Es emocionante vivir un momento único sabiendo que es la primera vez que vienen a tu ciudad y, muy probablemente, la última. El tiempo no perdona. Esta idea me asaltó inmediatamente mientras subía las gradas del Palacio de Deportes y observaba que la media de edad era incluso superior a la mía.
Llegué pronto, con la impericia del neófito, extrañado por la poca publicidad que se le ha dado al evento y preocupado por las condiciones físicas de estos veteranos en su penúltima etapa de esta gira europea - sino estoy mal informado hoy termina en Lisboa - ; en el último concierto de Jerry Lee al que asistí - ¡cuánto ha llovido desde entonces! – la mascarilla de oxígeno no fue suficiente y se lo tuvieron que llevar en ambulancia según informaron después. Pero ahora iba a ver en directo la banda que consiguió que ahorrara lo suficiente como para comprar mi primer disco y no había lugar para pensamientos funestos, que se desvanecieron al cruzarme con una pareja de abueletes cuyas camisetas lucían la fantástica carátula de ”One of this nights”.
Una amable señorita me acompañó hasta mi asiento, a la izquierda del escenario, desde donde se dominaba perfectamente y con una visibilidad mucho mejor de lo que la calidad de mi cámara ha reflejado. Además de la gran pantalla central, el escenario disponía de otra en cada lado, quedando la izquierda a una distancia ideal para disfrutar de los primeros planos que dos cámaras fijas, además de otras tantas móviles, nos ofrecían. La derecha quedaba parcialmente tapada por los focos que pendían sobre el escenario y el patio.
Reconozco que me sentí un tanto defraudado al ver que no había tanta gente como la que esperaba, pero la valla que separa al público del escenario ya tenía suficiente gente como para disponerse en, al menos, una docena de filas poco compactas; todo un bullicio que comía sándwichs y bebía cervezas de las que surtían no sólo los ambigús distribuidos por los pisos y en el patio, sino también unos jóvenes que me recordaron a barquilleros ultramodernos con sus banderolas terminadas en una lucecita. Era pronto. Tenía constancia de que se habían vendido muchos más asientos y no dudaba que se terminaría llenando.
La espera fue amena, la gente que poco a poco iba ocupando sus asientos, la música variada de fondo, los operarios dando los últimos retoques en un escenario apagado, la hora que se aproxima, la gente entrando en mayor cantidad, nuestra grada completa, un operario y luego otro, y otro más y otro par de ellos que trepan por una escala hasta subirse a la estructura que soporta los focos – allí pasaron todo el concierto –, las pruebas con la pantalla principal, un cable por aquí, otro por allá...
Puntualidad tal vez británica – nunca llevo reloj – , el aforo casi completo aunque con huecos en las gradas, sobre todo la derecha, y no muchas apreturas en el patio. Los acordes de “How long” abren la sesión...
2 comentarios:
Bueno quiero hacer un pequeño inciso the Eagles tocaron el 23 de mayo de 2006 en el Palau Sant Jordi (Barcelona), por el simple motivo de que estuve viéndolos yo, adiós.
Muchas gracias por la precisión, en seguida lo corrijo.
Aún así tengo metido en la cabeza que cuando se congeló el infierno tenían prevista una actuación en Barcelona. Supongo que se suspendería.
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