Lectores del foro, que sois buena gente,
sabed: No todo abogado es excelente.
De todos los oficios,
el más que señalado
para liar estropicios
es el de abogado.
Si dudáis de lo dicho
aquí os dejo un ejemplo,
no sólo por capricho,
es que, esto, lo contemplo.
Con muchos sacrificios,
vas y contratas a uno
al que pagas servicios
como de gran tribuno.
Tramita ejercicios
trimestrales de hacienda,
¡parecen maleficios,
no hay quién los entienda!
Conciertas una cita
tras soberano esfuerzo
en la que él no te invita,
ni se paga el almuerzo.
De trabajo abrumado,
no le faltan las prisas:
Al pasante ha echado
¡no plancha sus camisas!
La vista en los juzgados
sólo una menudencia:
Todos los procesados
concluirán en la Audiencia.
¿Qué, por aquí, te trae?,
dice sin compostura,
mientras con un palillo rae
su sucia dentadura.
¿De dónde son las cuentas?
Mire que tengo facturas
todas tan macilentas
que no admiten cochuras,
adviertes al lumbrera.
Momento inoportuno,
hace que no se entera;
él, problema, ninguno,
si no es el de la muela
en la que su palillo
una y otra vez se cuela
cuando deja al colmillo
tranquilo con la lengua,
y suelta verde esputo,
que ni el pañuelo mengua,
ni evita en absoluto.
Hay gastos que no sabes,
dice con convicción,
para que te desgraves
con ninguna aflicción.
¿Cuáles son esos gastos
que a mí se me escapan?
Ni son de los abastos
ni servicios atrapan.
Hay que saber de tablas,
rellenar los modelos
esos de los que hablas.
¡Olvida los canguelos!,
éste es todo mi oficio,
en él soy un gran experto,
¡verás el beneficio
cuando den el aserto!
De tablas, poco sé;
en el colegio, reglas,
sólo cuatro estudié.
Los números arreglas,
desconozco el porqué,
para no haber problemas
dinero te pagué,
no para estratagemas
que no me den cuartel;
no quiero líos de hacienda
que ya dejo asaz piel
bregando en la tienda.
Tu no tengas cuidado,
puedes estar seguro
que será de tu agrado
yo te lo aventuro;
del fisco, misiva,
te dará el cartero,
tratará sobre el IVA,
me la mandas ligero,
que será un tira y afloja
por aqueste dinero,
que a mí no me sonroja
porque yo lo vi primero.
Demasiado trabajo
ocupa tu cabeza
para estar al ajo
de aquesta sutileza.
Te vas, no muy contento,
deseas que esté en lo cierto,
aunque te suena a cuento
pero, él, es el experto.
Pasa y pasado el tiempo,
el fisco te da aviso,
paga sin contratiempo
la hipoteca del piso.
¡Felicidad y alegría!
¡Y yo carente de fe!
¡Qué grande es la abogacía
de asesor que arrendé!
¡El IVA me retornan
sin presentar papel!
Las fiestas le trastornan:
¡No se lo cree ni él!
Tiempo pasa y ha pasado,
declaración de renta:
el momento ha llegado.
La hace la parienta
que de esto sabe un rato.
De internet me descargo
para hacer el relato,
un padre más que largo,
de recuadros repleto,
que mi mujer rellena,
no sin mucho aprieto,
mientras guiso la cena:
Arroz con bogavante
más un pavo trufado,
buen vino acompañante
y, para postre, helado.
Después un buen sorbete
de limón he pensado.
¡Qué menos que un banquete
tras lo que ha trabajado!
Ella se lo merece
y más aún sin dudarlo.
Se acerca y me parece
si no es mejor dejarlo:
Rostro desencajado,
con un tris en el labio,
el padrastro rajado...
no hay que ser muy sabio
las cuentas no le salen
o algo peor ha pasado.
Los mimos no me valen
que no olvida el enfado.
A la mesa se sienta
como algo obligado.
La vianda suculenta
no va a ser de su agrado.
¡Para mí cosa nueva,
teniéndolo delante,
el arroz no lo prueba
ni toca el bogavante!
Me barrunta a tormenta
en muy breves instantes,
cuando no se alimenta
malos son los causantes,
y no ando equivocado,
del trueno, el estallido,
surge cuando el trufado
aún no hemos partido.
¡Cómo coja al leguleyo
le pongo a la i acento,
si antes no le degüello,
le doy un escarmiento!
Dice con voz muy fina
que a mí ya me aterra,
si lo ve, lo asesina
y del tirón lo entierra.
¿Qué sucede mi amor
que la ira se te lleva?
Cálmate, por favor.
Dime que te subleva.
Borrador nos ha dado,
de números muy lleno
y ninguno acertado,
de errores está pleno.
Los números no casan
con el previo alegato,
del IVA en que se basan.
¡Ni hecho por cegato!
¡No sé qué voy a hacer,
todo arreglo es malo,
cuando vean el dossier
nos dan un varapalo!
Tenemos las facturas,
tenemos comprobantes
que no son basuras
y son tan abundantes
que nos dan cobertura.
Todo está justificado,
no tengas amargura.
Lo tengo bien guardado,
y ordenado por fechas.
Si lo crees necesario,
un vistazo les echas,
lo tengo en el armario
metido en carpeta,
ésa de que te quejas.
Sale como una saeta.
¡Teme lo que aconsejas!
Ahora se ha encerrado
varios días en el cuarto.
Me siento abrumado,
¿y si le dio un infarto?
Con muy mucho cuidado
y no menos de susto
a la puerta he llamado,
temiendo el disgusto.
Dormir es el pañuelo
que al cansancio hace mella,
tirada en el frío suelo,
allí estaba la bella.
Para no despertarla,
la tapo con la manta
y no es ninguna charla
que parece una santa.
Dejo la puerta abierta,
no sea que llamara;
poco después despierta,
sigue con mala cara,
aunque en sus ojos brilla
un rayo de esperanza
que aviva la mejilla,
lo que me da confianza.
Antes que yo diga, ella habla:
Sólo veo una ventaja
de que esté hecho a la diabla,
me dice cabizbaja,
porque de la inspección
ninguno nos rescata,
con tan gran mogollón
la tarea será ingrata,
de asesor distracción,
en lo que rellenamos,
explica confusión
ya que nada ocultamos.
Conté al abogado,
con gran sangre fría,
su gran desaguisado.
¡Como regaño de tía,
por un oído le entra,
por otro ve salida!
Nada a él le descentra,
menos, esta movida.
Las cuentas están bien
son sólo diversión,
verás que en santiamén
te tornan un millón.
Si no, hacemos recurso,
que no es temeridad,
yo preparo discurso
de aceptabilidad
y si nos lo deniegan,
no estaré ocioso,
los caminos no ciegan,
¡iré al contencioso!
Ya no le sé explicar
que si habemos contrato
es para eso evitar,
que no es un mandato
para ¡hala a litigar!
que tiempo es dinero
para así prodigar.
¡Lo dije lo primero!
En el sillón me aplasto
un golpe le voy a dar,
si será muy nefasto,
voy a recapacitar.
No me da el momento
que corriendo se va,
no sé qué mal evento
le lleva a Alcalá.
Tiempo pasa y ha pasado,
llega extracto del banco,
el lumbrera ha cobrado
y no parece manco,
dentro del mismo mes,
ha pasado el recibo
y reitera después.
¡Le voy a dar incentivo
si repite otra vez!
Por teléfono le hablo
para no ver su tez.
Con afable vocablo
la noticia agradece.
Para antes del café,
según a él le parece,
me reingresa el parné.
Un error informático
ha tenido que ser.
Un apple problemático
desde que empezó a arder.
Un asunto resuelto
porque al mes siguiente
el cobro me ha devuelto,
el extracto no miente.
Del otro mal asunto,
otro ejercicio empieza,
del kilo no hay barrunto.
Os lo digo con franqueza,
larga se hace la espera
de la devolución,
aunque para el lumbrera
no haya tribulación.
Tiempo pasa y ha pasado,
pidiendo aclaración,
sufro certificado
de una delegación
de la hacienda inspección.
Quiere, de aquellos gastos,
la justificación.
No me pinta en bastos
aquesta situación,
que todo lo he pasado
en buena condición
al dicho abogado.
Le mando burofax
para que ya él proceda;
lo toma con relax:
¡Va a ir como la seda!
¡Ya con los trimestrales
les tiene que valer,
sólo hay que recordarles
lo que tienen que hacer!
A veces me disputo
si, quizás, sabrá leer
o quizá es tan astuto
que no se puede creer,
para algo yo le pago,
¡qué haga su menester!
Mejor de lo que yo hago
él sabrá lo que hacer.
Tiempo pasa y ha pasado,
tras muy larga espera
llega certificado
que el leer me da dentera:
¡Han hecho paralela!
La mujer ya está alerta.
¡Hemos de soltar tela!
La mujer... boquiabierta.
¡Eso no puede ser!
¿Cómo tales estragos?
¡Eso hemos de ver!
¡Si sólo tienes pagos!
Del fisco, la oficina,
como una exhalación,
para evitar la ruina,
fuimos en comunión.
Vimos el expediente,
vimos al inspector,
no peco de prudente,
es todo un señor.
¡Ni un papel recibió!
Los pagos de autónomo,
él fue quién los metió.
¿Para esto tengo ecónomo?
Me lo pregunto yo.
¡Tendrá que escucharme!
¿Para qué el gachó
si ya no puedo fiarme?
Por suerte, hay unos plazos
para subsanación.
Llevo bajo los brazos
copias sin omisión,
de esos gastos, todos,
que no justificó.
Con sus mejores modos,
mi mujer se las dio.
El pobre inspector
parezca que enfermó,
su tez cambió el color,
con eso, él, no contó.
De súbito, su mesa,
del papel aguacero,
se convierte en artesa,
de cuentas sumidero;
el fino expediente,
de recibir papel,
engrosa de repente
hinchiendo el anaquel
de asunto pendiente,
hasta extremo tal
que, si hay mal accidente,
seguro que es mortal:
del porrazo, se muere;
ya veo el crisantemo
y oigo el miserere
que encomienda al Supremo...
Reaccionar, al fin me hizo,
de mi mujer pellizco;
olvidé ese cenizo
y me dejó muy bizco,
y el brazo dolorido,
que aunque no se me oyó,
morado colorido,
más de aquél mes duró.
En fin, nos despedimos
muy educadamente
y de allí nos fuimos,
casi directamente,
llenos de indignación
por semejante brete,
a hacer reclamación
al funesto bufete,
por el banco pasando,
que estaba al lado,
y el pago anulando
de abogado malvado.
Nadie abría al llegar
en horas que estaría.
Fuimos a preguntar
por él en conserjería.
No fue una novedad:
“Salió a toda pastilla”,
dicen con brevedad,
“hacia plaza de Castilla”.
Nota en el buzón,
de ese nuestro contrato,
la finalización,
le dejo de inmediato.
El picapleitos llama
sin no mucha tardanza.
Mi mujer ya le brama:
¡Ahora muestras pujanza!
Chaparrón de improperios,
fue lluvia de su boca,
lógicos vituperios,
duros como una roca,
que de su mal hacer
compensación demandan;
y ya puede amanecer:
palabras no la ablandan.
Por resumir, diré
que por el disco duro
sucedió el traspié
que condujo al apuro.
Del apple, la excusa,
esta vez no coló
que ella no es ilusa;
su respuesta punzó.
Tal vez él ya aprendió
la clase magistral
que mi mujer le dio:
No basta trimestral
si piden comprobante
de forma oficial,
es claridad bastante,
¡es de aurora boreal!
Aunque parezca chanza
de una mente fecunda,
yo creo que fue venganza
de cabeza iracunda,
de faxes inundó,
del fisco, la oficina,
lo que antes no mandó
y alguno de propina.
La acción no acaba aquí;
en amortizaciones
ahora tengo alfaquí
sin dar complicaciones,
que es mi amada esposa;
de tanto ir y venir,
- casi no hizo otra cosa -
se tuvo que curtir.
Fue una espera larga
de la resolución
y no poco amarga
por esta situación:
De baja laboral
el inspector estuvo
y ayuda asistencial
un buen tiempo retuvo;
al Gólgota subió
cuando un gran expediente,
de lleno le cazó,
quebrándole la frente;
Aunque sí me preocupe,
no quiero pensar mal,
el que fue, no lo supe,
y huí de ese barrizal.
Tiempo pasa y ha pasado
de otra declaración
el momento ha tornado.
Del anterior millón,
ha poco han resuelto
y no ha sido un exceso,
un cuartillo han devuelto,
que ya tengo el ingreso.
No hay multa ni sanción,
no se aprecia dolo,
mala fe u ocultación;
eran criterios sólo,
en la colocación
de las actividades,
distinta apreciación
de aquellas cantidades.
Gracias a mi mujer,
que no iba descarriada,
no hay de qué temer;
no ha pasado nada.
Conociendo el criterio
que debemos seguir,
no parece tan serio,
el hado porvenir.
Otro si que decir:
No os ciegue candileja.
Al que lo quiera oír,
hay va la moraleja:
Por un mal consejero,
afamado en leyes,
es del todo certero
que han caído hasta reyes.
De Cicerón a FESCIMED
Hace 6 años