16 diciembre 2007

La realidad supera con creces la ficción

Y no es una frase hecha sino algo que puedo comprobar un día sí y otro también.

La televisión ha dejado de llamar mi atención hace mucho tiempo y no sólo por la desaparición del "Boristófeles" y sus perlas del tipo "En todas partes cuecen babas", o por los telediarios, como el de Tele 5 donde el locutor reíteraba que a un señor le habían extirpado un "bultoma" de no sé cuantos kilos.

El triunfo de los programas rosas en los que se habla de las intimidades de personajes de relumbrón, seguido del de las series que muchos consideran subrealistas, de las que no voy a opinar sobre su calidad o buen gusto, han terminado de alejarme casi definitivamente de la pequeña pantalla.

La razón es sencilla: Para qué voy a ver una serie de trifulcas entre vecinos si en mi comunidad también hay reuniones mucho más "jugosas" e increíbles.

Debo reconocer que lamento profundamente no haber tenido una cámara oculta o, al menos, una grabadora para dar fe de los acontecimientos que, si no fuera por los testigos presentes, quedan muy lejos de ser creíbles para una persona sensata.

La primera vez piensas que es un suceso aislado, puntual, pero cuando se repiten en el tiempo empiezan a ser preocupantes. No sé si tendré tiempo para contaros un par de reuniones, pero como si lo hago podría parecer un relato ficticio, os voy a dejar hoy un parrafo del acta de una Junta y si puedo, ya mañana, la foto del cartel pegado, entre otros sitios, en el ascensor.


Sí. Están leyendo bien. Se encadenó a una silla.

¿Quieren saber cómo acabo la historia?

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