06 febrero 2008

4.2

Cuaderno de bitácora

XII

Aún con el traje de paseo noto el frío. Tengo las manos heladas y un visillo de humedad condensada empieza a empañar la escafandra; pero no importa, no hay nada que ver: todo está oscuro.

Es el final.

De nada ha servido desconectar el soporte vital, la brecha se ha extendido y los sistemas de contención no podrán resistir mucho más. La antimateria romperá la reacción en cadena del motor y la nave desaparecerá. Un pequeño agujero negro será nuestro legado. HAL, tan eficiente como siempre, nos ha traído hasta el lugar donde menos pueda perjudicar el desastre, aunque no tiene certeza sobre la repercusión final del proceso. ¿Ocurrirá como en alfa – Pigmaglion?

Nunca la sabré.

Como nunca sabré si la misión finalmente habrá servido para algo.

Confío en que hayamos arrojado la lanzadera a suficiente distancia y no le alcance el colapso. Con sus recursos energéticos debe llegar hasta la ruta estelar de Deep Space, luego la boya sideral hará el resto, alguna nave la recogerá y la llevará a su destino... si cae en buenas manos.

Una lástima. ¡Todo había ido tan bien!

Seguir la estela de mi antecesor no fue tan complicado como creían. El informe de la batalla contra el cubo Borj indicaba que, momentos antes de que explotara, escaparon dos naves de su interior.

Una abrió una fisura espacio – temporal y fue perseguida por el Enterpraise de Picard que consiguió neutralizarla.

La otra, minúscula, de color verde brillante, hubiera pasado desapercibida sino fuera por la nave, un auténtico bólido de carreras, que salió en su persecución desde El Descubrimiento.

Aunque sea difícil de creer, no podía ser más que la réplica de la nave que El Descubrimiento había escaneado cuando recogió al naufrago espacial, al furiano, y, además, tenía que estar tripulada por el portador del quinto elemento que saldría tras del orbe verde, la encarnación de la maldad, para destruirlo. Mi antecesor no tenía tiempo para persecuciones, su pulsera vital ya estaba roja en Deep Space.

¿Qué haría entonces cuando su tiempo estaba a punto de expirar, sin compañía, y con la satisfacción del deber cumplido tras rescatar a un Profeta y salvar de nuevo a la humanidad? ¿Qué haría yo? Pensé mientras contemplaba mi pulsera color esmeralda.

Me tumbaría plácidamente y dejaría que HAL gobernara la nave. Él sabe lo que tiene que hacer.

¿Por qué no regresó?

Esa era la pregunta.

Esa era la misión: Encontrar la nave y recuperar el mecanismo alienígena llamado Apolo. Un dispositivo desconocido que, según su cuaderno de bitácora, permitió al Descubrimiento escapar de varias situaciones terminales a costa de saltos dimensionales impensables para nuestra tecnología. De ahí su interés.

Lo lógico es que El Descubrimiento estuviera en ruta desde la Puerta Iconiana a Deep Space o, si algo fue mal, en la ruta de la Tierra a la Puerta. Sin embargo, no apareció.

¿Dónde iría? ¿Volvería a usar Apolo para cambiar de dimensión? Si fuera así podíamos darla definitivamente por perdida.

No. Nunca creí en esa posibilidad. Después de todo el trabajo que le costó regresar a nuestra dimensión ¿por qué iba a hacer algo semejante? No tenía sentido.

Tal vez no quería retornar a Deep Space.

En su viaje, mi antecesor estableció una relación muy íntima con el Profeta. De hecho pensó que era su instinto, la voz interior que le guiaba. Sólo al final, en el agujero de lombriz, descubrió la verdad.

Tal vez quisiera pasar sus últimos momentos con él. ¿Por qué no?

Decidí explorar la ruta desde la Puerta Iconiana al agujero de lombriz, dejando a un lado Deep Space. La situación en la zona es tranquila desde la firma de La Gran Tregua y las posibilidades de un ataque son escasas.

Procedimos de forma sistemática, siguiendo los protocolos estándar de actuación en el rescate de naufragios, para no provocar ningún tipo de conflicto indeseado e indeseable. Exploramos cuadrante por cuadrante. ¡Y dimos con ella! La alegría inicial pronto se transformó en preocupación. Algo no iba bien.

Parecía exhausta, apagada y silenciosa. No respondía a nuestras llamadas y, lo más raro, permanecía en un punto fijo sin moverse, tan anclada como si estuviera en el muelle de mantenimiento.

Inexplicable.

Por precaución mantuve la distancia y procedí a orbitar a su alrededor para intentar descubrir la causa de tal fenómeno. Fue tan inútil como los esfuerzos de mi HAL para despertar al del Descubrimiento.

Teníamos que abordar la nave para aclarar la situación. Aunque todos los informes eran favorables al acoplamiento de las naves, debo reconocer que el miedo a perder la mía fue mayor que el de teletransportarme al interior del Descubrimiento.

No es el cosquilleo incómodo cuando te desintegras y el escozor cuando te recompones.

Ni el miedo a que falle el proceso.

Es la sensación de que tu yo muere para reaparecer como otro igual a ti pero que ya no eres tú, sino otro: una copia de ti mismo.

No termino de acostumbrarme.

Además podría estar activado Armagedon. HAL lo descarta. Sus análisis así lo indican. Pero sus análisis son incapaces de determinar qué le pasa al Descubrimiento.

Antes de ir a la sala de teletransportación me puse el traje de paseo. ¡Quién me iba a decir que ya no me lo quitaría!

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XIII

Las cuadernas crujen. Pronto se colapsarán. Será fulminante. La antimateria entrará en contacto con la materia y se aniquilarán. No puedo hacer nada. La brecha en la jaula es imparable.

¿Podía haberlo evitado? Es tarde para lamentaciones.

Llevó mucho desarrollar una tecnología segura para los viajes siderales y ese periodo no estuvo exento de accidentes. Ya habrán pasado un par de siglos estelares desde el incidente en alfa – Pigmaglion. En fin, ningún dato indicaba este final. Algo aprenderán las generaciones posteriores... si la lanzadera llega a su destino y hay suerte.

Quedan pocas naves como El Descubrimiento. De características intermedias, esta clase resultaba muy pequeña para la exploración del espacio profundo, pero con mucha más maniobra y recursos que la serie Voyager o Defiant. Sin embargo, su poca capacidad de carga y de tripulación determinaba misiones “breves” para evitar el agotamiento del personal; finalmente, por nuestras características, se nos adjudicaron casi en exclusividad, adaptándolas a nuestras necesidades y mejorando su rendimiento. Por ello, podía presumir de conocerla al dedillo sin haberla pisado nunca. No obstante, cuando me materialicé en su puente, me sentí como un ectoplasma en nuestra dimensión. Y no porque Armagedon estuviera activado, que no lo estaba.

No.

Era estremecedor: El Descubrimiento estaba tan muerto por dentro como por fuera. Las señales energéticas eran nulas. Y cuando digo nulas me refiero a que todos los indicadores mostraban su ausencia, como si un gran parásito hubiera chupado la sangre de su víctima hasta consumirla.

¿Cómo es posible? HAL no supo darme respuesta.

De mi antecesor tampoco había rastro. ¿Dónde estará el cuerpo? En ese momento no era prioritario; pensé que tendría tiempo de sobra para buscarlo.

Primero tenía que reactivar al HAL 4.1 de la nave para evaluar la situación antes de intentar toarla y para eso necesitaba energía.

Con la ayuda del atornillador pequeño, incorporado en el meñique del guante, desmonté la carcasa que da acceso al hueco para el suministro energético de urgencia, inserté con cierta dificultad la pequeña pila atómica, que llevaba en el cinturón, y aseguré la carcasa en su posición. Un pequeño zumbido me indicó que la fusión del deuterio había comenzado. Al poco una superficie auxiliar parpadeaba pidiendo la clave de acceso. Tenía que ser cuidadoso, cualquier fallo al introducir las claves de reinicio podía hacer creer al 4.1 que estaba siendo atacado y activaría mecanismos de autodefensa suficientes para aniquilar un pequeño ejército. Afortunadamente la configuración se realizó correctamente y los programas se empezaron a cargar con rutinaria rapidez.

Mientras terminaba el proceso eché un vistazo a mi alrededor. Los focos de mi traje iluminaron el asiento de mando con una taza a su lado; en el escáner había una caja de vacío, en su interior un disco fino y decrépito, de un material que no reconocí y con un agujero enorme el centro; en el simulador –la computadora independiente que permite hacer pruebas sin comprometer la principal– un artilugio embutido en una conexión fabricada con la impresora tridimensional. El corazón me dio un salto. Eso era Apolo.

Un ruidito me llamó la atención.

La carga del sistema había finalizado y un mensaje aparecía en la superficie:

HAEC NOX EST, DE QUA SCRIPTUM EST: ET NOX SICUT DIES ILLUMINABITUR; ET NOX ILLUMINATIO MEA IN DELICIIS MEIS.

Si no fuera imposible hubiera creído que un virus se había adueñado del sistema. ¿Qué significaba? ¿Era una clave encriptada? ¿Un código? ¿Por qué? ¿Sería un aviso sobre la situación de la nave? En este caso tendríamos que saber descifrarla. ¿Y el dialecto usado? No lo había visto en mi vida. ¿Pero por qué no estaba en inglés? Sería lo lógico. Es el idioma convencional para las comunicaciones espaciales, incluso entre las alienígenas... El cuaderno de bitácora de mi antecesor mostraba el gusto de éste por emplear el castúo, pero el traductor automático mejorado por Apolo evitaba los problemas de entendimiento. ¿Sería castúo?
La idea se me ocurrió al tiempo que a través del comunicador HAL me informaba de que los DAE (dispositivos automáticos de exploración) habían terminado la inspección de la nave sin novedad.

– ¡Traduce! – Marqué en la franja de órdenes.

Con un pequeño parpadeo el texto sobre la superficie cambió:

Ésta es la noche de la cual está escrito: Y la noche será tan clara como el día; y la noche será mi iluminación en mis delicias.

Estaba más confuso que al principio. Hasta ese momento tenía el consuelo de no conocer el dialecto y ya no me quedaba ni eso.

¿Qué significaba? Hablaba del día y de la noche que son términos planetarios que en el espacio no tienen ningún sentido. Además se refería a la noche como contraposición del día, por tanto se debía referir al día solar medio y no al sidéreo.

Una forma muy primitiva de medir el tiempo.

En general, se entiende por noche al lapso de tiempo entre el ocaso y el orto. ¿Pero de qué planeta?

En la Tierra el día dura 2H y la noche 24 – 2H, siendo H el ángulo horario, variando según la época del año y la latitud. Si pensamos en los planetas habitados tendríamos que emplear la consabida fórmula:
cos(H) = - tan (F) x tan (D)

Donde F es la latitud del lugar y D la declinación solar. El orto ocurre en un ángulo horario de –H, claro que sólo en los sistemas con una sola estrella; si consideramos los demás las posibilidades se incrementan exponencialmente.

Entonces, la primera parte podía simbolizar que, como ya está predicho, el ciclo oscuro de un planeta se iluminará. ¿Una gran explosión? ¿Un desastre meteorológico ya previsto? Podía tener sentido pero la segunda... “y la noche –esa noche– será mi iluminación en mis delicias”, ¿la explosión le iluminará mientras se lo pasa bien? Era absurdo. ¿Qué relación podía tener con la nave?

Estaba perdiendo el tiempo.

Ordené a mi HAL que, trabajando en segundo plano, buscara claves ocultas en el mensaje, previsiones de catástrofes y cualquier otra cosa que nos permitiera encontrarle sentido, mientras intentábamos recuperar los sistemas vitales de la nave y acceder a los últimos informes de a bordo…

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XIV

El último chirrido ha sido escalofriante, como si la nave en su agonía hubiera dejado escapar un grito de dolor desesperado.

Los cristales de trilitio se deben estar retorciendo en la jaula. Los rayos gamma pronto dejarán de ser útiles. No sé si tendré tiempo para terminar el informe. ¡Qué más da! Desaparecerá con todo lo demás.

Será repentino y silencioso. La antimateria en contacto con la materia hará que ambas se transformen en energía pura y, ésta, reaccionará con el farallón de materia oscura provocando su colapso y una catástrofe de dimensiones incalculables a priori.

Tal vez aparecerá un pequeño agujero negro, tal vez algo peor. En alfa – Pigmaglion la energía oscura formó un torrente de electrones y positrones, que giraban en torno al campo magnético, con una longitud de muchísimos años luz y con una variación tan rápida en su forma e intensidad que recordaba una manguera retorciéndose por la presión del agua. La tragedia arrasó varios sistemas planetarios en la galaxia vecina y todavía hoy pueden observarse sus secuelas.

No tengo razones para el optimismo.

Fue imposible reactivar el soporte vital del Descubrimiento. La energía estaba totalmente consumida y no era capaz de averiguar el motivo. Ni la exploración externa ni los DAE habían mostrado señales de accidente, fugas o averías.

Tenía tanto sentido como el estar anclado en medio de la nada o el mensaje críptico de bienvenida.

Pese a que parezca un poco tonto, me consolaba que HAL tampoco tuviera explicaciones.

– “Datos insuficientes.” – Decía con cierto tono irritado, como si le molestara no encontrar solución al enigma.

Afortunadamente, las máquinas no tienen sentimientos y al 4.1 no le incomodaron ni los antivíricos ni la fragmentación y recomposición del sistema. Parecía ausente y eso me sorprendió porque estoy seguro de que mi versión hubiera hecho algún comentario durante el proceso.

Cuando terminó la recomposición conseguí acceder a los archivos. El último informe confirmaba que, finalmente, mi antecesor fue vencido por el sopor comatoso a una jornada de la Puerta Iconiana, entonces el 4.1 se hizo cargo de la nave. Todo discurrió normalmente hasta que atravesó la Puerta, en ese momento es como si todo se hubiera fundido.

No había más información.

Ni información, ni energía, ni el cuerpo de mi antecesor, sólo un mensaje codificado.

Las conclusiones que HAL había extraído del mismo eran…, como decirlo…, extravagantes. El escrito no tenía claves secretas ni estaba en castúo sino en un idioma terráqueo arcaico, que imitaba en su estructura al Texto Sagrado de una antigua religión, del cual recogía tres fragmentos inconexos.

El primero, HAEC NOX EST, DE QUA SCRIPTUM EST hacía referencia a la huida del pueblo judío de Egipto, en concreto a la noche en la que los primogénitos egipcios fueron exterminados por los ángeles del Señor. El segundo y el tercero estaban sacados de los Salmos del rey David, un rey de los judíos. ET NOX SICUT DIES ILLUMINABITUR podría entenderse, según HAL, como que Dios está infinitamente cerca de nosotros o nos conoce infinitamente gracias a su condición. ET NOX ILLUMINATIO MEA IN DELICIIS MEIS; tenía una explicación muy compleja basada en noches serenas e iluminación del intelecto que se podía resumir en esclarecer las tinieblas del alma.

No alcanzaba a entender cómo HAL había llegado a esas conclusiones ni qué vínculos podían guardar con la situación de la nave. Todo era un sin sentido. El único elemento común era el pueblo judío. La primera parte se refería a un episodio concreto de su huida. ¿Estaría relacionado con la liberación de la nave? Podría ser, ¿pero las otras dos? Auténticas galimatías. Desde luego necesitaba que el Señor iluminara mi entendimiento.

Volví a mi nave para valorar con tranquilidad todos los datos...

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XV

La formación de rayos gamma se acabó y con ella la nave. Los cristales de trilitio dejarán de regenerarse, cuando se deshagan, la antimateria se desparramará por la jaula y todo habrá terminado. No tendré tiempo ni de darme cuenta.

¿Por qué no me di cuenta antes?

¿Cómo podría haberme dado cuenta?

Después de estar en el puente del Descubrimiento, pisar el mío fue reconfortante. Es agradable regresar a la nave propia, al hogar. Tu vida depende de ella y ella de ti, como si fuera una simbiosis. Tal vez por ello me sentía como si hubiera estado hurgando en el interior de un cadáver y acabara de salir de la ducha, aunque sería, simplemente, por no estar a oscuras y comprobar que los paneles funcionaban como siempre.

Tras analizar la situación con HAL no encontramos ninguna razón para no toar la nave. La indagación la realizarían los expertos de Deep Space, quizás ellos tuvieran más suerte y descifraran los enigmas.

Siguiendo los protocolos, procedí al amarre de la amura de estribor del Descubrimiento, anclando con los lazos de tracción sus puertos de conexión y embutiéndolos en los nuestros, con exquisito cuidado de que las compuertas permanecieran perfectamente aisladas y selladas.

El acoplamiento fue perfecto. Las dos naves eran un todo.

Después, con la ayuda del espaciocarro, –una maravilla de la compañía Halley, David & son – di un pequeño paseo para insertar los cuatro motores auxiliares reglamentarios en la amura de babor y los triángulos de señalización en la popa. También aproveché para realizar una comprobación visual cercana del casco de la nave. Como informaron los DAE no había nada fuera de lo normal.

Reintegrado el espaciocarro en su módulo, volví directamente al puente. Eso ha prolongado mi vida. Es sorprendente como pequeños detalles pueden alterar la evolución de los sucesos. Normalmente me hubiera quitado el traje, pero no lo hice y ahora estoy aquí, en la cabina “Ultímate”, con la agonía de la espera... Debo darme prisa. El tiempo se agota.

Marcada la ruta hacia Deep Space iniciamos la singladura a una velocidad moderada. No tenía prisa y quería ver el comportamiento de la nave antes de acelerar a velocidad de crucero. Nada presagiaba lo que iba a suceder.

Cuando alcanzamos el factor 4 la nave frenó en seco, como cogida por una gran tenaza, la estructura crujió como si se fuera a desmoronar y yo no quedé aplastado contra un mamparo gracias al SES (sillón ergonómico salvavidas). Todos los indicadores de emergencia saltaron a la vez. Teníamos una fisura en la jaula y se había producido un gran escape de radiaciones X y gamma. El proceso automático de sellado y descontaminación lo había controlado pero sin el traje hubiera muerto.

Aún quedé más conmocionado cuando HAL me informó de que la avería era irresoluble y me mostró la causa que la originó:

El éter luminífero estaba alumbrado.

Resplandeciente.

Bellísimo.

La puerta a otra dimensión.

De la panza del Descubrimiento partía una especie de cordón umbilical formado por nubes de gases no luminosos, que ahora destellaban en colores imposibles de describir incluso para HAL, cuyos sensores eran incapaces de recoger ningún dato. El cordón se perdía en un farallón de materia oscura no bariónica que brillaba como un sol, alumbrando un MACHO lejano, una nueva Terra Ignota.

De repente el mensaje adquiría todo su sentido.

La noche se había iluminado dejando ver un planeta de materia oscura como los científicos habían previsto en sus hipótesis.

Y yo era el primer ser en contemplarlo.

Yo soy el primogénito. Mi destino está escrito.

Ha merecido la pena.

Moriré con el deleite de su contemplación.

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