y encinas, romero y retama
Estrechan ramas en ardiente plática
Con el jazmín, la flor más aromática,
Sábana de la funeraria cama;

Súbito brota flamígera llama,
Tocando el cielo, su lengua acrobática,
Ocultando, con vergüenza cromática,
La encendida digestión de la dama;

Derrúmbase la yacija plomiza
De las fragantes ramas abrazada
Como una explosión de brasa rojiza

Que arrastra el cuerpo de la amada
Al tormentoso abismo de ceniza
Tras el que ya, de la bella, queda nada.

23 octubre 2007

Andanzas cocineras

En breve continuaré la historia de la cofradía, aunque este Domingo lo he dedicado ha actividades más nutritivas, el siguiente capítulo está muy avanzado.

Realmente la actividad se inicio la noche del Sábado, con desgana y por petición familiar.
Tenía varias recetas para elaborar el mismo bizcocho de chocolate, ahora bien, la única coincidencia entre ellas era el empleo de cuatro huevos. Por no ponerse de acuerdo no lo hacían ni en el uso de levadura ni en el momento del desmolde.

Intentando vencer la confusión organicé los ingredientes -descubriendo que las jarras medidoras pueden valer para líquidos pero para sólidos son un asco y no sustituyen a una báscula- y me puse a la labor con una idea en la cabeza que cambié inmediatamente antes de empezar a trabajar con ellos: En vez de usar cacao en polvo para el chocolate, derretí chocolate de cobertura en un cazo y mantequilla en otro (ésta en el microondas). Separé con cuidado las yemas de las claras y batí las yemas con la mitad del azúcar. Aquello empezó a espesar de forma importante, aunque, como ya había hecho algún pinito previo, no le di importancia. Al tiempo que estuvo batido, la mantequilla y el chocolate se habían enfriado, así que los añadí y seguí batiendo “hasta obtener una masa homogénea y ligera” decía la receta con la que en ese momento me guiaba.
No discuto que la masa fuera homogénea: lo era. ¡Pero ligera...! No sé que concepto tiene el autor (autora en este caso) de ligera. Sólo os indico que tuve que sustituir las varillas por un tenedor ante el peligro más que real de romperlas.
El volumen empezaba a disminuir aunque todavía no me preocupé. La preocupación vino en el siguiente paso: “añadimos la harina (con la levadura ya que finalmente opté por la calle del medio, seguí las instrucciones del sobre de levadura en parte, ya que en vez de emplear medio sobre usé sólo una cucharilla de café) tamizada y batimos bien”. En ese momento y a medida que fui usando la harina pensé que el verbo sería amasar y que podría hacer un pan con aquello, aunque a medida que lo trabajaba más que un pan pensé que con suerte me daba masa para un par de flaneras individuales...

Llegado ese momento, el cabreo después de todo un día de trabajo agotador empezaba a manifestarse. Lo cual tuvo su lado positivo porque levantar las claras a punto de nieve -con ayuda de un chorro de limón- no me llevó mucho trabajo -deduzco que unos quince minutos- y después de dejarlas reposar un poco, para comprobar que no quedaba clara sin subir, les fui añadiendo poco a poco el resto del azúcar. ¡Por lo menos haré merengue!, pensé, pero como estaba ya enfangado hasta los codos me decidí a mezclar, poco a poco y con ayuda de una espátula, las claras con las yemas. Después del primer par de claras decidí que aquella masa seguía muy dura, por lo que ni corto ni perezoso le añadí un chorreón de brandy para alegrar el asunto. A medida que iba mezclando la clara montada, poco a poco se fue deshaciendo el engrudo y cogiendo volumen, con un resultado final similar al de las claras montadas. ¡Que alegría! ¡Iba a poder estrenar el molde!

Siguiente paso: verter la masa en el molde, previamente impregnado con mantequilla y harina por encima, con ayuda de la espátula -gran invento- y hornear. El horno estaba ya más que precalentado puesto que fue lo que primero encendí. Según la receta -y dependiendo del horno- había que tenerlo veinticinco minutos antes de abrir y comprobar como estaba y luego otros veinticinco. A los veinte el olor desprendido empezaba a resultar muy agradable, así que lo abrí a los veinticinco exactos, comprobando, para mi sorpresa, que estaba en su punto.
Éste es el resultado:


Lo saqué. Lo puse en algo parecido a una rejilla que tenía por casa - restos de algún microondas, imagino- y decidí que lo desmoldaba en frío. Me fuí a dormir, que ya era hora.

El Domingo por la mañana lo desmoldé; sin problemas la cintura, pero la base... Realmente tampoco fue costoso, tuve que usar la punta de un cuchillo por la periferia, con cuidado, y se desprendió bastante bien, muy similar a quitar la chapa a una botella.

Metido en el berenjenal, animado después de dormir bien y despierto tras el café de rigor, decidí que se le podía dar mas gracia al tema. Así que lo partí por la mitad - que como veréis tenía una pinta fabulosa que hizo que me arrepintiera de mi atrevimiento, encima de que sale ¡hala! ¡a fastidiarlo!-

A lo hecho pecho, por lo que preparé un almíbar con azúcar agua y brandy -para animar ya sabéis- y empapé una mitad con la amalgama. No conforme con esto, cogí un bote de mermelada de albaricoque y pasé la mitad por la batidora para que quedara más fina -se me fue la mano en la cantidad, lo reconozco, pero uno es de ideas fijas: burro grande ande o no ande-. Quedó así:



Claro que según estaba incorporando la mermelada me di cuenta de que el bizcocho empezaba a estar muuuuuuy blando. Estaba añadiendo los potingues a la mitad superior del bizcocho.

¿Quedará más resistente si utilizo la inferior como base? Ya os diré la próxima vez. Ahora lo único que podía hacer era taparlo con la base como si fuera un bocadillo y ahí tenéis:




A todo este montaje, en peligro de derrumbamiento inminente según me iba pareciendo, había que darle consistencia, por lo que derretí mantequilla, le añadí un bote de nata líquida que tenía olvidado en la nevera y chocolate de cobertura hasta que se deshizo, y luego, encima de un plato recubrí el bocadillo. La espátula también me fue de mucha utilidad en este caso. Quedó así:




Lo más difícil fue pasar el invento a un plato. Utilice dos paletillas para sujetar el bizcocho chocolateado y colocarlo en el plato. Una vez en él, la primera salió muy bien, pero la segunda no. Momentos de pánico, casi grito socorro ¡Se me iba a romper al final! ¡No podía creerlo! Por desgracia, estoy acostumbrado a este tipo de momentos, por lo que recuperé la serenidad y con delicadeza no exenta de contundencia, conseguí sacar la paletilla sin apenas desplazar la base y lo más importante sin romperla.

Relajado le hice sitio y la dejé enfriando en la nevera para que se endureciera. Así quedó después de la primera atacada.



Seguiré informando.

10 octubre 2007

La cofradía (VI)

Desayunos

Un rayo de sol se colaba juguetón por la ventana. Podía sentirlo sobre su cara, avanzando, poco a poco, hasta alcanzar la punta de la nariz para luego escurrirse, divertido, sobre los párpados todavía cerrados. Era el momento de levantarse, no necesitaba despertador para saber la hora. Sin embargo, algo le retuvo. Una sensación irreal se apoderó de él y los versos del joven Wherter acudieron en tropel a su mente:

“¡La veré! exclamo con júbilo por la mañana, cuando al despertarme, lleno de alegría, dirijo mis miradas hacia el naciente sol. ¡La veré! y no tengo otro deseo en todo el día. Lo demás desaparece ante esta esperanza”.

Se incorporó con cuidado y abrió los ojos. Su cara se iluminó de felicidad. No había sido un sueño. Estaba allí.
Sí, estaba allí durmiendo plácidamente, el pelo rubio alborotado sobre su espalda apenas tapada por la sábana, que sujetaba con la axila y reafirmaba la voluptuosidad de sus curvas, mientras su brazo, apoyado en la cadera, dejaba su mano flotar en el borde de la cama, en tanto que la otra se escondía debajo de la almohada para dar apoyo a la cabeza. Su respiración era suave y su cara la más bonita que nunca viera. La besó con suavidad. Nada sucedió.

– Tiene el sueño de los justos. Debe estar agotada. – Pensó.

Mientras se destapaba volvió a mirar con deleite el cuerpo amado y, acompasando sus movimientos con la respiración de Juliana, se levantó sin hacer ruido. En ese momento, ella se dio la vuelta aún dormida. La sábana, libre de su atadura, dejó asomar, travieso, un seno. Miguel vaciló.

– Tenemos tiempo. Es mejor que descanse.

Recogió su ropa, salió del dormitorio y entró en el cuarto de baño sin encender el calentador. Cuando terminó, se dirigió a la cocina, tiró el café viejo, enjuagó la jarra y rellenó la cafetera, le puso el filtro y contó las cucharadas de café molido. Sabía cómo le gustaba. El agua comenzaba a burbujear cuando Miguel cerró la puerta del piso sólo con el resbalón. Deprisa, casi saltando, bajo a la calle y se dirigió a la tahona.

– ¡Ayyyy! ¡Ése es mi niño! – Gritó la panadera al verle cruzar la puerta, acallando el ruido de las campanillas.
– ¡Si ya lo decía yo! ¡Si es que me la tenía escondida!

Sin tiempo para decir nada, Miguel se vio atrapado en un abrazo sofocante de la rolliza panadera. Cuando empezaba a ponerse morado y su nariz pugnaba por encontrar un hueco para respirar, dos sonoros besos en las mejillas le dieron un momento de tregua antes de hundirse de nuevo en el delantal blanco, impoluto, que olía a jabón de Marsella.

– ¡Qué alegría más grande! ¡Y tu sin decir nada, pillín! – Un desagradable pellizco en la mejilla izquierda le permitió recuperar la respiración.

– Pero no estés tan callado. ¡Cuéntame! ¿Para cuándo la boda? No será para la Virgen, ¿verdad? ¿Quién te iba a llevar al altar entonces, muchacho? ¡Ay qué nervios! ¿Y que me voy a poner? ¡Tendré que ir a la capital a ver los trapillos que están de moda!

Miguel, con la boca abierta, no salía de su asombro.

– ¡Por Dios, Petra! ¿Qué estás diciendo?
– No nombrarás a Dios en vano. Y es en vano que disimules, que ya me lo ha contado todo la cerillera: Es una chica preciosa, educada, inteligente, un poco repolluda y hacéis una pareja perfecta. Me muero por conocerla así que a ver si me la traes pronto. Mejor. ¡Coméis en casa! Te he preparado unas madalenas de aceite y unos curasanes y toma esta barra de pan, especial para las tostadas. ¡No te pases con el ajo y no olvides la sal! ¡Y corre, que la debes tener impaciente! ¿Qué haces aquí perdiendo el tiempo? ¡Vamos niño, vete ya! – Abriendo la puerta, empujó a Miguel a la calle. Con las manos llenas de paquetes, trastabilló y apunto estuvo de caerse, cuando recupero el equilibrio se volvió.

– Gracias, pero todavía no sé lo que haremos...
– Pillín, pero cuando tengáis hambre ya sabes que comida en casa no os va a faltar. – Petra volvió a entrar en la tahona dejando a Miguel con la palabra en la boca.

– ¡Ay! ¡”El chico” que se nos casa! ¡Lo orgullosa que estaría su pobre madre! – Dijo mientras se limpiaba una lagrima con la punta del delantal.

*************

– ¿Cómo está?
– Muy mal. No entiendo como aguanta. Glasgow 3. Con la respiración asistida y sedado apenas hemos podido controlar las fasciculaciones y el edema. Necesita un hígado pero aunque lo encontremos no creo que resista.
– ¿Se ha informado a los familiares?
– No es de aquí y vive solo. La guardia civil está intentando encontrar a sus parientes.
– Mira que lo dijimos y nada. ¡Tenía que pasar! ¡Mierda de fumigaciones! – Bebió de un trago el contenido de un vaso de plástico, un asqueroso café que le taladró el estómago, el primero de la mañana.
– Bueno, me voy que ya amanece y quiero llevar “calentitos” para desayunar con la familia. ¡Suerte con la guardia!
– Va a ser un puente muy largo. ¡Que lo disfrutes! – Contestó aplastando el vaso con la mano y arrojándolo en una papelera, sin mirar si acertaba. A través de una ventana, mientras comenzaba la ronda, pudo ver al Sol elevarse majestuoso en el cielo.

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Febo comenzaba su ascensión rápida por el cielo y sus rayos empezaban a templar el frescor de la mañana. Aunque quedaba mucho para el mediodía, el viajero ya podía sentir que iba a ser una jornada de mucho calor. Atrás quedó el frío del agua y la quemazón de la despedida. Atrás quedó, una vez más, un pedacito de su ser.
Ascendía entre riscos cada vez menos arbolados y más rocosos, siguiendo lo que, a ojos expertos, podía ser un vericueto de cabras, ayudándose con un bastón improvisado y con la mano en las zonas difíciles, resbalando de tarde en tarde, elevando una pequeña nube de tierra con sus pies y precipitando pequeñas piedras saltarinas ladera abajo.
Siguió avanzando más despacio de lo que le hubiera gustado, aproximándose a la cima del monte que parecía dominar el paisaje con su altura. Luego se desvió y descendió un poco para alcanzar un trozo de terreno más favorable al caminante. Tras un rato de marcha, una sonrisa asomó a su cara. Un agradable olor a guiso complementaba las fragancias del bosque.

– Gracias a Dios está en casa. Unos comen cuando otros desayunan. – Masculló.

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Estaba en casa. ¿Pero cómo? No lo recordaba. Se levantó como pudo del sofá. Le pesaba la cabeza. Con paso inseguro se dirigió hacia la cocina y sacó un paquete de leche abierto de la nevera, casi vacía y con las paredes churretosas. Cogió un vaso del escurridor y el café soluble del aparador. Abrió el bote. Rebuscó por los cajones una cucharilla. Al fin la encontró. Volvió al café para sacarla medio llena. Intentó vaciarla en el vaso. Apenas lo consiguió, el café se desparramó por la encimera. Lo volvió a intentar. En esta ocasión la cucharilla tropezó con el borde del bote y, como lanzado por una catapulta, parte del café cayó en el vaso; la mayor parte no. Se sintió satisfecho con el resultado. Vertió leche por encima del café que había en el vaso, salpicando apenas la encimera. Animado, abrió la puerta del microondas y ayudándose con las dos manos dejó el vaso en su interior. Mientras se calentaba la leche encendió un cigarrillo rubio sujetándose una mano con la otra. Daba una calada cuando el microondas avisó de su parada. Abrió la puerta con la mano del cigarrillo y con la otra sacó el vaso. El temblor hizo que se derramara la leche quemándole la mano. Soltó una maldición mientras dejaba el vaso con precipitación para introducir la mano herida en el chorro de agua fría. Estirando el otro brazo para no estropear el cigarrillo, se mojo la cara y metió la cabeza, empapándose la nuca y las sienes. Chorreando dio una calada. Echó un rápido vistazo a su alrededor, agarró del gaznate la botella de brandy Gladiador, le quito el tapón con los dientes, lo escupió en el fregadero y comenzó a dar largos tragos para ahuyentar la resaca.

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Como si de una mala resaca se tratara, me envuelve una espiral de imágenes, confusas y vertiginosas, que me provocan dolor de cabeza y mareos.
Extraños sueños me acechan por la noche.
La cruz pintada en el suelo… ¡No! Está bordada en mi pecho. Rojo sangre. Soy un cruzado en Tierra Santa. Un gigante de casco brillante, cual triángulo dorado sobre su cabeza, señala algo desde aquel otero. La sangre me llega a las rodillas mientras lucho intentando no resbalar. Resbalar es morir.
De repente estoy en la cima de un monte.
Mediodía.
El sol aplasta sus rayos contra la gruta. Dentro hace fresco. La hoguera está apagada. He rehecho el jergón con apatía. Me he mojado la cara en el bebedero y me he asomado al barranco.
El cielo azul ante mí, envolviéndome con los apretados nudos del sol, atando mi cuerpo, sujetándome ante el vacío abierto a mis pies.
Lejos, en el fondo, un río azul de piedras erizadas; entre ellas, un suelo líquido que me debe reflejar como ese espejo me refleja a mí sentado en el bar. Jugando a ser otro, mirándome a mí mismo y a los demás. Observando sus –mis- gestos, mi –su- forma de actuar. Contemplándolo todo al revés. Sintiéndolo todo al revés, imaginándolo todo al revés.

– Esperpento: ¿Qué haces ahí? ¿Eres tú mi imagen? ¿Soy yo tu imagen? ¿Somos el uno para el otro o somos la misma cosa?

El recuerdo de Withman golpea mi cabeza mientras me agito en la cama:

“Esa sombra, mi imagen, que va de un lado a otro para buscarse el sustento, que charla, que regatea. Cuantas veces no me sorprendo mirándola en sus idas y venidas. Cuantas veces no me pregunto si esa sombra seré realmente yo; Más en medio de mis amantes, y cantando estos poemas, Oh, nunca dudo que esa sombra sea yo.”

Un sonido ronco me sobresalta. El gigante toca su cuerno y con la espada señala una muralla. Se oye un grito, como un trueno retumbante repetido por millares de voces:

– “¡Dios le wet!”

Despierto de un brinco, estoy empapado en sudor, mi corazón acelerado es lo único que puedo escuchar en el silencio de la habitación. Miro el despertador. Las seis menos cinco. Mi respiración sigue agitada. Un mal sueño, eso es todo. No consigo tranquilizarme. Me levanto. Sigue oscuro hay fuera. Preparo una infusión de tila con rooibos y frambuesa. Mientras se calienta el agua en la tetera muerdo una manzana y comienzo la tabla de ejercicios matinales.

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Sentada en una mesa alargada, delante de la caseta, mordía un pero verde sin pelar, similar a los que llenaban, de forma generosa, el cesto de mimbre que reposaba a su lado, cuando la ruidosa patulea de chavales alcanzó la calle principal de Aldeavieja.

– ¡Buenos días, Claudia! ¡Cómo madrugas!
– Sois vosotros los que os levantáis cada vez más tarde.
– ¡Y que lo digas! ¡Cada vez cuesta más que salgan de los sacos! ¡Si no fuera porque no se pierden un desayuno! – Contestó la mujer enjuta de pelo claro.
– Pues aquí tenemos el complemento perfecto para terminar de despertarse. Recién cogidos. Un poco ácidos todavía, pero me gustan así. ¡Cógelo, Sacha! – Comenzó a lanzar peros del cesto hacia los recién llegados para que los cogieran al vuelo.
– ¡Ay! – El quejido de Sacha les hizo volver la cabeza a todos. La manzana rodaba por el suelo y un gesto de dolor se reflejaba en su cara mientras se cogía la mano que la había detenido.
– ¿Qué te pasa? – Se acercó Claudia mientras los demás las rodeaban con preocupación.
– No es nada. Anoche me debió picar algo.
– Déjame ver.

Sacha extendió la mano. En la palma se podía observar un pequeño arañazo de bordes violáceos en medio de una elevación de la piel enrojecida.

– ¿Vistes qué fue?
– No.
– Lástima. No parece de escorpión. Quizás haya sido una araña pero tampoco es la típica. ¿Te has puesto algo?
– Pomada antihistamínica.
– Bien, pero no tiene buena pinta. Si no mejora nos acercamos al pueblo ¿Tenías puesto el tétanos, verdad?
– Sí mujer, siempre tan exagerada, que esto no es nada. Mañana estaré bien. ¡Y vosotros a trabajar! ¡Que para algo estáis aquí y ya sabéis lo que tenéis que hacer!

El grupo, comiendo en silencio, siguió camino arriba con desgana, hacia donde se veían unos sacos, picos y palas y una carretilla, dejando de lado lo que parecía la excavación arqueológica de una antigua iglesia, mientras las mujeres se sentaban en la mesa dejando el cesto entre ellas.

– ¡Animo, que ya queda poco! – Les gritó Sacha. – Más nos vale que terminen antes de que vengan los de la Comunidad. – Añadió en voz baja.
– En un par de días tenemos la alberca terminada. No te preocupes.
– ¿Y qué tal anoche?
– ¿Anoche? – Una sonrisa iluminó la cara de Claudia.

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La cara de Juliana resplandecía con un mohín risueño. Sin abrir los ojos, tanteó con la mano el espacio libre de la cama sin resultado. Se repanchigó a lo ancho abrazando la almohada vacía, olores propios y extraños le recordaron la noche pasada mientras, poco a poco, un penetrante olor a café despejaba su duermevela. El ruido de una puerta al cerrarse terminó por despertarla. Siguió abrazada a la almohada. Nada había salido como tenía pensado. ¿O tal vez sí? Un sutil aroma a dulces empezaba a tentarla. ¿Por qué sino había ido hasta ese rincón remoto? ¿Por qué estaba allí? El olor del pan tostado venció su resistencia. Apartó la sábana y se levantó, rebuscó en una maleta medio deshecha para sacar un quimono de seda negra con bordados de colores y unas chancletas a juego, cogió algo de ropa de un cajón y se dirigió al cuarto de baño. Entró en la bañera y abrió el grifo del agua caliente.
Un grito sorprendió a Miguel que echó a correr hacia el baño, golpeándose con la puerta cerrada.

– ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
– ¡No! ¡El agua sale helada!

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El agua estaba helada. No podía ser de otro modo en aquella pensión de mala muerte en la que Harvey había tenido que pasar la noche. ¡Y qué noche! El final perfecto de un día horrible. Si no hubiera sido por el reventón del viejo cuatro latas estaría durmiendo en la capital, en la confortable habitación de un hotel, y no en ese camastro lleno de chinches que hacían cola, esperando turno en las patas metálicas, para alimentarse de su persona, provocándole, en los brazos y las piernas, una urticaria insufrible. El agua fría calmaba el picor pero su golpeteo gélido en la piel le irritaba. Le irritaba tener que esperar hasta que abriese el taller para cambiar la rueda de una tartana. Le irritaba tener que desayunar polaramines en un inmundo bar de carretera al lado de un crápula baboso y de una meretriz cincuentona y desdentada. Y sobre todo le irritaba – aunque el nunca lo reconocería porque no cree en esas cosas – la posibilidad de que la gitana realmente le hubiera aojado.

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– ¡Ni que nos hubiera mirado un tuerto!

Harvey tirado en la carretera. ¡Increíble! Toda la fortuna que les había sonreído hasta el momento parecía haberse esfumado de sopetón. Acababan de amargarle el par de huevos fritos con chorizo. Después de una noche toledana esperaba animarse con el desayuno y olvidar el reconcome que le invadía. Pero nada, no había forma. Se levantó de la mesa y se sirvió una generosa copa de D’armañac. Con ella en la mano salió del comedor con paso cansino. En la sala levantó la copa como si brindara con el caballero del cuadro que la presidía.

– ¡Por la excavación! – Le dijo antes de paladear un sorbo.

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07 octubre 2007

Sobre el cadillac solitario

Voy a probar - ya que lo he visto en otros blogs que lo tienen - si consigo insertar un video diferente del forero.

Es la versión reciente del clásico pero no por ello pierde fuerza, sino que adquiere una sobria belleza.



Y es que R&R never die.

02 octubre 2007

Mano y espejo

Como hombre mundano,
Libre de complejo,
Pasado el verano,
Acudí a un festejo.

Tema en el piano
Escolta ovillejo.
Bella voz soprano
Me deja perplejo.

Con amor insano
Le arrojo mi tejo.
Semilla en secano
Que almuerza vencejo.

Del todo inhumano
Me dio su consejo:
Tu esfuerzo es en vano
¡Mírate en espejo!

Aquí está mi mano
Vibrante reflejo
Que pensé lozano
Y es todo pellejo.

Del tiempo tirano
A Cronos me quejo:
Es mano de anciano
Es mano de viejo.

25 septiembre 2007

La cofradia (V)

E.L.L.A.


El teléfono se estrelló contra el suelo, abriéndose la carcasa y rodando la pila por el suelo.
El ruido apenas fue capaz de sacarle del abismo en el que le habían sumergido las palabras del forense. Aunque intentó recomponer el inalámbrico rápidamente, sus movimientos le parecían ralentizados, como si el mundo hubiera empezado a girar a una velocidad muy superior a la suya; todavía tenía la boca abierta cuando alcanzó la carcasa y así permanecía cuando la pila, que huía vertiginosa, dio un giro inesperado y tropezó con su mano. Encajarla en su hueco fue otra eternidad. El crepitar de la comunicación restablecida y las voces desesperadas del interlocutor volvieron a sincronizar los universos separados en uno sólo.
- ¿Oiga? ¿Oiga? ¿Sigue ahí? ¿Oiga?
- Sí.
- ¡Estamos todos como locos! ¡Es increíble! ¡Pero lo hemos visto! ¡Lo hemos oído! ¡Lo hemos grabado! ¡Ni nosotros lo podemos creer todavía...!
- ¡Tranquilizesé!
- ¡Sí, sí! ¡Y yo que pensaba que el loco era usted cuando me pidió que le avisara si sucedía algo así! ¡Y encima me ha estado dando dinero para que no lo olvidara! ¡Y luego dicen que los milagros no existen! ¡Y ahora soy rico! ¡Ja, ja, ja, ja! ¡No me lo puedo creer! ¡Ya me veo en...!
- ¡Cállese ya! – La voz, tajante, surtió efecto.
- ¿Quién más lo sabe?
- Los dos ayudantes que están conmigo.
- ¡Reténgalos allí hasta que lleguemos y no toquen nada! ¡Adiós! – Ese patán es capaz de echarlo todo a perder, pensó en voz alta mientras tiraba el teléfono a la papelera. Se dirigió al ordenador portátil para teclear un mensaje que el programa encriptó automáticamente y lo envió al tiempo que salía de la habitación repartiendo órdenes.
Casi instantáneamente, a muchos kilómetros de allí, un mensaje empezó a parpadear con insistencia en la enorme pantalla azul que colgaba de la pared:


"TENEMOS MAYORDOMO"


****


Un día más. Tan aburrido como el anterior y el anterior y el anterior. Dando vueltas con la furgoneta de reparto. Soportando el tráfico y los atascos de la ciudad. Tragando humo y contaminación. Desde este punto de la M-40 puedo ver la nube de smog que cubre la ciudad. La nube de smog... lo que le gusta a la gente cambiar las palabras, llamar a las cosas por el nombre que no son y recurrir a términos raros para darse un aire de solvencia que rara vez se corresponde con la realidad, y que, más a menudo, oculta la gran ignorancia que poseen, o sus intenciones de engaño. La nube de smog... una boina de polución que se hunde hasta el entrecejo de la gran ciudad. Lo que daría por estar con mi caballo paseando por el campo, respirando el aire puro impregnado de los olores de la naturaleza, en vez de estar aquí, dando vueltas sin sentido, a la caza de transmisiones que puedan ser útiles a la defensa del estado. Al menos esa fue la justificación de la orden recibida de la autoridad al mando, antes de que desapareciera hace mas de un año. Desde entonces es como si se hubieran olvidado de nosotros, aunque la nómina sigue ingresando a fin de mes y los fondos de los que disponemos para nuestra actividad siguen manteniéndose, como una rutina más dentro del engranaje. Los expedientes se van acumulando sin que nadie se ocupe de ellos y nosotros aquí. Una unidad de elite en medio de los atascos. Aquí, con cuatro de mis hombres expertos en comunicaciones y mil cosas más, dando vueltas en una furgoneta de reparto, capturando infidelidades de personajes notables, descubriendo vicios ocultos y pasiones que serían la fortuna de los programas del corazón, descubriendo las vilezas del relumbrón y la suciedad del poder, del poder realmente poderoso, del poder oculto que maneja los hilos y no duda en perpetrar los peores crímenes para alcanzar sus objetivos más nefandos, del poder ajeno al imperio de la ley. Mi unidad es una barrera más frente a sus desmanes o al menos eso es lo que creemos y por lo que luchamos. Una unidad autosuficiente, desconocida. Siempre en el filo. Siempre con el riesgo de ser borrada, de ser una necrológica más en las páginas interiores de algún diario. Nadie nos echará en falta. Mi unidad no existe. ¿Y si no existimos qué hacemos aquí?
Algo me sacó de mis pensamientos.
- ¿Qué sucede? – Una voz me contestó desde la parte posterior.
- No sé. Ha desaparecido. Ha sido muy rápido, pero ha entrado con mucha fuerza. Debemos estar cerca.
- Mantengan la frecuencia. Avisen a los equipos B y C para triangular si se repite.
- ¡Hecho! – Contestó una voz femenina.
- ¡Pues a esperar!
No tuvimos que aguardar mucho tiempo antes de que los aparatos empezaran a trabajar de nuevo.
- ¡Informe!
- ¡Uf! Un momento. Sin duda última tecnología. No es un móvil corriente. No. Tiene sistemas de encriptación y ocultación muy avanzados, que parecen cambiar continuamente. ¡No he visto nada igual antes! ¡Juraría que tiene un fallo y por eso lo hemos detectado! No va a ser fácil descifrar la señal...
- ¿Localización?
En segundos, las otras unidades están procesando los datos.
- "....Estamos..."
- "...Locos..."
- ¡Mierda! ¡Se pierde! ¡A ver con este filtro!
- "...---...---..."
- ¡Vamos bonita!
- ¡Hago lo que puedo, guapo!
- ¡Le decía a la maquina, presumida!
- ¡Qué simpático!
- ¡Señores a lo que estamos!
- "...---:::---...:::--- Luego ---...:::"
- ¿Eso es todo lo que sabes hacer, guapo?
- Dame tiempo y verás las maravillas que hago con mi herramienta.
- "::===::...___---===:::...---...---===:::..."
- ¡Tenemos la localización!
- ¡Bien! ¡Vamos para allá! ¡Protocolo H! ¡Qué los equipo B y C procedan!
- "...---...---===---:::...:::----...---===...:::--- Adiós."
- ¡Ha cesado la transmisión!
- ¿Podrá descifrar el mensaje?
- Va a ser imposible. Ha durado muy poco y la encriptación cambiaba continuamente con lo que no tendremos una pauta certera. No obstante, esta maravilla ya está trabajando en ello. Le mantendré informado.
Bien, bien. ¿No quería entretenimiento? Pues aquí tengo dos tazas. ¿Quiénes serán? Última tecnología, casi indetectable e indescifrable ¿americana, japonesa? Desde luego, su proceder no es corriente. Merecerá la pena echar un vistazo. ¿Qué querrán ocultar? ¿Estamos, locos, luego, adiós? Un sin sentido hasta tener más datos. Al menos tendrá su utilidad. En el portátil escribo el nombre del nuevo expediente:
E.L.L.A.


El anatómico forense


- Hemos llegado. Los equipo B y C tomarán posiciones en cinco y diez minutos.
- Procedimiento habitual. Permanezcan en espera. ¿Sabemos ya a quién pertenece el inmueble?

- ¡Visto! Está a nombre de la constructora Cementown. -


Un equipo estupendo. Saben perfectamente lo que hacer en cada momento sin necesidad de estar encima de ellos. La voz femenina continua dando información.


- Puede que hayamos dado con algo. Cementown: una de las grandes, con contactos en todas las organizaciones políticas y siempre presente en los grandes movimientos de capitales de este y otros países. Sorprendentemente, nunca se ha visto involucrada en escándalos urbanísticos o de corrupción en contratas públicas. El presidente nacional es poco conocido fuera del ambiente empresarial y no aparece en la prensa rosa. Tampoco le ha dado por comprar un equipo de fútbol. No le debe hacer falta para medrar.


- Bien. Bien. El lugar promete. Está perfectamente comunicado, con un par de vías de escape rápidas en una zona muy tranquila. Un gran muro, que sin duda oculta una mansión exclusiva, rodea toda la finca. La seguridad es impresionante, digna de un jefe de gobierno: Las lanzas que coronan el muro están electrificadas, tienen volumétricos cada pocos metros, cámaras de vigilancia permanente, hasta el clásico letrero de una empresa de seguridad junto al de ¡cuidado con el perro! Para sí la quisieran muchas embajadas.


- ¡Atención! ¡Se abre la puerta del garaje!

Deslizándose sobre el raíl, la puerta se abre como si fuera tragada por el muro. Un vigilante, del tamaño de un armario, sale y parece comprobar el tráfico de la calle. Otro, de su mismo tamaño, se coloca al lado de la puerta. El primero hace una señal con la cabeza que repite el segundo. Acto seguido una lujosa ranchera negra, de cristales ahumados, se precipita a la calle con un desagradable chirrido de sus neumáticos. Inmediatamente desaparece el segundo vigilante; el primero espera hasta el último momento, justo antes de que la puerta le pudiera partir en dos.


- ¡Vamos! ¡No los pierdas! ¡El equipo B que vigile el lugar! ¡El C que nos acompañe!


Ha sido un impulso. Tengo curiosidad por saber a donde se dirigen. Quizá no sea nada, pero esa salida tras una llamada es sospechosa. Aunque tenemos un gran conductor, la furgoneta no puede pasar desapercibida con facilidad, así que hemos de turnarnos con el equipo que todavía está en la autovía.
Nos volvemos a sumergir en el denso tráfico de la M-40. El seguimiento parece realizarse sin dificultad. No les importa el límite de velocidad, ni siquiera la disminuyen en el radar fijo, cambian de carril constantemente sobrepasando a todos los vehículos. ¿Por qué tendrán tanta prisa? Da igual, no podrán esquivar la retención que hay un par de kilómetros más adelante.


- ¡Atención! ¡Toman el desvío de la M-30!
- ¡Equipo C! ¡Son vuestros!
- ¡Los tenemos!


***


Nunca le habían gustado los hospitales. El olor a desinfectante que satura un ambiente ya de por sí excesivamente cargado, las papeleras asquerosas rodeadas de restos de bebidas, la gente amontonada en la sala de espera... Le parecían el lugar ideal para contraer lo que uno no tiene: una enorme incubadora de gérmenes.
Esa misma sensación tuvo al entrar en el viejo pabellón que albergaba las instalaciones del anatómico forense.
El patán del forense hablando sin cesar, como en una carrera sin fin de palabras y frases, les precedía, excitadísimo, a través de fríos pasillos mal iluminados y de estrechas escaleras con olor a humedad que conducían a la morgue y a la sala de autopsias.
Por fin llegaron.
El forense abrió la puerta con el hombro y entró con la naturalidad del que se encuentra en su terreno; sujetó la puerta con la espalda mientras dejaba pasar a sus acompañantes y continuó pasillo adelante, entre cámaras frigoríficas, hacia la sala del fondo. En lugar del desagradable olor a descomposición y formol que esperaba, se extendía un suave aroma a rosas que aumentaba de intensidad a medida que se aproximaban a la siguiente habitación y que, poco a poco, parecía penetrar por todos sus poros, como una sensación de paz y bienestar que estuviera enfrentada a su disposición de ánimo.


- ¿Lo notan? - Preguntó el forense mientras les sujetaba el último batiente.
- No es ningún ambientador, no. ¡Es el cuerpo!


Allí estaba.


En el centro.


Sobre una mesa de Mayo.


Sobre una bandeja plateada.


Mirándoles sin pestañear.


Con barba de varios días. El pelo negro, peinado con raya a la izquierda, sobre las orejas. La nariz prominente. Los labios agrietados y un poco separados dibujando una medio sonrisa que parecía burlarse de los recién llegados. Un aparatoso trípode soportaba una pequeña cámara que le grababa de forma automática. Ningún movimiento alteraba la expresión de su rostro.


Despacio, dio una vuelta alrededor de la cabeza observándola con admiración. El grifo del lavadero goteaba con lentitud cansina. Más allá se oía, mudo, el trasteo de instrumental sobre las bandejas.


- ¿El cuerpo? - Preguntó señalando hacia ese lugar.
- Sí. Estamos terminando la autopsia...
- ¡Le dije que no tocarán nada!


De un brinco se precipitó sobre la primera cortinilla que ocultaba una camilla vacía. Con desesperación la empujó a un lado para descorrer la siguiente que parecía querer enredarse entre sus brazos, antes de dejar ver a dos hombres con pijama quirúrgico, botas de agua, delantal plástico y guantes de goma, que se reclinaban sobre un cuerpo descabezado.
El más cercano se volvió al escuchar el ruido dejándole ver lo que estaba haciendo el segundo.


- ¡Noooooo!



Vigilancia


Sentado sobre un taburete, agarrado a una taza de café, rodeado por el humo de mi tabaco, sorbo lentamente una copa de anís y garrapateo en una libreta.
El sabor recio de las sales alquitranadas me llena la boca mientras el café caliente forma una extraña mezcla con el licor dulzón, irritando suavemente el esófago antes de caer en el estómago como una patada que me recuerda el motivo de mi regreso a casa. Nada mejor para sustentar esta farsa de escritor que un nuevo libro en ciernes.
"Ahora que el tiempo pasó puedo contar los escalofriantes sucesos..."
Escribo parafraseando al desconocido autor del último relato que leí. Mientras, Faroles termina de pulirme los zapatos por tercera vez. Cuando escribo guarda silencio:
"Ziento musso respeto por la creasión artística". "Yo también zoy un artista de lo mío".
Así que escribo al ritmo de su gamuza. Nunca he sido hombre apasionado por las letras pero el destino quiso que me tuviera que infiltrar en un poderoso círculo editorial corrupto. Para ello, tuve que escribir un relato:
"No hay presupuesto". "Hazlo tú mismo." Me ordenaron.
En fin, gané el certamen amañado, me infiltré y descubrí los entresijos de la organización con la misma rapidez que aumentaban las ventas del libro hasta situarlo entre los diez más vendidos. Tal éxito me obligó a escribir la segunda parte del relato al tiempo que desarticulábamos toda la banda y oficialmente el círculo editorial quebraba. El resto de editoriales, en una especie de subasta, pujaron por los derechos como gaviotas sobre despojos. El libro lo publicó el mejor postor y duplicó las ventas del primero. Así que, sin quererlo ni pretenderlo, me encargaron una tercera historia.
"A la gente le entusiasma las trilogías".
Debo reconocer que no es la tapadera ideal pero me permite estar aquí y ahora, sin levantar sospechas mientras actúo como un escritor excéntrico y medio chiflado que se puede pasar toda una tarde en el bar, rompiendo hoja tras hoja antes de escribir dos líneas. Por otra parte, el sobresueldo compensa con creces las molestias.
Doy una larga calada. El humo me envuelve y lentamente desciende. Paladeo el anís. Faroles da su trabajo por terminado. Le doy una buena propina que agradece con alegría. He de tener contentas a mis fuentes aunque ignoren su condición.


"Ahora que el tiempo pasó puedo contar los escalofriantes sucesos..."


No.


No creo que pueda narrar los sucesos acaecidos en el anatómico forense. Al recordarlos todavía se me ponen los pelos de punta.


Cierto que no fueron comparables con la crueldad de las matanzas entre los Utus y los Tutxis, ni con las masacres de Yugoslavia.


No. No tuvo nada que ver.


La muerte no deja de serlo, aún en sus formas más execrables que sólo demuestran la maldad yacente en el ser humano.


Cuando has visto tantas formas de morir, tantos muertos a tu alrededor, llega un momento en el que la muerte se integra en tu vida como un elemento cotidiano más.


No.


En el anatómico la muerte no era un elemento más.


No.


En el anatómico la muerte no era ningún elemento.


En el anatómico la muerte...


¡Estaba presente!


10 junio 2007

Mirando fotos del pasado...

Alguno la recordará...



Anverso:




Reverso:

06 junio 2007

Frutas

Pirámides de colores
Se mantienen en vilo
Despertando sus olores
Recuerdo de un tiempo perdido
Aroma de flores
Naranjas y tomillo
De mi juventud albores
De inicial Amor aviso
Cuando le subían los colores
Cuando la besaba sin permiso
Cuando le hablaba de amores
De amores en el paraíso
Cuando todo eran temores
Solos en aquel piso
De vergüenza pudores
De deseo abismo.

27 mayo 2007

¿Parecido razonable?







A mí no me lo parece.




25 mayo 2007

Comuniones famosas

¿Quién dijo que no eran mixtas?

04 mayo 2007

Una niña

De belleza inaudita
- Otra belleza no se oye -
Camina la damita,
Empujando va el coche.
Pasea la muñequita
Para que no le llore
Porque está muy malita
Con muy muchos dolores,
Le duele la tripita
- Culpa de biberones -
La lleva tapadita
Con telas de colores
Así de abrigadita
¡Pocas son precauciones!
Una receta escrita
Le dieron los doctores:
Las corrientes evita
¡Y que coma boquerones!

25 abril 2007

El uso del idioma

Cuando uno se pone a caminar puede encontrar cualquier cosa:












10 marzo 2007

Entre verdura

De espinaca es la hoja
Donde hábil se esconde
De mano que la coja
Y mirada que le ronde.
Las lechugas en camarilla
Dispuestas en pelotones,
Verdemar avanzadilla,
Ofrecen sus corazones.
"Sacrificio gentil"
Fragantes sollozan los apios
Responde el perejil:
"Tuvieron que hablar los sabios."
Enrojecen los tomates
Todo decoro versiones
De naranjas a granates
Como pimientos morrones
"¡Siempre serás un gamberro!"
Estirando altivo tallo,
Agrio, replica el puerro
"¡El seso de la col tocayo
Juez árbitro de esta cuita
Ya condenó al destierro
Tras no muy larga cita
A tu verde primo berro!"


Oculta entre verdura,
_____Tiesa de pena,
En luto su frescura:
______ La berenjena.

19 enero 2007

La pollera

Fea cual mono fea
Entre piñas y pollos
- Mercado en la aldea -.

No se arriman criollos
Que del susto se vuelan
Lejos de perifollos
Que a rancio huelan.

Carbón sería el pelo
Que los piojos anhelan
No siendo caspa velo
De su intención aviesa
Que como nieve en suelo,
En hombros y en la mesa
Mancha tal que ceniza,
Tal que ceniza espesa.

Su nariz de coriza
Le ha prestado el pavo,
Es mucosa baliza
Del suyo índice, esclavo
De pegotosa estiba
Que hace falda, lavabo.
La manga alternativa
Para el buen secado
De napia congestiva
Y moco resonado.

La frente es un tizón
Por moscas coronado
Como una procesión
De dípteros cargantes
Que van en aluvión
Y no los ahuyentan guantes.

Son soplillos orejas
Que lucen arrogantes
Cual nido de abejas
Todo cera: Panales.

Qué decir de las cejas,
Crines adicionales,
Funden cual pasarela
De cuencas abisales,
De párpados cancela.

Los ojos hipogeos,
- Calibre arandela -
De cierto color Burdeos,
- Entre Burdeos y excreta -
Sobrellevan lagrimeos
Que asaltan su careta
Cuando orzuelos se toca
Y con saña se aprieta.

¡Pues que aroma la boca,
Vaho de cebolleta,
De muy lejos nos toca
Estridente corneta
Que al vivo aniquila:
De muerto es cagueta!

O tal vez sea la axila,
De fragancia garante,
Lo que al pollo obnubila:
De su muerte es causante.

¡Gran pena y dolor
Por pollo agonizante
No resistió el hedor
Del puesto ambulante!